La ciberguerra mundial de Putin

La ciberguerra mundial de Putin

Rusia quiere resurgir como imperio con la ciberguerra como herramienta de política exterior.

30 de marzo 2019 , 11:37 p.m.

Pasada la Guerra Fría, que siguió a la última contienda armada mundial, el mundo se ve sacudido hoy por una nueva guerra de perfiles, hasta ahora desconocidos, que se desarrolla en un espacio virtual desde el cual desciende para vulnerar los grandes centros estratégicos e influir decisivamente en naciones como Estados Unidos o Gran Bretaña, o debilitando alianzas regionales como la Unión Europea. Sobre el origen de los ataques caben ya pocas dudas: la Rusia de Putin.

La operación en Estados Unidos salió redonda en el manejo de las elecciones presidenciales de 2016. Putin puso a trabajar al poderoso centro de pensamiento Instituto Ruso de Estudios Estratégicos, que controla directamente, para favorecer a Trump como candidato presidencial, debilitar la confianza en el sistema electoral y atacar al Partido Demócrata y su candidata, Hillary Clinton. Las armas de esta guerra: una campaña en las redes sociales y medios de comunicación y el fomento de la discordia y polarización social sobre decenas de millones de ciudadanos. El presidente Obama, en su primera entrevista tras dejar su cargo, admitió que no había medido lo suficiente el impacto de los ciberataques, filtraciones y difusión de falsas noticias procedentes de Moscú.

La segunda gran operación, atacando la línea de flotación de la Unión Europea, ha sido la campaña por el ‘brexit’ (la salida del Reino Unido de la Unión). Según ‘The Guardian’, se crearon desde San Petersburgo más de 400 cuentas falsas de Twitter vinculadas al Kremlin para manipular las redes sociales, además de la probable inversión de dinero ruso en la campaña ‘probrexit’. Actuaciones encubiertas para favorecer a sectores antieuropeos se están llevando a cabo también en Italia, Francia o Alemania.

Otro gran frente en esta ciberguerra mundial emprendida por Moscú es el que se infiltra y vulnera estructuras industriales y militares de las potencias y ha atacado durante los últimos años decenas de miles de computadores de empresas privadas y organizaciones gubernamentales de diversos países. Por ejemplo, en Dinamarca, el Gobierno confirmó que ‘hackers’ rusos habían pirateado durante años su sistema de defensa. La primera denuncia la hizo el ministro de Defensa británico, Gravin Williamson, quien habló de “una nueva era de conflicto”: “Asistimos a una destructiva y mortífera combinación de poderío militar convencional con maliciosos ataques cibernéticos. Son planes de Rusia para minar nuestras democracias apuntando contra estructuras fundamentales y utilizando la información como arma”.

Rusia es en la actualidad un Estado débil, cuyo presupuesto militar es 20 veces inferior al de Estados Unidos y 8 veces menor que el de China, dotado de un arsenal obsoleto, con muchos problemas económicos y de población, pero que quiere resurgir como el imperio que fue, con las armas de la propaganda y la maquinaria de la ciberguerra como herramientas de su política exterior, explotando la vulnerabilidad detectada en las democracias. Vladimir Putin, el antiguo espía hecho a pulso, pluriempleado en la antigua Alemania comunista como agente soviético y oficial de la policía secreta Stasi, luego jefe de los servicios secretos rusos FSB, quiere ser oído como un poder invulnerable, similar al que ostentó la URSS en gran parte del siglo XX. El mundo está tomando nota de este reto, que ya es guerra abierta con víctimas, para adoptar una respuesta que no puede ser nacional o de bloques, sino del propio Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como asunto prioritario para la paz en el planeta.

P. S.: Aunque esta columna trata de asuntos internacionales, me permito por una vez recomendar un acontecimiento nacional: la aparición del libro ‘1989’ (Ed. Planeta), que recoge detalladamente los acontecimientos de ese año, decisivo en la desdichada historia reciente de Colombia, y aporta certeras reflexiones para el presente. Gran trabajo documental, testimonial y narrativo en la tersa escritura de María Elvira Samper.

ANTONIO ALBIÑANA

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