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América Latina mira a la izquierda

América Latina mira a la izquierda

Se desarrolla una región alejada de los planteamientos insurgentes de pasadas décadas. 

Los resultados de las recientes elecciones presidenciales en Ecuador, con la victoria por amplio margen del progresista Andrés Arauz en primera vuelta, se unen a un fenómeno constatable en varios países del subcontinente: Bolivia, Argentina, México y, tal vez, en un futuro inminente, Perú. Se asiste así a un giro a la izquierda de una buena parte de América Latina, en un momento en que urge afrontar los efectos inciertos de la pandemia y el lastre de políticas económicas que han endeudado insoportablemente a muchos países americanos. Un primer signo de identidad: ni Cuba ni Venezuela ejercen ya algún tipo de liderazgo formal, ideológico o estratégico. Una nueva generación crece más allá de la sombra de las décadas anteriores.

El primer cambio se dio en México, con el fin de la nefasta época de corrupción del PRI. Hoy preside la inmensa república multiestatal Andrés Manuel López Obrador, que ha laminado a su antecesor Peña Nieto, y que ha logrado que el presidente Joe Biden condene el muro de la infamia que levantó Trump contra los inmigrantes y lo considere en reciente conversación telemática como “un igual”.

En Bolivia, el recién elegido presidente Luis Arce, artífice de los éxitos económicos de la época de Evo Morales, reducción drástica de la pobreza, ofrece la mano tendida para el consenso regional y étnico del país, sin aparecer supeditado a su antecesor, al que reconoce como inspirador, pero que ha participado en la composición de su gobierno.

La región afronta un futuro presidido por una izquierda moderna, hacia ‘estados de bienestar’ con características autóctonas, como las que promovieron las socialdemocracias europeas

En Argentina ganó en 2019 Alberto Fernández, que heredó una pavorosa situación económica de su antecesor, el conservador Macri, al que hoy se va a juzgar por haber dejado al país como principal acreedor internacional. El mandatario argentino trata de impulsar políticas de izquierda con lo que representó el peronismo.

Perú tiene elecciones el próximo 12 de abril, coincidiendo con la segunda vuelta de las presidenciales ecuatorianas. Despunta Verónica Mendoza al frente de Juntos por Perú, con un mensaje de izquierda y claras posibilidades presidenciales tras la estela nefasta del fujimorismo y sucesivas situaciones corruptas.

En este panorama de izquierdismo continental, hay que descartar a un país, Nicaragua, del que el mundo celebró en 1979 el protagonismo sandinista en la caída del sangriento dictador Trujillo y que hoy es un feudo impresentable de la pareja presidencial Ortega-Murillo, que mandan mediante la represión de la libertad de expresión a través ‘leyes mordaza’ y la ignorancia de la situación social. La última hazaña de Ortega ha sido la creación, en medio de la pobreza y pandemia, de un ‘Ministerio de Asuntos del Espacio Ultraterrestre’.

En suma: América Latina afronta en una gran parte de su territorio un futuro presidido por una izquierda moderna, alejada de los planteamientos insurgentes de pasadas décadas, hacia ‘estados de bienestar’ con características autóctonas, como los que promovieron –y a veces lograron – las socialdemocracias europeas.

P. S. 8 de marzo. El de hoy es un día para reivindicar la igualdad de la mujer y combatir las violencias feminicidas. La mirada suele ponerse en el mundo desarrollado o en desarrollo. Pero también en este día podría ser oportuno abrir el foco y condenar situaciones que se dan en otros mundos: Asia, África, Oriente Próximo. La más extrema manifestación de violencia de género en el mundo es la mutilación genital que afecta hoy a 600 millones de mujeres y niñas y que usualmente toma la forma de la ablación total o parcial del clítoris para insensibilizarlas “y que no se vuelvan promiscuas al crecer y tengan un gran impulso sexual”, según declaraciones recogidas por fundaciones sociales. El problema se agrava con la pandemia, por ser la mutilación genital un requisito para casar (vender) a las niñas. Por ejemplo, en Somalia, un 98 % de niñas son sometidas a esta práctica: las toman en grupos y son mutiladas en reuniones. Urge plantear una solidaridad universal en la lucha feminista.

ANTONIO ALBIÑANA

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