Peligro: la reacción ‘lava’ sus culpas

Peligro: la reacción ‘lava’ sus culpas

Es indispensable un esclarecedor debate público nacional para repensar el problema de la violencia.

13 de octubre 2020 , 09:25 p. m.

Ahora cuando se intenta distorsionar el curso de la historia reciente, negando la existencia del conflicto armado, social y político, no solo con el desmonte de la institucionalidad de la memoria como relato articulador, sino con la promoción oficial de referentes inconexos y desarticuladas narrativas, es indispensable un esclarecedor debate público nacional para repensar el problema de la violencia y la seguridad.

Es decir, requerimos un espacio de reflexión sobre el posconflicto y los hechos de violencia a la luz de nuevos enfoques teóricos y metodológicos que nos conduzcan a identificar sus complejos determinantes, sus lógicas y sus contextos -incluido el Plebiscito por la Paz del 16/10/18-, al tiempo que se visibilizan los estereotipos impuestos por el discurso oficial, que también macartiza y criminaliza la protesta social.

En este debate —en realidad una ‘toma’ simbólica de escenarios nacionales, regionales y locales y, desde luego, académicos y medios de comunicación— buscaría crear espacios que fomenten la verdad y la reparación, de forma que pueda estructurarse una acción discursiva coherente sobre la convivencia pacífica.

Allí deben hacer presencia legítima los dirigentes de la política democrática, al lado de científicos sociales de diversas disciplinas, a fin de catalogar metodológicamente el trasfondo escalofriante del conflicto armado, social y político antes de que la judicialización política y la mediatización subordinada de gancho con la reacción uribista terminen por absorberlo en un anecdotario de heterodoxo maniqueísmo.

La intelectualidad partidaria de la convivencia pacífica, sus pensadores más destacados y periodistas, entre otros ‘creadores de opinión’, y las organizaciones de Derechos Humanos que reflexionan sobre las aún no suficientemente explicadas causas estructurales están obligados a participar en ese gran debate, junto con líderes de los movimientos sociales y de víctimas, pues el propósito de esta iniciativa no es proponer una simple discusión académica interpares sin consecuencias prácticas.

El proceso de monopolizar el poder público (Fiscalía, Procuraduría, Defensoría del Pueblo, Ministerio de Justicia) como ofensiva contra el sistema de frenos y contrapesos bajo el mando unívoco del Presidente de la República es otra avanzada de la reacción uribista para ‘lavar’ sus culpas mediante el expediente de “hacer trizas” las estructuras de justicia transicional construidas en los acuerdos de paz de La Habana.

Mientras las Farc cumplen con los puntos básicos del acuerdo al entregar su armamento, según certificó Jean Arnaud, delegado de la ONU en Colombia (ver https://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/cifra-de-las-armas-de-las-farc-entregadas-a-la-onu-72968), y desmovilizar al 98 % de sus hombres en armas (ver https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-38888897), el proceso legislativo de implementación fue objetado y continúa ignorado olímpicamente por el Gobierno ante la ausencia de debate público.

Con ello, la ultraderecha se propone además impedir la comprensión de las tramas que conectan las construcciones del pasado y los imaginarios de resolución del conflicto, merced a lo cual se desecha con prejuicios ideológicos el conocimiento que manifiestan los diferentes actores como vías de solución a la confrontación armada y alternativas de pacificación, de respeto a la justicia y a sus dictados sobre la legitimidad democrática de la protesta social.

Un estudio complementado con la captura de datos y su tratamiento estadístico, a la par de su corroboración objetiva al amparo de un debate razonado que entrañe la correspondiente clasificación de hechos, haría expedito el camino para deducir evidencias que por ahora tienden a demostrar o a desvirtuar las numerosas hipótesis que sobre las características y desarrollo del conflicto circulan en los mentideros sociales y políticos.

Como lo escribiera en su tiempo el maestro Orlando Fals Borda en el prólogo a ese gran trabajo de investigación: La violencia en Colombia, esfuerzos de esta naturaleza no solo interpelarán objetivamente a la reacción dominante, sino que “se convertirían en una campanada que al redoblar hiera la sensibilidad de los colombianos y los obligue a pensar dos veces antes de volver a estimular el ciclo de la destrucción inútil y de la sevicia rebosante iniciada en 1949”, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

Alpher Rojas Carvajal

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