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Cuba: innovación o muerte

Cuba: innovación o muerte

Son reformas que ya venían larvándose desde hace algún tiempo.

24 de abril 2021 , 11:22 p. m.

Más allá de las retóricas conservadoras o del relevo cantado de Raúl Castro, en favor del presidente Díaz-Canel, y el retiro de los viejos dinosaurios supervivientes de Sierra Maestra como Machado Ventura, el 8.° Congreso del Partido Comunista cubano, clausurado hace pocos días, va a significar un golpe de timón en la gestión de los asuntos económicos de la isla hacia unas transformaciones aperturistas cuyos resultados se constatarán en los próximos meses y que pueden estar acompañadas de movimientos hacia una cierta apertura de libertades si se logra vencer el inmovilismo de la vieja costra burocrática dictatorial. Son reformas que ya venían larvándose desde hace algún tiempo.

En 2016, durante uno de los viajes a Cuba para cubrir el proceso de paz con Antonio Caballero, nos encontramos en los jardines del magnífico Hotel Nacional de La Habana con el exministro Guillermo Perry, un economista no precisamente afecto a la ortodoxia marxista, que estaba asesorando reservadamente al Gobierno cubano sobre la necesaria apertura económica. La presencia de Perry en Cuba me ilustró más que cualquier ensayo de prospectiva sobre el futuro de la isla.

La difícil situación actual, con un grave desabastecimiento, la anulación de los ingresos turísticos por la pandemia, el problema de las dinámicas de trabajo ineficiente y de subvenciones absurdas, ha situado a Cuba en una de sus peores crisis económicas, con la escasez alimentaria en primer lugar.

Medidas de eficiencia y liberalización se han tratado de forma reservada en la comisión económica del 8.° Congreso para “destrabar las fuerzas productivas”: apertura al sector privado, ampliación del trabajo por cuenta propia hasta alcanzar a cerca de un 15 por ciento de la población; necesidad de inversión extranjera, abandonando prejuicios del pasado, eliminación del monopolio estatal sobre alimentos, incentivando la producción agrícola nacional y la llegada de empresas extranjeras del sector con tecnologías y capital… Lo deseable es que todo este movimiento aperturista se refleje también en el ámbito social, lo que ya se ha iniciado con la liberación de internet, a través del cual los jóvenes están expresando su rebeldía. También la libertad para una prensa que ha permanecido bajo la hegemonía por los infumables 'Granma' y 'Juventud Rebelde'. Abrir espacio al potente “exilio interior” democrático y progresista, como el que representa Rafael Hernández, director de 'Temas'. O, desde el exterior, a voces de intelectuales de la generación de Díaz-Canel, como Rafael Rojas o Iván de la Nuez.

Fundamental será que Joe Biden, que era vicepresidente de Barack Obama cuando este acudió a Cuba para estrechar la mano de Raúl Castro y avanzar en las relaciones diplomáticas, tome interés por la eliminación de las 280 “sanciones” impuestas por Donald Trump y que ahogan a la isla de forma brutal.

El economista y profesor en La Habana Omar Everieny propone cambiar el viejo eslogan revolucionario de Sierra Maestra ‘¡Patria o muerte!’ por el de ‘¡Apertura o muerte!’. Aunque, como sostiene Rojas, “es más difícil reformar una revolución que hacerla”.

P. S. 'El Nacional' de Venezuela ha sido durante décadas uno de los medios más notables de América Latina. Hoy se ve reducido a su versión digital por la dificultad de adquirir papel en condiciones viables. El diario, que dirige el gran periodista Miguel Henrique Otero, acaba de recibir la puntilla con la imposición por el régimen de Maduro de una canallesca multa de 13,3 millones de dólares por difundir investigaciones sobre el número 2 del sistema, Diosdado Cabello, al que el diario habría ocasionado un “daño moral” convertible en dólares. Esto va a significar la expropiación de las grandes instalaciones que aún conserva 'El Nacional' a la espera de tiempos mejores. Venganza contra un medio crítico y avance en la laminación total de la libertad de prensa en Venezuela. Para Henrique Otero, con quien planee proyectos editoriales en los años 90, vaya mi solidaridad y la de tantos colegas.

ANTONIO ALBIÑANA

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