Cataluña y España, en crisis

Cataluña y España, en crisis

Intentan dar remate judicial al conflicto con una sentencia que no resuelve sino encona el problema.

19 de octubre 2019 , 11:28 p.m.

Arde Cataluña. Y el humo y la violencia de los disturbios, que sacuden especialmente a Barcelona desde los inicios de esta semana, perturban a toda España en el momento previo a las elecciones generales del 10 de noviembre, que deben ser definitivas para estabilizar un país que atraviesa la mayor zozobra civil de su etapa democrática.

La agitación social se está produciendo tras la condena de 9 dirigentes independentistas a más de 100 años de cárcel por el Tribunal Supremo, que incluye al vicepresidente del gobierno catalán y a la presidenta del Parlamento autónomo, a quienes se condena a 13 y 11 años de cárcel, respectivamente.

Los hechos sentenciados: la tentativa de “sedición” por los dirigentes catalanes y representantes de organizaciones independentistas, que los llevaron a proclamar la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) en septiembre de 2017, y a celebrar un referéndum considerado ilegal. Poco se ha sustanciado sobre la circunstancia en que se produjeron aquellos acontecimientos. Algunos de los condenados dicen que el intento de independencia unilateral iba en serio. Otros se refieren a este como una mera acción simbólica sin mayor recorrido. Lo cierto es que el mayor oficiante, el entonces presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, se metió esa noche en el portamaletas de un automóvil y salió por la frontera francesa para evitar que lo detuviera la policía como jefe de la acción independentista que proclamaba la “República”, y hoy reside cómodamente en Waterloo (Bélgica) con su equipo, tratando de dirigir desde allí la vida catalana.

La verdad sobre lo que se ha denominado el procés (proceso) no la sabe nadie. En todo caso, la sentencia condenatoria del Tribunal Supremo no arregla nada. Cataluña, con sus cerca de 8 millones de habitantes, es la región española más importante desde el punto de vista económico, con un mayor nivel de vida y un PIB por encima de la media europea. En el siglo XVIII perdió sus fueros al ocupar los Borbones el reino de España, y desde entonces nunca ha sido independiente.

Sin embargo, hay una fuerte pulsión por la independencia que propugna una parte de la población catalana desde hace siglos (más de 2 millones de personas), contra la que siempre se han aplicado medidas represivas, como prohibir el uso de la lengua catalana durante la dictadura de Franco.

En la democracia, nadie entre los gobernantes ha sabido diagnosticar claramente el conflicto catalán, al que ahora se intenta dar remate judicial –cuando se trata, ante todo, de una cuestión política– con una dura sentencia que no resuelve el problema, sino que lo encona. Corresponderá al próximo gobierno, que previsiblemente encabezará el socialista Pedro Sánchez, encarar la cuestión catalana sin tacticismos, negociando una profundización del autogobierno desde el respecto a la identidad de esa parte del Estado español si se quieren prevenir futuros estallidos protagonizados por una juventud a la que todas las encuestas sitúan como proclive al independentismo.

P. S. La situación en Oriente Medio, con los kurdos como centro, sigue ocupando lugares destacados en los medios. Con un “pensamiento único”: el presidente Trump los ha traicionado por haber abandonado Siria. Algunas cuestiones para recordar: Estados Unidos estaba en la zona de forma ilegal, sin autorización de Damasco, de la ONU, y ni siquiera de su Congreso. Por otra parte, no es aceptable que, aunque se trate de luchar contra asesinos sanguinarios, como los del llamado Estado Islámico, una milicia como la kurda mantenga prisiones o ‘campos de concentración’, incluyendo mujeres y niños, sin ningún control internacional, sin juicios justos... una especie de ‘super-Guantánamos’. Los kurdos, cuya lucha es justa, han avanzado, como anunciábamos, hacia una alianza con el Gobierno de Siria, con el que han estado siempre aliados. Fundamental: la pronta intervención de Naciones Unidas en la zona, y no la gendarmería de una potencia que les vende armas a todos.

ANTONIO ALBIÑANA

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