Democracias en riesgo

Democracias en riesgo

La pandemia está poniendo a prueba la fuerza y resistencia de nuestros sistemas políticos.

14 de junio 2020 , 12:14 a.m.

En los últimos días, varias fundaciones internacionales han prendido las alarmas. “La democracia no debe convertirse en víctima silenciosa de la pandemia del covid-19”, han expresado decenas de personalidades desde el centro de pensamiento del exsecretario general de la ONU Kofi Annan. Por su parte, la fundación alemana Bertelsman ha alertado sobre la erosión lenta pero progresiva de las democracias en algunos países del este de Europa y de América: “Algunos de sus gobernantes están aprovechando la crisis del covid-19 para acaparar más poder y acallar las voces más críticas”. 

Según Annan, la pandemia está poniendo a prueba la fuerza y resistencia de nuestros sistemas políticos. Recomienda intentar el adecuado equilibrio entre las preocupaciones legítimas por la salud pública y los derechos y libertades democráticas, por ejemplo proponiendo límites claros en el tiempo a las medidas de excepción.

Otros analistas sociales ponen el acento en el abuso del control social: se podría estar aprovechando la crisis sanitaria para imponer medidas que en otras circunstancias serían impensables, incluyendo las orientadas teóricamente al rastreo de casos, el seguimiento de posibles infectados, etc. Ahí, China se exhibe como modelo, con su verdadero Estado policial digital. En el Occidente democrático, todo se apoya en la incertidumbre, la información deficiente y el miedo que hace a las sociedades democráticas vulnerables a toda clase de manipulaciones. Como destaca Juan Arnau: “La posibilidad de que esta pandemia derive en regímenes de vigilancia y pérdida de libertad es más real que nunca. El precio del control del virus está siendo exorbitante y amenaza con cambiar las reglas del juego democrático”.

Volviendo al inicio de estas líneas, a la hora de considerar la posible crisis de las democracias en medio de la actual pandemia en distintos lugares del mundo, se puede poner el foco en dos de los países más importantes del planeta: Brasil y Estados Unidos. En el primero de ellos, cubriendo un tratamiento desastroso de la crisis sanitaria, su presidente, Jair Bolsonaro, está tomando medidas conducentes a la negación del Estado de derecho, apoyando a los golpistas nostálgicos de la dictadura militar y a quienes reclaman la clausura del Congreso y el Tribunal Supremo. Según el sociólogo Boaventura de Sousa: “La democracia en Brasil pende de un hilo”.

En lo que respecta a Estados Unidos, en una perspectiva de fondo tan atinada como sombría, el premio nobel Paul Krugman plantea abiertamente en una de sus últimas columnas semanales en ‘The New York Times’ que Trump representa una amenaza para la democracia: “Es alarmantemente fácil ver cómo Estados Unidos podría seguir el camino de Hungría: ser una democracia sobre el papel, pero en la práctica un Estado autoritario de partido único. Y no hablo de un futuro distante: podría ocurrir este año si Trump es reelegido, o incluso potencialmente si pierde y se niega a aceptar el resultado”.

P. S. Ignominia. El epicentro de las muertes por coronavirus en España ha estado en las residencias de ancianos: de los 27.136 fallecidos, al menos 20.000 son viejos que han muerto solos y sin ninguna asistencia médica en estos centros, donde el contagio masivo, si no se evacuaba y asistía a los afectados, era inevitable. El escándalo ha estallado en la comunidad de Madrid (6.000 ancianos muertos sin asistencia) cuando se ha conocido una circular oficial que ordenaba a las residencias “descartar la hospitalización de personas con discapacidad y ancianos de más de 75 años, enfermos de covid-19 o con síntomas, sobre los que no se harán pruebas, ni valoración ni reanimación”. Una decisión que fue calificada internamente por el consejero de Servicios Sociales de Madrid como “inmoral e incluso ilegal (...), esos ancianos tendrán una muerte indigna”. Cientos de familiares se han querellado contra las autoridades por el horror infernal vivido por miles de viejos condenados a morir solos y abandonados.

ANTONIO ALBIÑANA

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