La sociedad sitiada se sacude

La sociedad sitiada se sacude

Una suerte de nuevo espacio público a través del cual la ciudadanía manifiesta su inconformidad.

02 de diciembre 2019 , 07:00 p.m.

Las masivas movilizaciones humanas, los conciertos públicos y los cacerolazos realizados sin pausa desde el jueves 21 de noviembre en todo el país (no 207.000, como mal informó uno de los comandantes de la Fuerza Pública en su irónica aritmética, sino millones de personas) por estudiantes, trabajadores, organizaciones femeninas, etnias indígenas y comunidades afrodescendientes, ambientalistas y organizaciones culturales de carne y hueso son consecuencia y no causa del malestar colectivo que reina en la sociedad actual.

Más allá de incentivar el dinamismo ciudadano para sacudir el marasmo social frente al desbarajuste institucional y el mal gobierno, estas acciones colectivas, representadas en inmensas multitudes que marchan alegres y con objetivos claros, son una suerte de nuevo espacio público a través del cual la ciudadanía manifiesta su inconformidad con expresiones creativas y novedosas (“¡ven, seremos más!”), ejerce su libertad de mirar la realidad social desde un punto de vista disidente y crítico frente a las corrientes dominantes del estatu quo y exige seriedad y cumplimiento en los planes de gobierno, justicia social, reducir la desigualdad y democratizar la sociedad.

Son, especialmente, una forma de recoger —en el ágora ciudadana— el hilo de ese encadenamiento acumulativo de antiguas expectativas burladas por la concentración de la riqueza y las oportunidades determinadas por el modelo de democracia imperfecta que nos impide respirar aires más sanos, y que acrecienta la corrupción pública y la violencia privada e institucional, como flagelos que han impedido el ensanchamiento de los márgenes de bienestar para las mayorías marginadas.

Es inocultable que esta multicolor y pluralista movilización social con la fuerza persuasiva de su vigorosa presencia entraña un potencial de tal magnitud que, de persistir en el tiempo y en el espacio, puede llegar a condicionar el comportamiento de actores públicos y del resto de la sociedad hacia sus justas exigencias.

Aparte de aislados actos de vandalismo, propiciados y cometidos por los enemigos de la paz y las reivindicaciones sociales, identificados con el sector más cavernario del partido de gobierno, mezclado con células extremistas y bandas delincuenciales afines, las consecuencias de estas inmensas movilizaciones sociales provocaron reacciones distintas en las élites dominantes, tantas como los abusos del Esmad, una de cuyas acciones de fuerza bruta le quitó la vida al joven estudiante Dilan Cruz.

A su turno, el Presidente de la república salió de manera precipitada a estigmatizar a los convocantes y a descalificar las causas de la marcha en contradicción con las cláusulas específicas de su Plan Nacional de Desarrollo, en las cuales están consignadas las bases gravosas de las reformas laboral y pensional.

El conjunto de normas económicas del PND está dirigido a fortalecer la identidad de nuestro sistema socioeconómico con los dictados del modelo (‘prorrico’) neoliberal impuesto desde el gobierno de César Gaviria Trujillo. Esto es: maximización de utilidades, privatizaciones, enajenación de activos públicos a menos precio y reducción del gasto público social con progresivas eliminaciones de subsidios a los sectores menos favorecidos por la institucionalidad. Una forma de bloquear la dinámica social.

De manera afortunada, de las vigorosas movilizaciones sociales se desprenden consecuencias favorables que resultan altamente beneficiosas para el conjunto social, aunque aún sean imposibles de calibrar en toda su dimensión y calidad, y que de alguna manera vienen siendo estimuladas por procesos anteriores como el plebiscito anticorrupción y el proceso de paz.

Una de ellas es el (tardío) reconocimiento presidencial de su legitimidad como expresión ciudadana. Queda así fortalecido el propósito colectivo de reivindicar aplazadas demandas sociales, frente a elementos como la implementación de los acuerdos del proceso de paz que en forma lamentable continúa en manos de los actores tradicionales más retardatarios.

Producto de dicha legitimación, el Presidente de la república ha invitado a los convocantes del paro cívico nacional, no a los protagonistas de las movilizaciones, a “un diálogo social” sobre la agenda que él mismo organizó y cuyos puntos no coinciden con las exigencias de la acción colectiva. Entonces, la marcha continúa.

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