‘Brexit’: marcha atrás

‘Brexit’: marcha atrás

Reino Unido vive atrapado en un laberinto al que debe encontrar salida en menos de cincuenta días.

16 de febrero 2019 , 11:55 p.m.

Desde hace dos años, el Reino Unido vive atrapado en un laberinto al que debe encontrar salida en menos de cincuenta días: la ruptura con la Unión Europea, para cuyas condiciones no ha conseguido acuerdo alguno a nivel interno y que tiene contra las cuerdas a la presidenta conservadora Theresa May. De no cambiar radicalmente el escenario, la noche del 29 de marzo, Gran Bretaña dejará de ser europea de forma caótica e impredecible, sin un acuerdo pactado.

Como se recordará, el ex primer ministro conservador David Cameron tuvo la ocurrencia, en junio de 2016, de convocar un referéndum para ratificar la pertenencia de Gran Bretaña a las instituciones europeas, con el objeto de acallar de una vez a la minoría euroescéptica de su partido. Contra sus previsiones, un 52 % de los ingleses lo votaron en contra. Se había puesto en marcha la maquinaria de las ‘informaciones basura’, según las cuales Inglaterra contribuía abusivamente al presupuesto de la Unión, lo que le impedía contar con unos buenos servicios sociales, y los emigrantes se estaban comiendo los puestos de trabajo gracias a una laxa normativa. Se montaron partidos para hacer campaña contra la Unión, y jugó, más o menos subliminalmente, una especie de supremacismo antieuropeísta y nostálgico viejo imperio. Cameron, derrotado, dimitió por dignidad y pasó la patata caliente a su ministra del Interior, Theresa May, que asumió el gobierno con el objetivo central de negociar la salida del Reino Unido de Europa, lo que desde entonces se llamó el ‘brexit’.

Con 24 meses de plazo, se inició un proceso frenético de negociación con la Unión Europea en el que apareció un escollo insalvable: Irlanda. Un país soberano que va a permanecer lógicamente en Europa y para el que, tras el ‘brexit’, se trazarán barreras aduaneras con una Gran Bretaña no europea que incluye un territorio irlandés sometido a la Unión: 409 kilómetros de frontera con la Irlanda del Norte inglesa por la que 30.000 personas cruzan cada mañana para volver por la tarde a sus casas, y que requerirán a partir del ‘brexit’ pasaportes y sufrirán controles aduaneros y de todo tipo. Algo a lo cual se niegan los británicos y, particularmente, los 1,8 millones de habitantes de Irlanda del Norte, y que daría al traste con los Acuerdos de Paz del Viernes Santo de 1998, después de miles de muertos.

En la última votación global, el Parlamento británico rechazó los puntos acordados por May con Bruselas por 230 votos, la mayor derrota parlamentaria de un gobierno británico en 100 años. El martes pasado, la primera ministra, Theresa May, pidió un tiempo para intentar una renegociación ‘in extremis’ con las autoridades europeas antes del fatídico 29 de marzo, mientras que estas ya han dejado claro que no hay nada que renegociar. Se abre paso la posibilidad de un nuevo referéndum sobre Europa, con el que están de acuerdo la mayoría de los jóvenes ingleses y la izquierda laborista.

En todo caso, Gran Bretaña vive momentos de gran incertidumbre. También está en juego la estabilidad de un continente que vive su momento más problemático sometido a tendencias nacionalistas disgregadoras.

P. S. El embrollo británico, que parte de un referéndum sobre la adhesión a la Unión Europea ganado por los contrarios con información basura y ‘fake news’, como rápidamente se comprobó, trae a la memoria la consulta referendaria sobre los acuerdos de paz en Colombia, en los que se apostó, según el gerente de la campaña por el ‘No’, Luis Carlos Vélez, por la creación de emociones negativas basadas en falsedades, y jugaron las maniobras de ciertas iglesias para anunciar que con los acuerdos con las Farc se iba a acabar con las familias, implantar una “ideología de género”, etc. ¿Es realmente el referéndum un instrumento a favor de las democracias, o una herramienta en manos de los tiranos en unos casos, o de los manipuladores que campan a sus anchas en otros, rompiendo traumáticamente con falsedades unas sociedades que siempre se dan cuenta tarde?

ANTONIO ALBIÑANA

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