El liderazgo y legado moral de Carlos Ossa Escobar

El liderazgo y legado moral de Carlos Ossa Escobar

En su época de Contralor General, pude admirar su talante gerencial con enfoque social.

03 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Un grupo de amigos del fallecido excontralor Carlos Ossa Escobar, coordinados por Ana María Echeverry, Luis Carvajal y, el hijo, Juan Pablo Ossa, está en el proceso de organización de una reunión en el Club El Nogal, el 16 del presente mes de mayo, con el sugestivo nombre ‘Liber amicorum. Cien palabras y una anécdota’, para rendirle homenaje a “el luchador por la paz, el defensor de los campesinos, el economista connotado, el demócrata integral, el político insobornable, el adversario de la corrupción, el promotor de la eficiencia pública, el adalid de la autonomía universitaria y el amigo inolvidable”, según el significativo texto de la invitación.

Se trata de un coloquio, sin pretensiones académicas, en el cual se espera compartir recuerdos sobre su vida y obra, para “complementar el libro que dejó escrito y promover su publicación”.

En las cuatro ocasiones en las cuales tuve el privilegio de trabajar con Ossa, proyecto UNCTAD–FAO de apoyo a la Unión de Países Exportadores de Banano (Upeb), en Panamá; proyecto de planificación agropecuaria, en su época de viceministro de Agricultura; luego, en otro proyecto de cooperación técnica, cuando fue gerente del Incora, y, finalmente, en su época de Contralor General de la República, pude admirar su talante gerencial con enfoque social que, por igual, atendía a los más altos jerarcas y a las gentes humildes que lo requirieran.

En dos ocasiones conocí su reflexión y análisis sobre la forma cómo había afrontado el dilema entre una convicción moral firme en el contexto de la aplicación de una regulación normativa ante una conducta culposa.

El primer caso se refiere a la forma de asumir su relación con el Congreso que lo acababa de elegir, cuando decidió contratar la respectiva gestión del control fiscal con una firma privada, mediante un concurso de méritos, con el ánimo de brindarle a esa entidad la garantía institucional de una actuación sobre el control fiscal de una manera transparente e independiente.

Desafortunadamente, ni las directivas del Congreso de entonces ni la firma contratada estuvieron a la altura de las expectativas del contralor Ossa, quien, al estallar el escándalo de las filas en la plaza de Bolívar para suscribir contratos, al final del año, no tuvo inconveniente en cancelar el contrato en mención y reasumir, con el rigor técnico del caso, las funciones que habían sido delegadas.

Aquí cabe recordar una frase del doblemente exmagistrado Nilson Pinilla, sobre esos conflictos que suelen presentarse entre el jefe del ente de control y la entidad que lo eligió, quien dijo que “el primer deber de dicho funcionario es ser desagradecido con sus electores”, pues solo de esa forma puede actuar con independencia y recto criterio sobre la entidad vigilada.

Con ese talante actuó Ossa ante el Congreso, y muy pronto se produjo una especie de ruptura institucional, ante varias investigaciones y sanciones que la CGR impuso a los responsables fiscales por detrimento patrimonial. Ello le ocasionó ganarse la hostilidad de ciertos sectores del Congreso y que, algunos de sus miembros, intentaran una venganza florentina a través de la Auditoría Nacional, con sanciones cuyo alcance era más retaliatorio que el misional de velar por el buen uso de los recursos públicos. Afortunadamente, la llegada de Clara López como nueva auditora general de la nación puso las cosas en su sitio, en cuanto que se trató de un intento fallido de poner en la picota pública el buen nombre de Carlos Ossa.

Otro caso emblemático fue el de Dragacol, el cual recibió mucha atención mediática en razón de los personajes involucrados, como quiera que se trataba de la que se podría llamar la línea de mando de un ministerio, es decir, ministro, viceministro, secretario general y asesor jurídico, a quienes se acusaba de haber autorizado pagos ilegítimos e ilegales a un privilegiado contratista privado.

Al respecto, vale la pena recordar que la CGR realizó un trabajo impecable, a través de la respectiva Contraloría Delegada, en lo que atañe a la formulación del correspondiente pliego de cargos y el posterior proyecto de sanción fiscal, pero la decisión de última instancia correspondía al Contralor General, es decir, a Carlos Ossa.

Esa decisión fue una de las más difíciles que tomó el Contralor, pues el asunto tomó las características de una confrontación clasista, con presiones de lado y lado, y puso a prueba la reciedumbre de su carácter, pues tenía la convicción moral de la inocencia del ministro en cuestión, frente a la realidad formal de una acción que, para llegar a la última instancia ministerial, debió haber pasado varios filtros de revisión.

Esa absolución del ministro del ramo generó mucha controversia, aun entre personas cercanas al Contralor, pero otra decisión de absolución de carácter penal, tomada por el Fiscal General de la Nación sobre el mismo alto funcionario, le dio la satisfacción de que su sentencia inicial había sido la correcta y apropiada. Loor a la memoria de este gran colombiano.

*Economista consultor.

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