Lo que faltaba en Medellín… ¡un emperador!

Lo que faltaba en Medellín… ¡un emperador!

Sentí al burgomaestre de Medellín muy fuera de su nube y dando bandazos en una entrevista.

21 de septiembre 2020 , 09:52 p. m.

Jamás ―en ya casi una década― me había tenido que dirigir a un político en dos columnas consecutivas. Pero el señor Daniel Quintero, con sus discursos de bacán “amigo de todos” que matiza y dibuja sagazmente como el perfil de un patriota incomprendido desde la torre del Edificio Inteligente de Empresas Públicas de Medellín, viene haciendo méritos para estar en las primeras páginas de la prensa nacional y no precisamente por sus logros como él lo quiere hacer creer en su cuenta Twitter; por cierto, señor Quintero, astuto y tácito mensaje da usted desde la terraza del Edificio Inteligente para Medellín y sus opositores: esta es mi chaise persée, ¡aquí mando yo y en este trono solo me siento yo! ¡¿No?!

Daniel Quintero ―para mí― tiene la misma traza de su mentor: no son personas nacidas para guiar; no son perfiles de líderes natos, pero sí está muy claro que buscan, al precio que sea, ¡notoriedad! Eso sí, ¡tienen toda la capacidad y el material genético para irritar! Es pura fórmula y nadería, solo de eso se sirven y nada más. Su cordialidad, cuando no se está de acuerdo con él o con gente como él, es un crujir de dientes interiorizado con una forzada sonrisa de simpatía que ―creo― le debe doler sostener por la furia que desata el oblicuo juzgar de su mirada fusilante.

En este oficio es vital saber formular preguntas; ser reiterativo con aquellos que precozmente ya se creen encantadores de bestias emitiendo un tierno y estudiado discurso desde la terraza del edificio más representativo de una ejemplar empresa pública para ser difundido en redes sociales; bajarlos de esa nube donde ellos son reyes absolutos es vital y por eso hay que recordarles puntualmente la pregunta formulada. Luego, perdido en respuestas equivocadas y de bruces ante un mundo latente y real, sentí al burgomaestre de Medellín muy fuera de su nube y dando bandazos en una entrevista con la emisora W de Colombia.

Políticos como él suelen afirmar que los mueven la pasión y el amor al trabajo por los demás, pero el resultado de tales afirmaciones se enfoca entre el cálculo de su imagen como alcalde de Medellín y la supuesta pasión, fíjense: después de escuchar sus respuestas uno queda con puñados de aire. Busqué en otros medios otro tipo de entrevistas, la sensación fue siempre la misma: ¡nada y mucho aire! No obstante, regresé al portal de la W y escuché de nuevo a Félix de Bedout intentando encarrilar a Daniel Quintero en una respuesta concreta con preguntas muy puntuales y lo único que volvía a surgir era la mascullada y maquillada ira de Quintero; toda su intransigencia con frases alusivas y evasivas, giros y calambures que dejaban muy claro su malestar personal por no lograr persuadir a un periodista con kilómetros de entrevistas como el señor De Bedout. Y, aunque fuera por puro juego dialéctico, era evidente la falta de voluntad del alcalde para considerar el punto de vista del entrevistador en una entrevista que fue ―para mí― el epítome de todas las demás que le hacen al alcalde.

Pero cualquier discurso o respuesta memorizada siempre se ahoga en un punto:
Quintero invoca la unión de la ciudad para sacar adelante una empresa que ―según él― recibió arruinada y pretende arrastrar a su campo a todo aquel que se debate en dudas para que se interese por su causa; para que admita que el discurso del señor Quintero es casi una justicia de verdad absoluta sin apelaciones; se muestra humanamente abierto a la crítica de puntos débiles; sin embargo, y como siempre en todos los de su naturaleza, reacciona después con arrogancia, altivez y esa encarnizada inclinación a la pendencia que él manifiesta casi diariamente en su cuenta Twitter cuando un medio o alguien no piensa como él; eso sí, menciona con bombos y platillos a cualquier limaco adulador o político solitario con tribuna.

Señor Quintero, usted podrá tener ínfulas, delirios y actuaciones de inexperto emperador como su mentor, pero le recuerdo que EPM no es su finca y que usted es simplemente un mayordomo transitorio.

P. S.: Es tanto el sentido de pertenencia que se tiene en Medellín que ―como algo imposible― sería afirmar que la anterior administración la arruinó y nunca se hubiera sabido; bueno, solo hasta el nombramiento del nuevo emperador.

ANDRÉS CANDELA@a_candla

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