Israel, lejos de la paz

Israel, lejos de la paz

Lo que no tiene tan claro Netanyahu es salir indemne de los tres procesos por fraude y soborno.

08 de junio 2019 , 11:25 p.m.

La crisis que atraviesa Israel –elecciones anuladas, nueva convocatoria para junio y pugna salvaje entre las derechas más extremas– no puede conducir a olvidar el grave problema del pueblo palestino, sometido desde 1948 a una verdadera limpieza étnica, como la define el historiador hebreo Ilan Pappé: un pueblo que va siendo borrado progresivamente bajo los llamados ‘asentamientos’ israelíes de sus escasos y aislados territorios de Cisjordania y Gaza.

Tras los comicios de abril, el primer ministro israelí en cuatro legislaturas, Benjamin Netanyahu, que trata de eludir la justicia, que lo persigue por corrupto, ha sido incapaz de formar gobierno por la oposición de su antiguo aliado y exministro de Defensa Avigdor Lieberman, como él absolutamente ultra y antiárabe, pero en versión laica. Este moldavo, que cuenta con el apoyo de más de un millón de judíos de habla rusa, fundador del partido Nuestra Casa, planteó como una “línea roja” para una coalición de gobierno promulgar una ley que establezca el reclutamiento forzoso de decenas de miles de estudiantes de las escuelas rabínicas (‘yeshiras’) que actualmente se libran del servicio militar, lo cual no fue aceptado por los aliados más ortodoxos del judaísmo gobernante, que, encabezados por Bezalel Smotrich, promueven, por ejemplo, la instalación de la ‘halajá’ o ley religiosa judía para remplazar las actuales normas por las del Antiguo Testamento, incluyendo la lapidación.

En todo caso, con una oposición y una izquierda prácticamente inexistentes, la próxima victoria electoral de Netanyahu, con los necesarios pactos con el resto del conservadurismo israelí, está cantada. Lo que no tiene tan claro el hasta ahora primer ministro es salir indemne de los tres procesos por fraude y soborno con los que le espera el fiscal general el próximo 3 de octubre y para los que en vano trata de blindarse con una inmunidad que no les conceden los tribunales.

Van a ser duros los próximos tres meses de interregno electoral en Israel. Al día siguiente de la disolución del Parlamento se inició la construcción de 805 viviendas de colonos judíos en la zona de Jerusalén que pertenece a los palestinos. Se suman a la expansión ininterrumpida de los colonos sobre territorios ocupados en Cisjordania. En marzo, el propio ministro de Vivienda, Yaav Galant, colocó la primera piedra de otro barrio judío en el asentamiento Ariol, al norte de Cisjordania, con 839 colonos. Según el libro, de una ONG israelí, ‘Rompiendo el silencio’, que contó con el testimonio de 48 militares israelíes, en Hebrón, 50 kilómetros al sur de Jerusalén, los soldados disparan gratuitamente contra los palestinos siguiendo órdenes de los colonos ocupantes; a veces son lo mismo.

La paz en este viejo conflicto planetario solo llegará por la presión de la comunidad internacional. De Estados Unidos, implicado desde Clinton hasta Obama en la búsqueda de una paz que instaure a Palestina e Israel como dos Estados siguiendo todas las resoluciones de la ONU, no cabe esperar nada de la actual presidencia, absolutamente a favor de Netanyahu. El jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, acaba de señalar que Trump “podría ser el enviado de Dios para salvar al pueblo judío”.

Europa, centrada en sus problemas internos, no presta ninguna atención al conflicto palestino-israelí. Nunca la paz ha estado tan lejos.

P. S.: Es importante destacar en este momento la multitud de expresiones de antisemitismo que se están dando en Europa durante los últimos meses y es menester condenar enérgicamente. En Alemania, las autoridades han llegado a aconsejar a la población judía que no se cubra en público con la tradicional kipá para evitar provocaciones antisemitas. A 75 años del Holocausto, que acabó con millones de judíos y miembros de otras minorías, los demócratas del mundo han de permanecer alerta ante cualquier tolerancia o banalización de estos fenómenos que creíamos pertenecían a un pasado irrepetible.

ANTONIO ALBIÑANA

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