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Tsunami político en España

Tsunami político en España

Madrid será la única capital gobernada en acuerdo con un partido que tiene componentes nazis.

06 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

La conmoción que supuso esta semana la victoria aplastante de las derechas en Madrid, con su poder demográfico, económico y como capital de España, va mucho más allá de lo local y conmueve los cimientos de la política española, incluso de la europea, por el apoyo de un partido de extrema derecha y la proyección de la victoria madrileña sobre el gobierno estatal de Pedro Sánchez, que se apoya en una inestable coalición política y endebles respaldos parlamentarios.

Desde el principio, la campaña a elecciones anticipadas de Madrid se proyectó en clave nacional, con unos frames binarios de extrema polarización: ‘Libertad contra comunismo’, ‘Democracia frente a fascismo’. Un falso dilema en el que, según Joaquín Estefanía, la izquierda se dejó arrebatar el concepto de libertad y donde la derecha jugó a imaginarios históricos resucitados: el miedo al Frente Popular y la satanización de un gobierno, el de Sánchez, con ministros comunistas por primera vez desde la II República, con la que acabó Franco con su golpe de Estado de 1936 y su larga dictadura: el llamado ‘franquismo sociológico’ seguiría vigente en Madrid “rompeolas de las Españas”.

Más allá de estos eficaces fantasmas, la derecha personificada en Isabel Díaz Ayuso, una figura emergente que adquiere un protagonismo inusitado en la política estatal, ha ganado en Madrid, con su proyección española inevitable, y mediante una movilización tipo ‘trumpista’, afectiva e irracional, sin mensajes políticos serios, banalizando, por ejemplo, la crisis provocada por la pandemia, con una mezcla de demagogia castiza ‘madrileña’ de combate a las restricciones de índole sanitaria preventiva, con una defensa de la hostelería y el ocio sin limitaciones, que la ha convertido en heroína populista, con carteles a su favor en bares y tabernas y etiquetas y su efigie en botellas de vino y cerveza, logrando una popularidad imparable con proyección en todas las televisiones estatales.

Los mensajes contra la izquierda, agitando mensajes anticomunistas, se han cobrado como primera víctima a Pablo Iglesias, fundador del movimiento Podemos y que renunció a la vicepresidencia del gobierno socialista para encabezar una candidatura madrileña, derrotada con el conjunto de la izquierda. Iglesias, que ha tenido un protagonismo indudable en el gobierno de Sánchez, como aliado de la izquierda más radical, se retira de la política. Una primera victoria de las fuerzas derechistas que hacen tambalear al Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez.

Pero los nubarrones más negros del panorama español los protagoniza el partido ultraderechista Vox. Madrid será la única capital europea, incluso mundial, gobernada en acuerdo con un partido que tiene en su seno componentes nazis e incluso declaradamente antisemitas. Movimientos afines en Italia y Alemania han saludado su triunfo.

P. S. Tragedia. El abismo entre la cifra de vacunaciones de países ricos y pobres es ya un truismo. Lo que se conoce menos es que, según datos de la OMS y de instituciones científicas especializadas, en el mundo pobre la falta de tratamiento de enfermedades desplazadas por el covid está representando una pavorosa cifra de muertos, de forma que las víctimas ‘colaterales’ de esta situación superan ya a los 3 millones largos de muertos provocados por la propia pandemia de covid-19. Por ejemplo, la tuberculosis, que mata cada año en el mundo a un millón y medio de personas, acabó en 2020 con 500.000 personas más por falta de recursos sanitarios que les hubieran salvado la vida. Lo mismo sucede con campañas contra el sarampión, la polio o la meningitis, suspendidas por el actual colapso sanitario en el mundo pobre, una población que tiene que recibir las vacunas anticovid cuanto antes.

El presidente estadounidense Reagan le comentó en un encuentro al primer ministro y líder socialdemócrata sueco Olof Palme: “Se dice que usted quiere acabar con los ricos”. “No –le contestó Palme–, queremos acabar con los pobres”. Pues eso.

Antonio Albiñana

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