Las falacias del Estado de opinión

Las falacias del Estado de opinión

Mediante estrategias comunicativas de dominación intentan promover un hobbesiano Estado de opinión.

14 de julio 2019 , 11:49 p.m.

En aprovechamiento del espacio de promoción electoral de alcaldes y gobernadores, los propagadores de prejuicios del partido de gobierno (CD) y su cohorte ideológica de sectas religiosas apelan a mecanismos extraconstitucionales para salvaguardar sus intereses personales, a un paso de ser puestos a la sombra por los poderes e instrumentos legítimamente constituidos.

Instituciones hoy protegidas constitucionalmente, como la JEP y la Comisión de la Verdad, son interpeladas mediante la argucia de que en el plebiscito ganó el no; pretenden cambiar la estructura de la rama judicial –crear una sola Corte– y echar atrás decisiones como la incorporación de excombatientes y víctimas del conflicto al legislativo, y frenar el proceso de devolución de tierras. En esta propuesta, Uribe Vélez se juega su libertad y su espacio político, si nos atenemos al listado de personajes –con y sin uniforme– prestos a confesar la orientación de su administración ante la JEP.

Mediante estrategias comunicativas de dominación y distorsiones publicitarias enajenantes, como las utilizadas en el plebiscito por la paz de 2016, en la que acudieron a afianzar su causa guerrerista con falsedades (“estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”), intentan promover un hobbesiano Estado de opinión, no de derecho, para eliminar en buena parte la Constitución Política de 1991, modernizada por los bloques de constitucionalidad (convenios OIT, OMS, Unesco y ONU) y actualizada en términos de convivencia por los acuerdos de paz de La Habana.

Tal propuesta pone presente la contrariedad de esa ‘endogamia cultural’ que es el autodenominado (CD) con los límites impuestos por la ley y la constitución. De allí su pretensión de acudir a la manipulable opinión de las mayorías para superar las barreras y restricciones al ejercicio omnímodo del poder y la creciente tendencia a su concentración.

Cuando se habla de un Estado de opinión, la referencia identifica un modelo que apela a la voluntad de las mayorías. Desde esta perspectiva podría, a primera vista, otorgársele estatuto democrático al modelo, pues deposita su confianza (no el poder) en la ley, en aquellas pautas normativas que solo unos pocos legislan en representación de todos, si no en las decisiones que toma engañosamente la mayoría de la población. El eje del sistema democrático se rompe, trasladándose hacia otros poderes corporativos como el judicial, ajustado a las aspiraciones de impunidad del CD.

Sin embargo, esta figura entraña dificultades que es preciso evaluar a la luz de la situación de cultura democrática en aquellos niveles en que es determinante la participación ciudadana. Ello porque la llamada ‘opinión pública’ es sensible e irreflexiva frente a la manipulación mediática. Sus contradictorios estados de ánimo en un mismo proceso así lo revelan.

Sin la previa superación de la ignorancia y la superchería mediante el desarrollo de ‘una educación libre, laica y universal’ que hace de los ciudadanos personas libres, con capacidad de decidir responsable y conscientemente en un nivel aceptable de razonamiento, el Estado de opinión es solo un instrumento de manipulación. La capacidad analítica y reflexiva solo se adquiere por la ilustración formadora de conocimiento político planteada por Kant en esa monumental obra titulada '¿Qué es la ilustración?'.

En su formulación imprescindible (“la ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad”), el filósofo alemán sostiene que esta minoría estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro: “Uno mismo es culpable de esa minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro; ‘sapere aude:’ ¡ten valor de servirte por tu propio entendimiento!”.

El gobierno de Uribe Vélez no fue propiamente el de un estadista democrático. Marcado por el estigma de los falsos positivos, eliminación y desplazamiento de millones de campesinos y la corrupción con la yidispolítica, merced a la asignación de notarías, además de los beneficios recibidos por sus hijos, Agro Ingreso seguro. El expresidente –hoy subjúdice– (vea: ‘Corte Suprema deja en firme llamado a indagatoria a Álvaro Uribe’) “por soborno y manipulación de testigos” mantiene un extraño nivel de popularidad. En ese estado de inconsciencia colectiva hubiesen podido aprovechar la ingenuidad ciudadana, modificar la estructura del Estado y autoproclamarse emperador vitalicio.

Por ello el Estado de opinión podrá ser solo cuando la gente tenga educación integral y el conocimiento político indispensable para entender la magnitud de lo que está en juego y la responsabilidad que significa ser libre para vivir en democracia.

ALPHER ROJAS CARVAJAL

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