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¡Justicia, ten piedad de nosotros!

¡Justicia, ten piedad de nosotros!

En nuestro país muchos conocen a los pícaros, pero da miedo denunciarlos, por las represalias.

21 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Estuve tentado de titular esta columna sobre nuestra desquiciada administración de justicia con las palabras de la canción de Shakira: “Bruta, ciega, sordomuda, torpe, traste y testaruda”. No lo hice simplemente porque resultaba demasiado largo. Confieso (¡inocente de mí!) que yo miraba a los magistrados de las altas cortes de la nación con veneración y respeto sumo porque representan la majestad de la justicia. Pero todo se me vino al suelo cuando los colombianos descubrimos con dolor en el alma que la corrupción había llegado hasta los estrados más sacrosantos de la nación.

(Lea además: Durmiendo con el enemigo)

Ya la corrupción había plantado sus reales en las dos cámaras legislativas del país. Perdimos la cuenta de los senadores y representantes untados y bien embadurnados en las ollas de la corrupción. Fue un golpe mortal para la credibilidad de los colombianos en sus instituciones ver que padres de la patria, los llamados eufemísticamente honorables, los que elaboran las leyes del país, muchos de ellos, eran culpables de malos comportamientos, para llamar de una manera elegante a robos y asociaciones con paramilitares y mafiosos. “Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? Solo sirve para ser echada fuera y hollada por los hombres”. Estas sí son palabras mayores, de Jesucristo.

La Corte Constitucional acaba de echar por tierra la cadena perpetua para los asesinos y violadores de los niños, alegando que “va contra la dignidad humana de los agresores”. Habría que recordar a los acuciosos magistrados el artículo 44 de la Constitución: “Los derechos de los niños prevalecen sobre los demás”. ¿Lo habrán leído? Desde el primer momento me dije que esa condena a perpetuidad tendría problemas. Yo estoy por la cadena perpetua, pero hubiera sido suficiente una condena de 50 años. Lo que hizo la Corte fue defender los derechos de los asesinos. Este caso es similar al de los que no se quieren vacunar. Son minoría. La ley defiende sus derechos. ¿Y los demás, que somos mayoría, no tenemos derecho a no infectarnos?

Todo se me vino al suelo cuando los colombianos descubrimos con dolor en el alma que la corrupción había llegado hasta los estrados más sacrosantos de la nación.

El Estado necesita urgentemente construir megacárceles, seguras y humanas. Así no tendrán la tentación los jueces de liberar a tantos delincuentes. Hace unos años apresaron a un atracador que había delinquido 40 veces robando celulares. Lo dejaron libre y siguió robando. Con Duberney Giraldo, un colega de magisterio, mirábamos televisión y cuando mostraron a un ladrón entre dos policías, le pregunté por qué el delincuente no levantaba la cabeza y me dio esta interesante respuesta: es para que no lo distingan ahora que lo dejen libre y pueda seguir robando.

La proporcionalidad de las penas es otra queja contra los jueces. Recuerdo que en Cali, hace unos años, a un ladronzuelo que robó una pasta dental en un supermercado un juez le decretó varios años de cárcel y el tal juez daba argumentos inconcebibles. Tal acaba de ocurrir con la llamada Epa. Desde luego, merece castigo por la saña como la vimos destruir los bienes públicos, pero la equipararon al ‘Ñoño’, que tiene sobre su conciencia gravísimos cargos.

Hay casos graciosos entre los hampones: “Ladrón de Medellín pidió que no le dañaran el carro porque es de su mamá” (nota de prensa). Y en Barcelona (España), un ladrón se quejó a los mossos (policía) porque no lo dejaban entrar al metro a robar. En nuestro país muchos conocen a los pícaros, pero da miedo denunciarlos, por las represalias.

Un gobernador de uno de los departamentos de la selva fue su principal deforestador. Nunca le ocurrió nada. Muchos colombianos conocen a los traficantes de fauna pero, hay miedo a denunciarlos, precisamente porque son personas peligrosas. ¡Justicia, apiádate de Colombia!

ANDRÉS HURTADO GARCÍA

(Lea todas las columnas de Andrés Hurtado García en EL TIEMPO, aquí)

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