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El nuevo escenario geopolítico

El nuevo escenario geopolítico

Lo esencial para analizar el mundo no reside en una nueva guerra fría, sino en el ascenso de China.

10 de abril 2021 , 11:36 p. m.

El vacío dejado en la escena internacional por la ausencia durante los 4 años ‘trumpistas’ de Estados Unidos en el escenario del multilateralismo y de alianzas tan decisivas como la Otán; la emergencia de la pandemia de covid-19, que tiene sumido al planeta en la incertidumbre, el avance imparable y el resurgir de los nuevos/viejos imperios... convierten en obsoleto y desfasado el análisis internacional a la luz de una supuesta nueva ‘guerra fría’. La historia no se repite, y entender la geopolítica planetaria en la tercera década del siglo XXI requiere una nueva cartografía.

Como se recordará, se denominó Guerra Fría al periodo que sucedió a la Segunda Guerra Mundial, con Estados Unidos y la Unión Soviética enseñándose los dientes a la sombra del mutuo poderío nuclear, y la espada de Damocles de la “destrucción mutua asegurada”. Una etapa cerrada con el pacto Reagan/Gorbachov, para terminar con una carrera armamentista insostenible.

A la inesperada caída del muro de Berlín en 1989 y la entrega rusa de Alemania Oriental a la Otán les siguió la implosión de la URSS tras 70 años de existencia, dividiéndose en 15 países diferentes. Hoy, luego de más de tres décadas de aquellos acontecimientos, la nota esencial para analizar el mundo no reside en una supuesta nueva guerra fría, sino en el ascenso pacífico de China hacia su consolidación como la gran potencia del siglo XXI, la reconstrucción de los viejos imperios y un escenario de incertidumbre global pandémica.

Con la invasión de algunas zonas de Ucrania y cierto dominio de Europa en materia energética, Rusia trata de recoger las cenizas de su pasado imperio, usando su ‘cibercompetencia’ para penetrar en las redes y manipular geopolíticamente. Turquía, con su avance en el Mediterráneo, trata de revivir con el islamista Erdogan el viejo Imperio otomano respecto a Grecia y una política exterior cada vez más agresiva con intervención en Siria, los Balcanes y Libia. Y, sobre todo, China, cuya actual deriva, que merecerá posteriores análisis, tendrá a final de este decenio el PIB más grande del mundo. Su aspiración a ser la superpotencia del siglo XXI, y la alianza que está forjando con Rusia cambia por completo el escenario geopolítico.

El acontecimiento más destacado de este nuevo ajedrez planetario ha sido, sin duda, la alianza de China y Rusia con Irán, decisiva sin duda para Oriente Próximo, la zona más conflictiva del planeta. Biden tenía la solución: retomar en serio el acuerdo que firmara el presidente Obama en 2015 entre Teherán y las principales potencias de Occidente, por el que Irán, que acaba de caer en las manos de China, renunciaba a la tecnología militar nuclear a cambio del levantamiento de sanciones internacionales y pactaba la coexistencia con Estados Unidos y las principales democracias del mundo. Un pacto que cambiaba por completo el horizonte de Oriente Próximo y que Donald Trump se cargó con un tuit dos años después.

Biden, a despecho de tantas esperanzas despertadas en su gestión diplomática para la paz internacional, se ha estrenado torpemente llamando “asesino” al presidente ruso, Putin, y considerando que el presidente chino, Xi Jinping, “no tiene un hueso democrático en su cuerpo”. “Manca finezza” (“falta finura”), diría el eterno primer ministro Italiano Andreotti. En cualquier caso, el presidente Obama, en declaraciones a ‘The Atlantic’ en 2016, señaló en su día a su vicepresidente Biden el camino para destrabar el conflicto del Cercano Oriente, limitando el espacio de Irán como superpotencia y desbloqueando el conflicto palestino: “La concurrencia entre saudíes e iraníes, que ha contribuido a alimentar guerras y el caos en Siria, Irak o Yemen, nos obliga a decir a nuestros amigos, así como a los iraníes, que deben encontrar el medio eficaz para repartirse la región y de instaurar una especie de paz fría”.

Esa puede ser la idea para contrarrestar el actual caos: lograr una “paz fría” a escala planetaria.

ANTONIO ALBIÑANA

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