La reacción de Donald Trump

La reacción de Donald Trump

Quedó a la vista la hondura de la crisis por la que atraviesa 'la primera democracia del planeta'.

19 de enero 2021 , 09:25 p. m.

El ‘sorpresivo’ asalto al Capitolio norteamericano en Washington, que terminó con heridos y muertos por impactos de balas, fue un oscuro episodio sedicioso programado y coordinado por los seguidores y aliados del führer ultraderechista Donald Trump, desde el mismo instante en que los sondeos electorales empezaron a mostrar tendencias favorables al candidato demócrata, el decente e ilustrado ciudadano Joe Biden y a su brillante y progresista compañera de fórmula Kamala Harris.

No se trataba solo de salvaguardar por las vías de la fuerza bruta (ráfagas, vidrios rotos, gases lacrimógenos, multitudes desbordadas) la vigencia política de la derecha o la fortuna multimillonaria de este tragicómico magnate gringo y de sus ‘supremacistas blancos’, lo que este asintomático caballero representa de modo preferente, al darle vuelta a los resultados: asegurar el fortalecimiento del modelo de maximización de utilidades.

Con este modelo, sus ideólogos y orientadores Ronald Reagan y Margaret Thatcher, en los 80, se propusieron amparar las estructuras políticas de la extrema derecha, tanto en su propio país como en su llamado despectivamente ‘patio trasero’. Los presidentes republicanos (o conservadores) habían calibrado a cabalidad la sumisión de los ‘mandatarios’ de la región y les ‘sembraron’ ese modelo de libre mercado como línea de máxima prioridad para incrementar, entre otras perspectivas del ‘econometrismo de bodega’, el consumismo ocioso.

Este modelo tuvo como capitán, en el hemisferio sur del continente –en los ochentas–, al dictador Augusto Pinochet, el más emblemático portaestandarte de la doctrina de los llamados ‘Chicago boys’, quienes a su turno se adoctrinaron en los textos fundacionales de los economistas Friedrich Hayek y Milton Friedman, cabezas del liberalismo clásico económico. En estas corrosivas canteras abrevaron, por cierto, todos los presidentes colombianos del siglo XXI, y de las dos últimas décadas del siglo anterior.

Como consecuencia se impidió la redistribución equitativa de los bienes públicos materiales y simbólicos y sobrevino un lastre de pobreza y miseria, altas tasas de desocupación laboral, crecimiento de la informalidad, con lo cual se afectaron los derechos civiles y humanos de gran parte de la población y creció un conflicto armado, social y político que, en 50 años, llenó de sangre y lágrimas los campos de Colombia.

Este modelo, como recordarán mis apreciados lectores, fue pactado por César Gaviria Trujillo en aquel fatídico ‘Consenso de Washington’ y capitaneado en el Congreso de la República de entonces por el caudillo ultraderechista del ‘Centro Democrático’ Álvaro Uribe Vélez, aliado de Donald Trump, por cuya indebida intromisión en el proceso electoral en contra del nuevo presidente Joe Biden en el Estado de La Florida ha empezado a ser investigada por el Congreso de los EE. UU.

Ahora, los latinoamericanos entenderán que el lastre de patologías sociales que padecen nuestras comunidades y gran parte de la población diversa de los EE. UU. no es consecuencia del desastroso legado que deja tras de sí la dinámica de una pandemia expansiva o la ruptura del tejido social y las normas cívicas trastornadas, en un país corroído por la injusticia racial y la xenofobia.

Es el panorama crítico de corrupción que se apropió de 74 millones de electores sin libertad de conciencia ni criterios democráticos que eligieron y estuvieron a punto de reelegir a una persona con serios problemas de comportamiento, un sujeto con la ‘teja corrida’, como se dice en nuestro medio para señalar a aquellos individuos con trastornos de personalidad como Trump, que llegó a proclamar América First cuando en el horizonte aparecía la pandemia que hoy gobierna al mundo, por ausencia de Estado democrático, social y de derecho.

Con este episodio dramático ha quedado a la vista la hondura de la crisis por la que atraviesa ‘la primera democracia del planeta’, que ahora se descubre en todo su horror debido a las gracias de Donald Trump.

Las estructuras democráticas de EE. UU. han cedido y decaído de modo estrepitoso con los presidentes republicanos Nixon, Reagan, Bush y Trump, gangsters armados, de poca formación intelectual y académica si los comparamos con las grandes figuras democráticas, cuyo sólido conocimiento sociopolítico y humanista los destaca como figuras ilustradas y ecuánimes: John Fitzgerald Kennedy, Jimmy Carter, Bill Clinton y Barack Obama, que acrecentaron el patrimonio democrático e intelectual y científico de los norteamericanos. Mientras los últimos republicanos se llevaron de calle las conquistas admirables alcanzadas con el avance de la ciencia, la tecnología, la conquista del espacio y sus numerosos premios Nobel.

El mundo tiene ahora, sin embargo, la esperanza de que el mandato progresista y humanista de Joe Biden y Kamala Harris traigan nuevos aires de paz y concordia para la humanidad. Y que a Colombia llegue la prometida Colombia Humana, con justicia social, sostenibilidad ambiental y ética pública.

Alpher Rojas Carvajal
Investigador en ciencias sociales, magíster en estudios políticos y culturales.

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