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‘Racismo sistémico’, un problema global

‘Racismo sistémico’, un problema global

El debate abierto por el 'caso Floyd' de EE. UU. está sacudiendo a importantes países europeos.

29 de abril 2021 , 09:25 p. m.

“El racismo sistémico es una mancha en el alma de Estados Unidos”. La declaración de Joe Biden, tras el veredicto contra el policía blanco Derek Chauvin, declarado culpable de matar al negro George Floyd asfixiándolo concienzudamente, ha supuesto una toma de postura insólita en un presidente de Estados Unidos. El concepto ‘sistémico’ ha sido avalado por la vicepresidenta Kamala Harris, para quien el país atraviesa “una larga historia de racismo corrosivo y destructivo que considera a algunas personas menos humanas que otras”.

Posteriormente, el expresidente Barack Obama ha propuesto una reflexión: “Sabemos que la justicia es mucho más que un solo veredicto, la verdadera justicia requiere aceptar que millones de estadounidenses negros son tratados de forma diferente cada día, millones de nuestros amigos, familiares y ciudadanos viven con miedo porque el próximo encuentro con las fuerzas de seguridad puede ser el último”. Palabras proféticas: en los días siguientes al veredicto por la muerte de Floyd, 6 negros fueron asesinados por la policía en incidentes diversos. La primera, una adolescente negra de 16 años muerta de cuatro tiros policiales en Columbia, Ohio.

Los acontecimientos ligados al “racismo sistémico” estadounidense han tenido una repercusión global, en un debate similar, particularmente en Europa, donde están surgiendo numerosos hechos de racismo cotidiano, un rechazo al ‘otro diferente’, en lo que el politólogo Sami Nair denomina “exclusión social identitaria inscrita en el sistema global”. En Alemania, por ejemplo, el último informe de la Oficina Federal contra la Discriminación asegura que el país “tiene un problema persistente de discriminación racial”. Allí se suceden los ataques contra personas pertenecientes a minorías y se habla de un “racismo latente” en la policía. El debate abierto por el “caso Floyd” de Estados Unidos está sacudiendo en mayor o menor medida a importantes países europeos, como la ya citada Alemania, Francia, Italia, el Reino Unido o España; en algunos se han producido manifestaciones paralelas a las estadounidenses.

Un caso emblemático es el de la avanzada y socialdemócrata Dinamarca, donde se ha sustituido la palabra ‘gueto’ por “las sociedades paralelas”, estigmatizando, según Nair, bajo cupos y criterios económicos, a la población de origen “no occidental”, incluidos los hijos de inmigrantes nacidos en Dinamarca.

Volviendo a Estados Unidos, es interesante dar cuenta de dos hechos colaterales a la tormenta en torno al “racismo sistémico”. El primero son las redes sociales tan cuestionadas por las fake news, pero que fueron decisivas para la difusión de las imágenes que llevaron a la conmoción nacional. Una joven de 18 años, Darnella Frazier, grabó con su teléfono los 9 minutos y 29 segundos de agonía del negro George Floyd, que presenció casualmente, y puso de inmediato en circulación las imágenes por las redes sociales, lo que fue decisivo para la indignación generalizada dentro y fuera de Estados Unidos y como prueba del juicio contra el policía culpable que, según el presidente Biden, ha significado “un gran paso hacia la justicia racial”.

Precisamente, el otro elemento para destacar es la buena salud del sistema judicial de Estados Unidos, un país que puede ser muy criticable por otras cuestiones. Por ejemplo, en otro caso reciente, el juicio del magnate estafador Bernard Madoff (que acaba de fallecer), mostró la agilidad e independencia sobre el poder de un financiero con las mayores complicidades en el establecimiento. Solo seis meses pasaron entre la entrada de la policía en sus oficinas y la sentencia a 150 años de cárcel. Un ejemplo de justicia rápida, mientras en otros lugares se dejan pudrir los casos por ‘vencimiento de términos’ o, como sucede en España, donde los procesos con la corrupción tardan decenas de años en tramitarse. Y es que, como decía el gran escritor y moralista Leonardo Sciascia: “La justicia lenta no es justicia”.

Antonio Albiñana

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