Secciones
Síguenos en:
La geopolítica de la pandemia y el caso colombiano

La geopolítica de la pandemia y el caso colombiano

Es bueno esbozar la forma como este evento ha sido afrontado por diversos países y por Colombia.

22 de abril 2021 , 12:29 p. m.

Luego de un año largo de este padecimiento sistémico es bueno esbozar algunos criterios de análisis sobre lo que ha sido este evento siniestro y la forma como ha sido afrontado por diversos países y en Colombia.

Bueno es recordar que su origen se remonta a finales de noviembre 2019, cuando un científico de Wuhan (China) dio la voz de alarma, pero el autoritarismo del sistema político lo obligó a guardar silencio, lo que, de hecho, lo convirtió en la primera víctima fatal del virus. Solo cuando este científico falleció, el Gobierno chino se vio obligado a destapar sus cartas y avisar tardíamente a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cual, al parecer, inicialmente tampoco actuó con mucha diligencia frente al gigante asiático.

En ese entonces se tejieron hipótesis sobre el origen del virus. Algunos consideraban que se trataba de una creación de laboratorio y que, por lo tanto, sería un arma biológica de la superpotencia china. Otros lo catalogaban con una consecuencia de la cultura ancestral de los chinos de comercializar y consumir especies animales, sin ningún tratamiento sanitario previo, en los mercados populares de distintas ciudades, y mencionaban que la cadena de contagios se inició por el consumo humano de algunas de esas especies que habían sufrido previamente mordeduras de murciélagos.

Sin embargo, cuando cunde la alarma en los principales países de Europa por la rapidez con la que el contagio se propaga, la atención mundial se centró en China, país que cerró sus fronteras y, dado su sistema autoritario de gobierno, aplicó una disciplina estricta de acuartelamiento de la población, lo cual contribuyó exitosamente al control de su expansión. La reacción del resto del mundo fue tratar el tema como si solo la fuente de contagio fuera China, por lo que comenzó una carrera de muchos países por tratar de sacar a sus connacionales de ese país, organizando vuelos especiales en medio de dificultades burocráticas derivadas del estricto control de entrada y salida impuesto por ese gobierno.

En ese juego cayó Colombia. El país, presionado por cadenas radiales que recibían llamadas de connacionales en China, especialmente de Wuhan, organizó un supercostoso vuelo transoceánico para repatriar a unos 27 colombianos, quienes, una vez llegaron a Colombia, fueron objeto de un aislamiento en un centro debidamente acondicionado para realizar las dos semanas de cuarentena, que en esos momentos se consideraba necesario guardar. Al respecto, sería bueno que alguno de los medios radiales de los que más presionaron por dicha solución investigara no solo el costo económico de dicha operación de rescate, sino también la salud de los implicados en el sentido de si su viaje de regreso al país los libró del contagio del ‘virus chino’, tal como despectivamente lo llamó Donald Trump.

Es decir, se trataría de explorar el costo-beneficio de semejante operación logística que, de muy buena fe, organizó el Gobierno Nacional ante una incesante presión mediática.

La responsabilidad sobre la exposición y multiplicación del virus se convirtió rápidamente en un problema geopolítico por la acusación de la administración Trump hacia los chinos y la OMS, entidad a la que señaló de ser tolerante y complaciente con los chinos y de la cual se retiró de manera dramática. Por su parte, China comenzó una especie de operación de seducción, mediática primero, por medio del control rígido de ciertas zonas de su vasto territorio y la demostración de su gran capacidad logística para construir y poner en funcionamiento grandes hospitales en pocos días, y después, utilizado su tecnología en una gigantesca producción de vacunas contra el virus, la cual ha resultado ser un mecanismo eficiente de acercamiento con muchos países, entre ellos los de América Latina.

En ese contexto, Colombia ha sabido jugar bien sus cartas pues, mientras algunos agudos analistas le vaticinaban una relación distante con la nueva administración de los Estados Unidos, en cabeza de Joe Biden, discretamente amplió su portafolio de negociación de vacunas con China, país que ha resultado un eficiente y oportuno proveedor, a cambio de lo cual la política internacional de Colombia con ese país ha dado un giro inesperado, cuyo primer gran signo fue el elogio de la embajadora de Colombia en la ONU en Ginebra, Alicia Arango, a la política de derechos humanos chinos.

Amadeo Rodríguez Castilla
Economista consultor

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.