Carta para ‘Lo que fue presente’

Carta para ‘Lo que fue presente’

Tu diario será manjar de analistas que intentarán explicar tu condición humana como escritor.

22 de junio 2020 , 11:28 p.m.

Varias tardes las dediqué a la búsqueda de información y encontré lo habitual: conceptos, artículos, entrevistas, ensayos y opiniones muy profesionales que se han escrito sobre el reciente libro de Héctor Abad Faciolince: 'Lo que fue presente'. Yo ―por cuestiones de la pandemia y como siempre― llego tarde y sin ideas; tampoco sin la precisión, altura y el profesionalismo de todos los demás medios y columnistas que se han ocupado del tema.

Solo dos momentos muy puntuales logran, por el momento, salvar estas líneas: Queen de fondo y el certero consejo de una amiga cuando le hago saber que ya voy en el quinto intento por mi falta de profesionalismo, claridad y brevedad para escribir sobre un diario. “Me siento, sin duda, como un imbécil ante una persistente terquedad que me empuja a escribir, pero sin rumbo. Yo… ¡dudo hoy más que nunca sobre lo que pueda esbozar ante tan elocuente texto!”, le confieso en nuestra conversación. Ella, gentilmente, me traza una bitácora de ideas.

Héctor, amigo, es mejor que tu diario no espere de mi parte conceptos con tecnicismos muy finos y elaborados explicando el rol del diario en los dominios de la literatura universal y toda su importancia, así como lo explicó Álvaro Amo en un análisis que no corresponde a mi famélico nivel. Pero estoy muy seguro de que tu diario llegará a ser objeto de estudio e, imagino, será también manjar de analistas que, en el futuro, intentarán explicar tu condición humana como escritor, tus secretos, tu época, entornos y toda tu vida. Como si nunca hubiera sido suficiente la publicación oficial de toda tu humanidad.

Después de rumiarlo mucho con la fugaz nota para televisión, he decidido mandar al carajo mi desnutrida apariencia profesional porque le tengo más confianza a mi desencadenada emoción visceral para escribir cartas o cualquier texto. Solo de esa forma espero hacerle comprender a los futuros lectores que ante este valeroso texto hay que intentar, por lo menos, estar en condición de igualdades con vos, Héctor; o sea, se requiere un mínimo de coraje para leerlo, porque me fue imposible dimensionar toda la valentía que tuviste para publicarlo cuando lo terminé; cuando lo implícito adquirió una silenciosa y bella claridad del inconmensurable amor de mujer.

Llenas páginas con peligros para todo aquel que quiera dedicar su existencia a la escritura: incontables puñaladas de realidad contra la vanidad del futuro autor superficial; asimismo, sostienes la brújula como guía ante el inminente calvario del escritor que no sufre de presunción, pero que será asfixiado por la matutina condición: trabajar, cuentas por pagar, préstamos, vergüenza personal con el entorno familiar y hastío ―en ocasiones― también de ellos; todo esto mientras el desdichado soñador invocará treguas ocasionales en su realidad para que el asedio mental de sus personajes, diálogos, momentos y escenas lo dejen, por fin, algún día, dormir en paz.

Sobre el mismo tema ya te había escrito una vez que, 'Lo que fue presente', es un derrotero de síntomas demenciales que el trastornado lee ávidamente para identificar si su sufrimiento ha sido clasificado; para descubrir si su mal es una montaña de archivos clínicos ya tratados o si, lamentablemente, es aún una nueva y desconocida chifladura sin nombre.

Tus fieles y voraces lectores podrán observar que en tu diario ―que jamás imaginó ser publicado― hay un consciente ritual mental que vigilaba las asonancias en solitarias notas de restaurantes y cafetines; descubrirá o afirmará que la sustancia va de la mano con la forma: una simbiosis muy bien administrada que jamás llega a fatigar en sus seiscientas diez páginas.

No tuviste discernimientos personales ni editoriales de semejante catarsis publicada. Todo aquello que fue tu presente alguna vez como el dolor, amor, placer; las angustias, lo público, lo privado y lo secreto, estimo, ¡te ha liberado y una paz interior te debió haber colmado!

P. S.: Pensaba que leer diarios de escritores era un ejercicio de heridas ya bien cosidas… ¡qué equivocado estaba!

ANDRÉS CANDELA

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