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Estados Unidos: todas las guerras perdidas

Estados Unidos: todas las guerras perdidas

EE.UU. abandona Afganistán con el amargo sabor de la derrota.

15 de agosto 2021 , 05:04 a. m.

Cada día llegan noticias más negativas sobre la situación en Afganistán, en vísperas del abandono estadounidense. El país está prácticamente bajo el dominio talibán y ninguno de los objetivos que se propuso Estados Unidos, tras la invasión en represalia por los atentados del 11-S de 2001, se han logrado en 20 años de ocupación y guerra. Una guerra perdida, como todas las emprendidas desde 1945 por la primera potencia mundial.

Según informaba 'The Washington Post' en su edición del pasado miércoles 11, las tropas de los talibanes podrían ocupar la capital, Kabul, y cerrar su victoria en pocas semanas, antes de lo previsto. Se harían así con el enorme arsenal dejado como legado al Gobierno afgano por las tropas estadounidenses, en lo que significará un fracaso completo, sin conseguir reconstruir un Afganistán en paz, democratizar y estabilizar el país, tal como propugnaron los presidentes Bush y Obama. Estados Unidos abandona Afganistán con el amargo sabor de la derrota y en vísperas de lo que los organismos internacionales advierten como una próxima catástrofe humanitaria que regará de refugiados afganos los países vecinos y la propia Europa.

Tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha ido perdiendo todas las guerras. En Corea, después de 3 años y millones de muertos, Pyongyang –donde entrara glorioso el general MacArthur– es desde 1953 la capital de una dictadura comunista donde hoy gobierna un nieto del enemigo de entonces, Kim Il Sung.

En Vietnam, la imagen de un helicóptero evacuando desde el techo de la embajada estadounidense de Saigón a los últimos supervivientes desesperados, mientras un tanque entraba en el palacio presidencial de Saigón –desde entonces ciudad Ho Chi Minh–, fue el símbolo de una derrota en la que Estados Unidos se dejó 58.000 muertos y levantó manifestaciones en todo el país con un “¡No queremos otro Vietnam!” como clamor unánime.

En Irak, la guerra más impopular en la historia reciente, se prepara la salida total estadounidense después de 17 años, dejando un Estado fallido, que fue el nido del llamado ‘Estado Islámico’, el ala más fanática del fascismo islamista, organizado con el armamento del ejército iraquí disuelto tras la invasión norteamericana.

En la obra del profesor Dominic Tierney 'El modo de perder una guerra: Estados Unidos en la era de los conflictos que no se pueden ganar' (Hachette Book), se describe el final de los conflictos, que se cierran sin ceremonias: “Marcharse y ya. Sin haber cumplido ningún objetivo que justifique los muertos”.

El politólogo francoargelino Sami Naïr es certero: “Estos casi 20 años de la ocupación de un país (Afganistán) demuestran una vez más que la construcción de un Estado de derecho no se puede imponer desde fuera. La democracia no se exporta con bombardeos, debe resultar de la propia voluntad política de los pueblos”.

P. S. Venezuela. Se inician estos días en México las conversaciones entre el Gobierno de Venezuela y la oposición, para normalizar la situación en el país hacia un pacto democrático. Es un momento de profunda crisis económica y social venezolana y de división y falta de avances de la oposición, con cierta decepción sobre Juan Guaidó. Tanto Estados Unidos como Europa anuncian la eliminación de las sanciones que pesan contra la cúpula chavista si se llega a un acuerdo de fondo. Hace tiempo que se excluyó cualquier intervención militar. La participación de Noruega, a través del buen diplomático Dag Nylander, al que encontramos en La Habana durante las conversaciones de paz con las Farc, y el acompañamiento ofrecido por un buen número de potencias internacionales permiten atisbar que este puede ser el paso definitivo. Ante el talante intransigente del torpe autócrata Maduro y la debilidad de la oposición, podría pesar ‘el pesimismo de la inteligencia’. Sin embargo, frente a la situación dramática del pueblo venezolano y la necesaria estabilidad de la región, debe abrirse paso ‘el optimismo de la voluntad’.

ANTONIO ALBIÑANA

(Lea todas las columnas de Antonio Albiñana en EL TIEMPO aquí).

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