Las alcabalas disfrazadas

Las alcabalas disfrazadas

El eje productivo del PND está centrado en la economía naranja, un embeleco posmoderno.

06 de junio 2019 , 07:00 p.m.

A las bases sociales y clases medias organizadas, así como a la masa crítica de científicos sociales, es decir, a aquellos sectores que poseen un determinado capital cultural, académico y profesional, el examen interdisciplinario del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 (PND) les ha dejado la perturbadora sensación de un mecanismo de reproducción ideológica, antes que un proyecto democrático con soluciones a problemas sociales y económicos.

Las alarmantes señales de fortalecimiento del modelo neoliberal que, entre otras muchas cosas lamentables para un Estado social y democrático de derecho, estructura una reforma tributaria encubierta, entrega facultades ilimitadas (un ‘cheque en blanco’) para la reestructuración de la administración estatal, al tiempo que apoya la aspersión de cultivos ilícitos con glifosato y el ‘fracking’ petrolero y minero, muestran que no tiene el propósito de auspiciar dinámicas sociales generadoras de equidad.

Todo ello determina un sombrío horizonte para el país a partir del irresponsable trámite congresional estimulado por los partidos Centro Democrático y Conservador, Mira y Justos y Libres (el mismo sujeto con distinta máscara), salvo los legisladores de las fuerzas alternativas e independientes (Colombia Humana, Polo Democrático, ‘Verde’ y de ‘la U’), cuyos voceros dejaron severas constancias sobre su oposición al alcabalero mamotreto.

Según los ejercicios de simulación de especialistas de las universidades Nacional y Los Andes, Cinep y Cedetrabajo sobre el PND, 40 puntos básicos del PIB en los próximos años dependerán del milagro incierto de los precios del petróleo y no de incrementos sustanciales en la producción agraria e industrial.

El eje productivo del PND está centrado en la economía naranja, un embeleco posmoderno sin respaldo institucional ni tecnológico; disfrazado de emprendimiento, que en buen romance es lo mismo que hacen en nuestro medio Rappi y Bonice, empleos precarios (o basura, como lo llaman en Francia) sin prestaciones sociales.

Por otro lado, mientras en el PND la educación representa el 0,0 % del crecimiento del PIB, a la defensa, justicia y seguridad se destina el 10,1 % de las inversiones. Tal es la noción de ‘equilibrio’ que tiene el gobierno Duque-Uribe de la ecuación ‘equidad’.

Desde la formulación del plan, evidentes inconsistencias de carácter técnico consagran —en calculada dispersión— su oposición al compromiso histórico de la paz, a cuyos programas les limita sustancialmente los recursos y les incluye “disposiciones” para impedir la aplicación integral del punto primero del acuerdo final de paz, dedicado a la transformación rural integral.

En reciente columna, el exministro de Estado Juan Camilo Restrepo escribió certeramente: “Algunos miembros del partido Centro Democrático están interesados en borrar la política agraria progresista que se dio Colombia a partir de los acuerdos de paz”.

La reforma agraria ya tramitada dentro del articulado del PND busca derogar la prohibición de concentrar tierras, avalándola para casos de utilidad pública e interés social, eso sí, sin las limitaciones y protecciones ya fijadas por la Corte Constitucional: “Dar prioridad a la dotación de tierras a la población campesina y étnica, con respeto por las normas ambientales”.

Sin embargo, allí no termina la ambición latifundista del uribato, puesto que, además de respaldar sin términos la concentración de tierras, reconoce una inédita categoría, la de las “expectativas de propiedad”, lo que indica que habrá nuevas incursiones de los privados sobre las tierras públicas. En esa misma línea, legaliza el despojo de baldíos de la Nación vía prescripción judicial contra las sentencias de la Corte Constitucional sobre imprescriptibilidad de baldíos y la necesidad de que el Estado cense e identifique todas sus tierras para prevenir la apropiación ilegal por particulares y el detrimento patrimonial del Estado.

Como si fuera poco, la introducción de ese articulado lleva un inusitado mensaje de elogio a los gobiernos de Uribe Vélez, su ‘presidente eterno’ y quien lo sacó de su chistera de nigromante y lo impuso candidato y presidente —aprovechando la incultura y la miseria moral sembrada por la clase política tradicional entre el ingenuo electorado— para oponerlo con ‘fake news’ y, con mucho dinero, distorsionar, tergiversar y volver temible el programa progresista de la Colombia Humana.

Sal de la rutina

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