Catamarán II, gracias a la JEP y ejemplo del Tedh

Catamarán II, gracias a la JEP y ejemplo del Tedh

Las Farc no son un grupo de incomprendidos, ¡tienen historial terrorista y de narcotráfico!.

06 de noviembre 2018 , 08:15 p.m.

Personalmente, considero que la JEP debería tomar nota de los diferentes estrados de justicia en el mundo que se ocupan de analizar y dictar sentencias a los diferentes grupos terroristas. Solo de esa forma, entonces, dejaríamos de perder tiempo en indignaciones y, como lo piden muchos colegas, nos ocuparíamos de “salvar la paz”; pero, ¡¿Salvar cuál “paz”, salvaguardarla de qué o de quién, señores?! Más bien que Dios nos agarre confesados a todos porque la justicia en Colombia –que nadie se engañe– es una parodia de sí misma.

Me parece vital con el siguiente ejemplo, “informarles”, “comunicarles” –para quienes defienden lo insostenible gracias al sesgo ideológico– que el martes 23 de octubre, un verdadero tribunal: el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), avaló los veredictos de la justicia española para que ninguno de los presos etarras pudiera computar los años cumplidos de cárcel en Francia y “retrasar de esa manera su excarcelación”. En resumidas cuentas, ¡las condenas por terrorismo se cumplen!

¿Y nosotros somos ejemplo de algo en justicia y democracia? ¡Sí! De un expresidente que, según el testimonio de Enrique Santos en su nuevo libro, “…se encerró media hora en su biblioteca y luego planteó la idea de su renuncia”. Es una pena que no lo haya hecho; tenía en sus manos la postrera oportunidad de hacernos ver a todos los incrédulos de su proceso que lo suyo sí era filantropía natural, pero no, no renunció y pasó por encima del resultado, de la democracia para nutrirnos con la idea de que, más bien, era un asunto de narcisismo neto y puro con olfato publicitario para un premio. Por fortuna, el resultado del plebiscito –que no se lo esperaba su progenitor– hizo que la opinión internacional (mucho, aquí en Francia) se cuestionara ante lo que fue el calambur propagandístico de la “paz” de Santos y su profetizado edén en aquellas interminables giras.

De igual forma, consideran que una masacre ejecutada por las Farc es, simplemente, una incómoda estadística que hay que esconder.

Muchos dirán que es llover sobre mojado, que Santos ya es asunto del pasado y la “paz” hay que salvarla porque él “gobernó para la historia y no para las encuestas”; sin embargo, ¡¿cómo carajos se puede defender la “justicia” de la JEP que no es encuesta, pero sí el día a día de un presente y futuro histórico nacional?!

A la Jurisdicción Especial de Paz –muy “especial” por cierto–, parece ser, no le importa nada la opinión pública cuando se trata de favorecer con permisos vacacionales –un catamarán II– a los jefes de las Farc. Algo así como si los jueces de Estrasburgo hubieran decidido –pasando por encima de la legislación española– que los etarras deberían ser exculpados para mandarlos de inmediato a descansar en Ibiza. Tan absurdo como ejemplo, pero es la alegórica realidad de una sesgada “justicia” de la JEP que supera cualquier ficción y hace lo que quiere para que el pueblo lo soporte estoicamente con el lánguido argumento de “salvar la paz”; sin duda, ¡nuestro único oasis en el infierno!

Señores de la JEP –ante el carnaval de la ceguera–, les recuerdo que las Farc no son un grupo de incomprendidos, ¡tienen historial terrorista y de narcotráfico como Jesús Santrich! Aunque ustedes todo lo maquillen con tiempo; o sea, ¡dilatando y demorando! Su forma de hacer “justicia” se está pasando por alto la sanguinaria brutalidad de quienes utilizan todo tipo de violencia y se cargan aun cartas bajo la manga como las disidencias; además, ustedes devalúan la verdadera justicia ante los verdaderos ultrajados que acumulan impotentes procesiones en el corazón. De igual forma, consideran que una masacre ejecutada por las Farc es, simplemente, una incómoda estadística que hay que esconder, muertos de poca monta, asuntos fuera de contexto y libreto cuyos desgraciados destinos son atribuidos solo a infelices, a aquellos que nunca debieron nacer; cadáveres sin apellido que jamás ameritarán un examen de conciencia social porque la “paz” siempre estuvo “de un cacho”: el de las Farc y unos cuantos que pregonan su absurda defensa.

P. S.: La convivencia social es sostenible y se puede edificar; muy diferente a la quimera de la “paz”, y el gobierno del presidente Duque tiene una tarea menos llamativa y sin tanta publicidad: rescatar guerrilleros rasos de las disidencias. Existe la forma de hacerlo. ¡Se los aseguro!

Columnistas

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