Señora Canciller, ¡¿las embajadas y consulados son decorativos?!

Señora Canciller, ¡¿las embajadas y consulados son decorativos?!

Colombianos, desesperados, piden ayuda por redes sociales para salir de Francia.

11 de mayo 2020 , 06:36 p.m.

Llevábamos pocos días del comienzo del encierro en Francia cuando el gerente de Teleantioquia, Uriel Sánchez, me invitó para realizar una breve intervención de cómo se vivían los primeros días de la cuarentena en Europa; luego, fui muy amablemente recibido por el director de Consejo de Redacción, Felipe Aramburo, quien generosamente me propuso continuar con informes semanales sobre la pandemia en la Comunidad Europea.

Él, poco a poco, ha ido corrigiendo mi pueril y nula experiencia en el campo de la reportería televisiva y la presentación; incluso, ¡lo mejor para mí!, me permitió darles rienda suelta a mis sueños en la edición, creación e investigación de ciertos contenidos periodísticos que yo tanto idealizaba en los años de universidad.

Fue precisamente haciendo la reportería y la investigación sobre los colombianos anclados en la Comunidad Europea ―especialmente en Francia― que encontré personas pidiendo ayuda por redes sociales y por medio de un enlace me uní al grupo de WhatsApp “Varad@s en Francia”. Los testimonios… ¡van de la mano con la impotencia diaria! Recuerdo perfectamente un hombre que proponía compartir parte de su comida mientras, desesperadamente, buscaba un lugar para dormir cuando ya eran las siete de la noche y hacía frío en París. Personas que ya estando en el aeropuerto Charles de Gaulle no podían viajar en los supuestos vuelos humanitarios porque les estaban pidiendo 95 euros adicionales y ya no tenían forma de pagar una suma no comunicada en un escueto y general correo de la Cancillería y transmitido por los consulados y embajadas de Colombia que se convirtieron en cajas de resonancia de una cancillería autista.

Llamar al consulado y embajada de Colombia en París es, además, un suplicio agregado para estas personas: ¡jamás responden! Lo intenté yo también durante diez días para un reportaje, nunca me contestaron (tengo los registros y grabaciones de pantalla). Lo único que han hecho estos paquidérmicos y onerosos estamentos en Francia es direccionar a los turistas anclados hacia los comedores comunitarios y asociaciones francesas. ¡Eso también lo puedo hacer yo, y no soy embajador o cónsul!

Por otra parte ―como la cereza del pastel―, la señora Canciller, Claudia Blum, se limita a subir (o se los suben) videos a los portales gubernamentales para decir, textualmente, que “… ya hemos girado recursos del orden de los siete mil millones de pesos a 94 consulados que registran colombianos atrapados en distintos países y que demuestran insolvencia económica para apoyarlos en necesidades de subsistencia…”.

¡¿Dónde carajos están esas ayudas en el Consulado de Colombia en París, señora Blum, dónde?! Se lo pregunto mascullando mi propia exasperación e indignación porque mis días han transcurrido en intentar direccionar y ayudar un poco a estas personas que no hablan francés, están desesperadas y la impotencia comenzó a nutrir mi carácter que, por cierto, es bien escabroso y me jode montones respirar esta impotencia ante el silencio consular y la apatía de la embajadora en Francia. Se necesitan embajadores que no les cueste hacer trabajo de campo y que les sobre humanismo; los decorativos, como la actual embajadora, ¡son un tumor, un estorbo con excelente sueldo!

Conozco muy bien el consulado y la embajada en París, señora Blum. El consulado, por ejemplo, tiene un enorme salón que, con los cuidados necesarios de la pandemia, hubiera servido perfectamente como centro de acopio para repartir mercados y ayudas a muchas personas que lo necesitan y han tocado las puertas de la rue de Berri; por fortuna, señora Blum, hay compatriotas bajo el cielo que sí son verdaderos embajadores y con todos los riesgos han salido a la calle para socorrer de ayuda y comida diariamente a todos aquellos que la embajada y el consulado han ignorado, verbigracia ‘El Man de los Chorizos’ y el grupo de ‘La vaca de la bacanería’, quienes diariamente han llegado a entregar unas 200 comidas sin contar los mercados y la estrategia de padrinos que es una oferta, demanda, trueque de necesidades, funciona de maravilla y no tienen el presupuesto de una embajada. Grupos de connacionales radicados en Francia que, ¡en lo absoluto!, nada tienen que ver con ‘Colombia ayuda a Colombia’.

Sus discursos, señora Blum ―por el momento―, son un calambur de humo sin gestión ni ejecución que de nada sirven en tiempos de pandemia mientras los connacionales anclados en el exterior viven un rosario diario de suplicios que usted ha sido incapaz de dimensionar.

P. S.: ¿Solo los colombianos en Wuhan eran dignos de ser rescatados en un avión militar? Señora Canciller, ¿con siete mil millones de pesos cuántos vuelos militares se pueden hacer para recoger turistas anclados como el publicitario rescate en Wuhan?

Andrés Candela

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