Alemania: 30 años sin muros

Alemania: 30 años sin muros

Alemania unida consiguió borrar en las últimas décadas su pasado, pero otros muros se han levantado.

25 de octubre 2020 , 01:47 a. m.

La pandemia ha restado brillo a la celebración en este mes del 30.º aniversario de la unificación alemana. Significó el inicio de cambios geopolíticos inesperados que conducirían al fin del Imperio soviético y a la consolidación del proyecto de una efectiva Unión Europea. En las semanas que siguieron a la caída del muro de Berlín, prólogo de la Alemania unida, los regímenes de las ‘democracias populares’ cayeron uno tras otro. Dos años más tarde se acabó la propia URSS, y su presidente Mijail Gorbachov dimitió.

En realidad, Gorbachov fue objeto de una traición. Accedió a la reunificación de Alemania y a su ingreso posterior en la Otán (una concesión que muchos analistas consideraron desmesurada) con la promesa del presidente estadounidense Bush y su secretario de Estado, James Baker, de que la Alianza Atlántica no se extendería “ni un centímetro hacia el Este”, lo que de inmediato se empezó a incumplir. La Otán desplegó sus infraestructuras militares hasta la misma frontera con Rusia y desarrolló su influencia para erosionar y disgregar la Unión Soviética, especialmente con Bill Clinton. Cuando Gorbachov pidió explicaciones sobre la ruptura del pacto EE. UU./URSS se le explicó que había sido una “promesa verbal, un pacto entre caballeros sin valor”.

En todo caso, la Alemania unida consiguió borrar en las últimas décadas su pasado histórico, marcado por el desencadenamiento de dos guerras mundiales en el siglo XX y el genocidio judío, convirtiéndose en la primera potencia de la Unión Europea: un ‘brexit’ alemán convertiría en inviable el continente unido cuya presidencia ostenta este semestre y en el que pilota la reconstrucción tras la pandemia.

Pero otros muros se levantaron después de caer el que dividía los mundos oriental y occidental. Los ciudadanos de la RDA salieron a la calle en medio del júbilo, la confusión y cierto temor. No en vano, 5 millones de berlineses del Este (sobre una población de 17 millones) eran ‘informantes’ de la tenebrosa policía secreta, la Stasi. Pensaban que, tras la caída del muro, iban a lograr de inmediato el rango de los occidentales, cuyo nivel de vida era cuatro veces superior. Eso no fue posible en una antigua Alemania comunista ruinosa, cuya reconversión industrial echó a la calle a 4 millones de obreros.

Aún hoy, los antiguos berlineses orientales, decepcionados, se consideran ‘ciudadanos de segunda’ que no han conseguido todavía una igualdad real en el país y cuyo resentimiento los hace formar parte de los caladeros electorales de la ultraderecha. En el antiguo Berlín oriental se recuerda el chiste que circulaba durante la Guerra Fría: “¿Qué es lo peor del comunismo? Lo que viene después”.

P. S. 1. Bolivia. Frente a los anuncios catastrofistas –el diario ‘El País’ de España hablaba de “pronósticos de violencia y resultados reñidos”– se cumplió sobradamente lo que proyectábamos otros: completa normalidad electoral y amplia victoria de Luis Arce, candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) y continuador de Evo Morales. Se inicia una nueva era para los bolivianos, que Arce anuncia desde la concertación y la paz social.

P. S. 2. ¿Guerra civil? Sin que Donald Trump haya rectificado sus declaraciones respecto a la posible no aceptación de los resultados electorales si le son adversos, distintos analistas ponen el acento en la proliferación de unidades paramilitares en el territorio de Estados Unidos que podrían asustar a los electores. La última detectada preparaba el secuestro de la gobernadora de Míchigan, importante figura demócrata. Mientras tanto, ha pasado desapercibida la carta de la jefatura militar en la que recuerda su deber constitucional de sacar del poder a un presidente que no quisiera dejarlo. Se habla de los riesgos de una inminente ‘guerra civil’. Para Noam Chomsky: “Son palabras fuertes que no habíamos escuchado nunca, pero mucha gente tiene ese miedo. Nada de ese estilo había pasado en la compleja historia de la democracia parlamentaria americana”.

ANTONIO ALBIÑANA

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