La libertad de información, en riesgo

La libertad de información, en riesgo

Caso de Assange demuestra que cualquier disidente de la política de EE. UU. puede ser encarcelado.

10 de enero 2021 , 01:29 a. m.

La situación de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, perseguido durante más de diez años por la justicia estadounidense, sufriendo una serie de detenciones, libertades condicionadas y cárceles, en una espera imprevisible, se estabilizó esta semana por la decisión de una jueza británica de negar su extradición por su inestable situación mental, “que podría llevarlo al suicidio”, aunque sin negar los cargos que la Fiscalía de Estados Unidos le imputa: desvelar información clasificada sobre la actuación militar de este país en distintas partes del mundo; 18 cargos, de los cuales 17 se encuentran bajo la ley de espionaje de 1917 (promulgada durante la Primera Guerra Mundial) y que le podrán suponer una condena a 175 años de cárcel.

Como señala el destacado profesor de comunicación español Enrique Bustamante: “Julian Assange, en la línea de los míticos Woodward y Bernstein, es ahora el pivote principal de la lucha por la libertad de comunicación y por la transparencia democrática”.

En 1964 se produjo el ‘incidente’ en el golfo de Tonkin, un supuesto ataque del Vietnam comunista (el ‘Vietcong’) a naves de Estados Unidos, que justificó la escalada de la intervención estadounidense, que pasó de 50.000 ‘asesores’ del Vietnam del Sur a 500.000 soldados y grandes contingentes de armamento. En virtud del famoso ‘incidente’, el presidente Johnson consiguió el apoyo del Congreso para la operación. Años después, en 1971, se supo que el ‘incidente’ fue una gran mentira, un montaje de los servicios secretos para justificar el despliegue bélico: no hubo tal ataque. Lo reveló el gran periodista James Reston, que encaró directamente al presidente Johnson, y los famosos ‘papeles del Pentágono’, cuya difusión se intentó impedir por todos los medios.

Algo parecido, con los nuevos medios, hizo WikiLeaks con la dirección del hoy perseguido y encerrado Julian Assange: revelar los crímenes de guerra estadounidenses en Irak y Afganistán; sacar a la luz los cientos de detenciones extrajudiciales en la prisión de Guantánamo de ‘sospechosos de terrorismo’; revelar cables diplomáticos sobre los abusos contra los derechos humanos en todo el mundo. Y no solo por parte de Estados Unidos: China, Rusia, Túnez... Especial impacto tuvo la difusión del documento audiovisual ‘Collateral Murder’, que mostraba a dos helicópteros Apache estadounidenses ametrallando a una docena de civiles, incluyendo dos periodistas de ‘Reuters’, en una calle de Bagdad; el sonido mostraba la petición de permiso de uno de los pilotos para rematar a un herido.

Desde 2010, la Fiscalía de Estados Unidos le está exigiendo a Inglaterra la extradición de Julian Assange, desplegando una acción persecutoria extraterritorial insólita contra un periodista y editor de un medio de comunicación. Es el motivo por el cual sigue detenido en la cárcel de alta seguridad de Belmarsh, ‘el Guantánamo británico’, frente a las demandas de múltiples instancias internacionales –Naciones Unidas incluida–, el Instituto Internacional de Prensa (IPI), decenas de manifiestos, miles de firmas de personalidades y profesionales de la información que exigen su puesta en libertad.

Para Noam Chomsky y los impulsores de la Internacional Progresista, el enjuiciamiento estadounidense de un ciudadano australiano por sus actividades periodísticas realizadas en países soberanos sienta el precedente de que cualquier disidente de la política exterior de Estados Unidos puede ser enviado a este país para ser condenado a cadena perpetua o a la pena de muerte: “Los resultados del caso Assange amenazan la libertad de expresión y la soberanía nacional en todo el mundo”.

En opinión de la exdirectora del diario ‘El País’ Soledad Gallego: “Los documentos facilitados por Assange fueron publicados porque eran verdad y porque afectaban el interés público. Y no se puede ejercer el periodismo ni la libertad de prensa sin que estos dos principios estén firmemente protegidos en una democracia”.

ANTONIO ALBIÑANA

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