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Marruecos, el país de los sueños

Marruecos, el país de los sueños

Desde la semana pasada los colombianos podemos viajar sin necesidad de visa al país norteafricano.

30 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

Gracias a la entusiasta gestión de Loudaya Farida, dinámica embajadora de Marruecos en Colombia, y al beneplácito de ambas cancillerías, desde la semana pasada los colombianos podemos viajar sin necesidad de visa al país norteafricano. He recibido muchas llamadas de compatriotas que quieren viajar a este país del que han oído emocionados comentarios de quienes lo han visitado y que quieren saber mi opinión al respecto.

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De entrada digo que Marruecos es uno de los seis países que todo viajero ilustrado y amante de la belleza debería conocer. Y Marruecos es mi país preferido. Explicarlo llenaría varias páginas, me atendré a lo principal.

Bastaría decir que artistas, especialmente pintores, y escritores de todo el mundo lo han escogido para largas estancias o para radicarse allí. La lista la empezaron Dalacroix y Matisse. Por Ifrit han pasado 473 artistas de 62 países que proclaman que la luz de Marruecos es la más esplendorosa del mundo. Escritores como Peter Bowles, Juan Goytisolo y los de la generación beat norteamericana William Burroughs y Allen Ginsberg amaron Marruecos.

En el sur, en el Sahara marroquí, seguí yo las huellas de Saint-Exupéry, el autor de El Principito, en Cabo Juby. Ives Saint Laurent vivió en Marrakech y allí dejó un espléndido palacio. Churchill pasaba largas temporadas pintando en los jardines del hotel Mamounia, considerado el más exótico y hermoso del mundo, e invitaba a Roosevelt a que se quedara allí.

Una de las mayores atracciones de Marruecos es la ruta de las mil casbas, que lleva al desierto.

Marrakech, patrimonio de la humanidad, con su plaza Jema-el Fnaa, es la perla de Marruecos y destino de los amantes del exotismo y la belleza. Casablanca se inscribe en el imaginario de la cultura mundial por la película del mismo nombre con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman y por la reunión de Roosevelt, De Gaulle y Churchill, en 1943, para decidir el futuro de la Segunda Guerra Mundial.

Rabat, Fez, Meknez, ciudades imperiales y modernas, atraen irresistiblemente con el encanto de las medinas, que son las ciudades antiguas en ellas incluidas, llenas de callejuelas en las que perderse para admirar artesanías, hacer compras, regatear, hacer fotos y gozar de la amabilidad de los marroquíes es un deleite inolvidable.

Una de las mayores atracciones de Marruecos es la ruta de las mil casbas, que lleva al desierto. Las casbas son inmensas construcciones, como palacios de Las mil y una noches, en las que los lugareños se alojaban en épocas de guerra. Su estampa roba decenas y decenas de fotos. Para nosotros son como sueños materializados. En ellas se han filmado y se siguen filmando decenas, dije bien, decenas de películas y de series. Juego de tronos es una de ellas. Ait Ben Haddou, a la entrada de la ruta, resume la belleza de todas las casbas. No tengo espacio para alargarme en la lista de películas allí filmadas. Estas son algunas: Alejandro Magno, Los diez mandamientos, Lawrence de Arabia, Gladiador, La joya del Nilo, La guerra de las galaxias, La última tentación de Cristo, un 007, etc., etc. Varios de los directores y artistas han decidido luego quedarse largas temporadas en Marruecos.

Las dunas de Erg Chebigg figuran entre las más bellas del Sahara. Dormir una noche en ellas es tocar los umbrales del paraíso. Por otro lado, Marruecos es referente mundial en energías alternativas. Sus centrales de paneles solares y de torres de energía eólica ocupan varios miles de hectáreas. En este sentido pueden asesorar a Colombia. Aquí, y en La Guajira especialmente, tenemos sol y viento todo el año. Se acabó el espacio y podría decir muchas cosas más espectaculares sobre Marruecos. Resumo: visitar Marruecos y después morir.

ANDRÉS HURTADO GARCÍA

(Lea todas las columnas de Andrés Hurtado García en EL TIEMPO, aquí)

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