El extinto dios tomate y las catedrales cubanas

El extinto dios tomate y las catedrales cubanas

Un día me di cuenta de que los focos estaban centrados en aquel soso profeta de capuchón blanco.

11 de agosto 2020 , 09:25 p. m.

Se dice que era un impío; también hay quienes afirman que él es esclavo de una desmesurada vanidad que lo domina; otros filósofos de la comarca también sostienen que él utiliza su imagen facial como una especie de tótem evangelizador para gobernar; pero, hace algún tiempo, era el más desesperado por ser el ungido de algún grupo o secta gubernamental de turno. ¡¿De quién o de cuál entre todos exactamente?! Poco le importaba: había estudiado sus credos y sabía muy bien qué decirles para verse agraciado. “Que entre el diablo y escoja”, no hubiera sido necesario rezarlo, él llevaba capucha; conocía los secretos de la ubicuidad ideológica de todos los grupos políticos para que el demonio no perdiera tiempo buscando; mas —reitero—, aún no era el ungido de nadie, era un total anónimo: ¡lo más tortuoso para un narcisista disfrazado con arengas populistas de contrapoder que desea, a cualquier precio, ataviarse del imperecedero poder! Pan nuestro de siempre con distinta forma, pero con un mayor grado de traición: inclinación y veneración para todos los credos políticos.

Huérfano —sin haber sido adoptado— formó su propia religión que, parece ser, fue una revelación o visión divina en la huerta de alguna cosecha porque su frutal y naciente dios, rojo y redondo, le pedía a su inexperto profeta ser lanzado al aire para conversión de toda la nación; no obstante, novatos predicadores sin evangelio institucionalizado también deben hacer fila y adjuntar los requeridos papiros para tener reconocimiento al pulpito público, petición que se debe hacer ante el Consejo Nacional Electoral; es decir, “dad al César lo que corresponda al…” que del resto se ocupa el CNE. Pero el estamento gubernamental, al ver que la devoción frutal no cumplía con los requisitos ni discípulos requeridos, decidió entonces que el dios volador de la huerta, por el momento, debía seguir siendo decoro de ensaladas y platos típicos nacionales y su profeta tendría que seguir —irónicamente— buscando divinidades más fructíferas en la canasta familiar.

Al verse nuevamente sin un credo, un dios patrocinador, la reveladora visión de algún pepino milagroso o la deidad de alguna leguminosa, nuestro errante profeta —en resumidas cuentas— tuvo que tocar puertas de todos los patriarcas políticos, desde los más similares en pelambres hasta los más antagónicos en arengas para terminar siendo un rarísimo camaleón politiquero y populista de todos los colores que, hasta hace poco, me era muy difícil identificar.

Pasó el tiempo y un día me di cuenta de que los focos estaban centrados en aquel soso profeta de capuchón blanco y ya no sostenía su rojito dios en la mano. Su melena también era historia; ya ostenta pinta Polo burguesa ante las cámaras al mejor estilo de un bobo parisien*; y él…, ¡se convirtió en otro patético político prometedor de ilusiones en la fauna nacional!

Luego, como en todas las comarcas mundiales, en la suya también llegó el virus. Los índices de control, inicialmente, fueron un ejemplo global y eso es más fácil de explicar que la tabla del uno: tuvieron tiempo de reacción —gracias a la información— por la rapidez con la cual el virus nos azotó en Europa y en Asia. El miedo ante una pandemia fue un factor contundente que favoreció el orden de la primera cuarentena; luego, idiosincrasia, cultura ciudadana y un muy álgido e inculcado respeto por los demás. Esa es la verdad de fondo y no como quiso hacerlo creer el ex ‘indignado’ profeta Polo en medios internacionales, ¡eso —duélale a quien le duela— no es resultado de su gestión! Fue la conjugación de múltiples factores socioculturales. Obvio, como en cualquier comarca, también hay demostraciones de clandestina indisciplina al ritmo de alcohol y barullo.

Las cifras ante el virus comenzaron a tornarse muy crudas y al exprofeta —vaya uno a saber por qué clase de asesor espiritual— se le ocurrió otra de sus magnas ideas: pedir ayuda ante las catedrales cubanas. Un edén donde —como se ha denunciado y demostrado en muchos medios con cifras y estudios— cualquiera en el olimpo caribeño recibe el título de médico con tal de pregonar las arengas del régimen y quienes verdaderamente lo son no tienen los niveles de estudio exigidos en otros países.

P.S.: Muy curioso que la conversación negada por el alcalde de Medellín en WhatsApp tenga una finalización a las 11 p. m. Luego, a las 11:14, su interlocutor publica un tuit contra Uribe. ¿Casualidad?

* ‘Bobo’ en francés es la contracción de dos palabras, no es sinónimo de tonto.

Andrés Candela@a_candla

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