Santiago Zapata, ‘un imán para los milagros’

Santiago Zapata, ‘un imán para los milagros’

Él, desde su condición, nos ayuda a recapacitar; nos motiva a ver la vida de una forma menos caótica

08 de enero 2021 , 09:25 p. m.

Hablar con él y leer su libro, personalmente, me generó un certero efecto: ¡vergüenza de mí! Asco de todos mis aplazamientos; repugnancia total de mi apática actitud frente al tiempo que jamás se detiene y la forma tan descarada como yo lo despilfarro. Escucharle hablar atizó también todo el desorden de mis angustias en el fondo de mi conciencia que yo ―en ocasiones― logro encadenar para que me deje contemplar en paz la talla de mi incalculable pereza que, parece ser, es más basta que los fuertes ramajes de mi flojera.

Yo acabo de hacer, en cuatro minutos, un breve derrotero de mi agraciado coctel hereditario. Por fortuna conozco de memoria el lastre que cargo y, en ocasiones, por lo menos, para escribir, salir del paso y recordarme a mí mismo cómo soy, me sirve; él, Santiago Zapata, por su parte, tiene apenas quince años, solo cuenta con un 5 por ciento de motricidad que utiliza para escribir con mucho esfuerzo y de paso… ¡para salar nuestras vergonzosas conductas!

Le conocí porque, además de mi esplendoroso pedigrí genético, también ostento una lengua que se encarga de fustigar el historial de mis enfáticas negaciones ―me escuché decir hace algunos años― “yo jamás haré televisión, ¡no me interesa!”. Allí aterricé con el asunto de la pandemia. Ya es historia conocida.

La crónica de Santiago Zapata, inicialmente, la presentó la periodista Yuliana Botero; luego, otros medios y demás periodistas la seguimos. Imposible, además, pasar de largo ante su historia; sería mezquindad y arrogancia no reconocer el trabajo de logística y distribución que realiza su familia diariamente para hacer llegar el libro a todas partes; incluso, en esta época de pandemia, como un contundente ejemplo para casas editoriales, editores y agentes literarios.

Su libro, Caminando con mi mente, no explica puntualmente la distrofia muscular de Duchenne que él padece: “La más agresiva de todas las distrofias musculares”, dicen portales médicos y foros testimoniales. Pero en ninguna de sus líneas el joven autor se autocompadece.

A medida que avanzaba en el libro imaginaba a Santiago frente a su teclado, sumergido en la paciente transcripción de sus ávidas observaciones diarias para lograr agitar nuestras vergüenzas; sin embargo, esa no es su intención. No le interesa envenenarse lanzando preguntas al universo por las limitaciones de su condición; tampoco se amarga cuando ve el sedentarismo de aquellos que tienen todas sus facultades motrices y prefieren hinchar la tripa un día entero en el sofá. Él, desde su condición, desea ayudarnos a recapacitar; nos motiva ―sin ser un libro de autoayuda― para ver la vida de una forma menos caótica. Su legado escrito no pretende ser terapia prodigiosa para todos aquellos que caminamos sin apreciarlo.

Caminando con mi mente ―aunque no se asemeje a nada entre mis lecturas habituales― ¡me cautivó! Me gustó, en videollamada, apreciar todas las energías de su familia enfocadas en fomentar el libro por todos los barrios periféricos de Medellín con una estrategia muy elaborada.

Santiago Zapata afirma ser “un imán para los milagros” por su actitud frente a la vida y sus vicisitudes. Lo asegura también por su depurada forma para relacionarse con las personas, y a lo largo de su libro me convencí de eso.

Sus palabras ―considero― son casi el eterno libreto que el destino le otorga a todos aquellos capaces de abrirse las venas por una causa; personas con un cúmulo de homogéneas observaciones de la vida en todos los aspectos para dejar un legado más constante, porque, como lo afirma su progenitor, “no estamos vendiendo una historia, la historia de Santiago y su discapacidad; nosotros ¡compartimos la historia de Santiago para ayudar a personas con el mismo problema!”.

P. S.: Les deseo buen año de esperanza y labores cumplidas.

Andrés Candela@a_candla

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