Atención a África

Atención a África

El virus que ha colapsado los sistemas sanitarios de países ricos también amenaza a los más débiles.

11 de abril 2020 , 10:27 p. m.

El continente más pobre y marginado del planeta empieza a sufrir el acoso del coronavirus, que afecta ya a 50 de sus Estados miembros. Frente a un problema global, hay que emprender una estrategia universal que incluya a África, donde, un avance similar al que se ha producido en Italia, España o Nueva York, podría tener consecuencias inimaginables para toda la humanidad.

No en vano la directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el continente africano, Matshidiso Moeti, calificó hace unos días de “evolución dramática” el crecimiento de ‘positivos’ que se aproxima a ojos vistas a lo sucedido en el Primer Mundo: cuestión de semanas. Una pandemia que ha provocado el colapso de los sistemas sanitarios en los países ricos amenaza con efectos devastadores sobre las estructuras de salud más débiles del mundo, sin recursos humanos ni materiales suficientes: la mayoría de los países africanos carecen de test o medios para detectar la enfermedad. Además, quedarán sin atención miles de pacientes de tuberculosis, sida, malaria o malnutrición, laminando los programas sanitarios actuales.

Algunos ejemplos recogidos en los informes de Médicos Sin Fronteras o de organizaciones locales de salud: en Gambia, solo hay 2 camas de cuidados intensivos para 2 millones de habitantes. Nigeria, el país más poblado de África, con 190 millones de habitantes, solo cuenta con un centro de aislamiento situado en la capital, Lagos, con 50 camas operativas. En países del norte, como Mali o Burkina Faso, con población desplazada y mucha violencia, la infección en un campo de refugiados podría ser catastrófica. En este último país, 5 ministros del Gobierno están contagiados y la vicepresidenta del Parlamento ha muerto: la primera víctima del coronavirus en el África subsahariana.

Por otra parte, el consenso logrado entre los países afectados en Europa y América, en el sentido de que el ‘aislamiento social’ es la clave para impedir la diseminación del virus, es inviable en África, donde –como apunta John Carlin– ese aislamiento es imposible porque más de un 30 % de la población “vive en apretujadísimas chabolas urbanas, por no hablar de que una buena parte de los habitantes de África no vive, sobrevive”.

La OMS y la Unicef se han unido para impulsar el llamado ‘Fondo de respuesta y solidaridad frente al covid-19’, con el que se pretende ayudar a mejorar los sistemas sanitarios de los países más vulnerables. Mientras, el responsable de la Política Exterior Europea, Josep Borrell, ha declarado solemnemente: “Tenemos que ayudar a África en nuestro propio interés”. En parecidos términos se expresaba ante la prensa internacional el primer ministro de Etiopía y premio nobel de paz, Abiy Ahmed: “Si el virus no es derrotado en África, regresará para golpear al mundo”. Urge pensar en el ‘continente olvidado’.

P. S. Un grave problema ético. Vemos estos días cómo se aplica una especie de triaje en las instituciones hospitalarias que tratan intensivamente a los afectados graves por el coronavirus, aplicando un ‘dilema’ entre los enfermos a los que se dará la posibilidad de ser salvados y los de más edad o más vulnerables, a los que se dejará morir. Hace unos días, una sanitaria que trabaja en una UCI en Madrid hacía un relato descarnado en el diario ‘El País’ de España: “A los más viejos los separamos, los sedamos y los dejamos terminar, venía a decir”. Parecidas narraciones he encontrado en la prensa italiana o francesa. Para algunos analistas se trata claramente de una vulneración de los derechos humanos y de los principios de la bioética.

Un sistema que ha dejado desamparadas a las jóvenes generaciones sobre lo que les espera dentro de unas décadas con el cambio climático, ahora es insolidario con los viejos, por cierto, quienes más han contribuido con sus cotizaciones al sostenimiento de la seguridad social.

Con Sánchez Ferlosio sabemos que no hay que claudicar ante los dilemas: ‘Tertium datur!’: “¡Dadme una tercera opción!”.

ANTONIO ALBIÑANA

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