Europa: el discurso del odio

Europa: el discurso del odio

Extrema derecha que aspira a condicionar la política europea esgrime un discurso contra inmigración.

26 de mayo 2019 , 12:48 a.m.

“Si hacéis que seamos el primer partido de Europa, la política antiinmigrantes la llevamos a toda la Unión Europea y aquí no entra ni uno más”.

Con este discurso cerró el pasado 18 de mayo el vicepresidente italiano, Matteo Salvini, su coronación como máximo líder del ultranacionalismo europeo ante representantes de fuerzas llegadas a Milán desde 12 países para establecer las bases de una fuerza unificada que ya no se propone una salida de la UE a lo ‘brexit’ inglés, sino destruir desde dentro los fundamentos de la Unión, partiendo del fantasma del presunto peligro que representa la inmigración hasta fomentar el terror hacia el extranjero y su presunta ‘invasión’ a una Europa que debe cerrarse como una fortaleza.

Lo malo es que esta invectiva contra los movimientos migratorios se ha difundido entre los europeos infundiendo una especie de sentimiento de ‘inseguridad identitaria’ más allá de los movimientos ultraderechistas, convirtiéndose, según los últimos sondeos, en la primera preocupación de la ciudadanía. Si en las anteriores elecciones de 2014 los principales argumentos de confrontación programática eran el desempleo y la recesión económica, este domingo los europeos acuden a votar sus instituciones con el miedo a la inmigración como centro.

Un debate falso que el neofascismo ha sabido introducir con datos manipulados que han contagiado a los partidos conservadores del arco democrático y, más allá, a difundir en las sociedades, incluso en las más cultas, un ideario extremista basado en el odio al otro, al inmigrante o al refugiado como peligro cercano a la inseguridad y el terrorismo. Hasta el punto de que, por primera vez en su historia, Italia ha negado este año tres veces la entrada de barcos con náufragos recogidos en el Mediterráneo, un mar en el que han perecido ahogadas desde 1993 más de 36.000 personas que intentaban llegar a Europa desde el continente africano.

La idea difundida exhaustivamente en vísperas electorales por toda Europa por los ‘youtubers’ soberanistas e identitarios, en el sentido de que el continente está en riesgo de una invasión migratoria que conllevará una crisis de identidad y en el mercado de trabajo, es tan falsa como carente de sentido. En una población europea de 500 millones de ciudadanos, solo un 7 % son inmigrantes. Y lo que es más importante, Europa, que entró desde 2015 en un proceso de despoblación (número de decesos superior al de nacimientos) necesita trabajadores extranjeros para sostener su economía. Por ejemplo, en Alemania, el Gobierno impuso el pasado diciembre una ley para que trabajadores de fuera de la Unión Europea cubran 1’200.000 empleos vacantes. En Italia, según destaca el escritor Roberto Saviano, la tendencia en la tasa de natalidad hará que la población disminuya hacia 2025 en 1’800.000 personas, de forma que para mantener la tasa productiva actual se necesitaría la llegada en los próximos años de al menos 1’600.000 inmigrantes.

Frente a estas constataciones, el conglomerado de extrema derecha, que aspira a condicionar desde mañana la política europea, esgrime un discurso contra la inmigración basado en hacer de Europa un fortín cerrado, con expulsiones masivas y cierre de fronteras. Cuando la historia de Europa es la de un continente de migrantes: un tercio de la población sueca salió para América del Norte a comienzos del siglo pasado para encontrar un mejor futuro. Centenares de miles de españoles fueron recibidos en Suramérica cuando escapaban de la dictadura de Franco. Y, lo que menos se conoce: desde principios de la Edad Moderna hasta el siglo XX eran los europeos los que migraban a África y Oriente Medio, inicialmente para escapar de persecuciones religiosas y guerras; luego, simplemente para huir de la pobreza.

Un colega español que cubrió la campaña electoral para televisión recordaba hace unos días la célebre frase de Dürrenmatt: “Tristes tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente”.

ANTONIO ALBIÑANA

Sal de la rutina

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