¿Tregua navideña con los ‘chalecos amarillos’?

¿Tregua navideña con los ‘chalecos amarillos’?

Macron tuvo que salir a calmar rápidamente las aguas que él mismo desbordó.

11 de diciembre 2018 , 04:50 p.m.

Lo que muchos imaginaban como un acto imposible se dio el lunes en la noche: Macron –el presidente con el listón más alto de prepotencia y arrogancia– ¡reculó! Mejor dicho, lo hicieron recular los ‘chalecos amarillos’ que representan esta Francia que él ha ignorado gobernando solamente para los ricos: rótulo que nunca le incomodó. Lo hizo retroceder el mismo país que lo eligió para no tener que soportar un gobierno de ultraderecha que hubiera ejecutado sin ningún problema la candidata Marine Le Pen.

Se replegó en una alocución de niño castigado. Adoptó un tono conciliador como si tuviera la voz llena nuevamente de promesas de campaña o de mea culpa; mas, sin asumirlas propias o personales como cuando asumía todos los retos de manera íntima como rey absoluto; luego, lo que todos pedían, habló de aumentar cien euros el salario mínimo para desinflar la presión social y fomentar “el poder de compras”, ya tan famélico para los franceses desde la crisis de 2018. Incremento que, dadas las circunstancias actuales, quizás sea tomado como una simple tregua navideña porque en su discurso –para muchos– todavía faltan muchas respuestas, muchos casos por aclarar, entre esos: su beneplácito y afecto a los bancos que cobran elevadas tasas con calculadas y crueles formas de exacción en el país que se vanagloria de ser el territorio de “los derechos del hombre”. La seguridad laboral tan irrisoria para las profesiones liberales y, sobre todo, responder a los japoneses –igualmente a los franceses– sobre el caso Renault, el Gobierno y el hoy preso en Japón Carlos Ghosn.

Sin duda, Macron, tuvo que calmar rápidamente las aguas que él mismo desbordó con tanta petulancia cuando hablaba sin ningún tacto social de tasas e impuestos para los carburantes. Tendrá que volver a unir la distancia que se instauró entre él y el pueblo que gobierna porque son muchos los daños tácitos de fondo que no se arreglan con el discurso de una noche y un esquelético aumento de cien euros.

Macron sabe muy bien que los ‘chalecos amarillos’ no le darán tregua después de las fiestas; además, está bajo la lupa de los demás gobiernos europeos porque la crisis que capotea como puede en su gobierno tiene todos los síntomas de convertirse en una enfermedad contagiosa para la Comunidad Europea.

Su aparente valentía de poner a Francia como un referente mundial quedó completamente desdibujada y en ridículo cuando el eurodiputado belga Philippe Lamberts lo cuestionó por la “libertad, igualdad y fraternidad” de la era Macron.

“¿Dónde está la LIBERTAD, señor presidente, cuando sus propios ciudadanos pueden ser ultrajados por simple capricho policial y cuando un grupo de estudiantes que protestaron pacíficamente son llevados a interrogatorio? En su país, señor presidente, el Estado, que debe garantizar la LIBERTAD, se aleja día a día de este precepto”.

“Señor presidente, ¿dónde está la IGUALDAD en Francia cuando los pobres y la clase media se desangran para pagar sus impuestos y usted le hace regalos fiscales a los más ricos? En definitiva, en su gobierno, los ricos serán más ricos y los pobres pasarán a ser una clase precaria y miserable, señor presidente”.

La intervención del eurodiputado continuaba en pulcro silencio ante un atento público del Parlamento Europeo y, por su parte, el presidente Macron –como lo exige el protocolo del Parlamento– tuvo que limitarse a tomar nota con relevante despotismo mientras el eurodiputado era aplaudido por su intervención final.

“Señor presidente, hace algunos meses usted habló, aquí mismo, de ‘personas que progresan y de personas que no son nada’. Usted no dijo ‘personas que no hacen nada o personas que no tienen nada’. Usted muy claramente dijo, ‘¡personas que no son nada!’ ”. Y continuó el eurodiputado: “el proyecto europeo consiste precisamente en que en ningún lugar de este continente, ninguna mujer, ningún hombre sea considerado como ‘¡nada!’ Eso no lo aceptaremos nunca”, finalizó el eurodiputado.

El francés conoce de sobra los estereotipos que mundialmente gravitan sobre ellos, entre esos: la cultura, la literatura, el arte, la historia, los perfumes… No obstante, hay uno del cual se jactan sin ningún problema: señalarle la guillotina al mandatario de turno, porque para ellos toda revolución debe generar siempre una evolución.

P. S.: las denegaciones, posturas y tristes explicaciones de Petro en Colombia parecen el chiste del año; mas, como siempre, ¡nunca pasará nada con este personaje!

Sal de la rutina

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