La pandemia, un hecho sociopolítico total

La pandemia, un hecho sociopolítico total

Este hecho ha desajustado los modelos de vida y ha sorprendido al modelo económico neoliberal.

03 de junio 2020 , 08:34 p. m.

El conocimiento científico es hoy, más que nunca, una fuente de información indispensable para analizar los efectos sociales y advertir sobre las nuevas formas de desigualdad –y de mayores desequilibrios de poder– que pueden derivarse de la encrucijada a la que nos enfrenta la pandemia de covid-19. La humanidad está viviendo –con miedo, sufrimiento y perplejidad– una experiencia inaugural.

Según la revista de ciencia 'The Lancet', “todo está yendo muy rápido. Ninguna pandemia fue nunca tan fulminante ni de tal magnitud”. Surgido hace un poco más de cien días en una lejana ciudad desconocida del continente asiático, el virus ha recorrido ya todo el planeta y ha obligado a encerrarse en sus hogares a millones de personas. Algo solo imaginable en el Medievo…

Este hecho sobreviniente y globalizado, por su dinámica, ha desajustado los modelos de vida a los que estábamos acostumbrados y ha sorprendido al modelo económico neoliberal con todo y su sistema prorrico, de maximización de las utilidades, privatización de lo público y reductor del gasto social que, como ya lo padecimos en Colombia y Chile, tuvo sus efectos nefastos en la crisis del sistema sanitario. Sorprendió, también, a los gobernantes y a sus partidos políticos de apoyo, sin preparación cualificada para asumir los retos que la hora presente demanda.

Asumir el proceso de contención del contagio sin conocimiento científico dejará no solo una gran mancha luctuosa en las estadísticas de mortalidad de la historia, sino miseria multidimensional y una agresiva concentración de la riqueza en pocas manos, además de secuelas de conducta que se convertirán en hábitos, prácticas y costumbres que volverán trizas el entramado sociopolítico y la convivencia civilizada entre los colombianos.

Comoquiera que las sociedades son realidades cambiantes sujetas a procesos continuados, el contagio veloz del virus nos está imponiendo otras pautas de convivencia cuya sistematicidad y ritmos pueden convertirse en trazos normativos que derivarán en procesos culturales o, en términos del sociólogo alemán Norbert Elias, en nuevos procesos civilizadores. (Un proceso civilizador es aquel que involucra dos dimensiones distintas que terminan entrecruzándose cambios en la conducta personal y en la cultura societal).

Como si fuera poco, ese modo de propagación del virus y las medidas para producir aislamiento social ponen en evidencia uno de los eslabones más débiles de nuestra
sociedad: la ausencia de disciplina social, que incubará modelos diferentes a nuestras tradiciones culturales y políticas y, sin duda, en un mediano plazo producirá cambios en la institucionalidad pública. Esta situación –por la división y el aparente desinterés de los sectores democráticos– podría conducir a un afianzamiento del sistema autoritario dominante en nuestro país.

Entonces, cabe preguntarnos ¿cómo impactarán los cambios propuestos por tales medidas sobre la vida cotidiana de varones y mujeres y, especialmente, en aquellos adultos mayores ahora denominados irónicamente “abuelitos”? Y a quienes se les ha despojado por el gobierno godo-uribista (dispensen el pleonasmo) de su carácter dinámico y procesual para convertirlos –parafraseando a Elías– en mónadas estáticas e inmutables”. Así las cosas, otra de las lecciones que nos deja esta emergencia sanitaria se refiere a la ausencia de los cuidados demandados por esta cohorte poblacional, así no fuera sino para recuperarse subjetivamente del paréntesis en el que entran como personas.

Si los encargados de diseñar y construir las políticas públicas se hubiesen asesorado de científicos sociales, expertos en el análisis crítico de grupos poblacionales, hubieran comprendido que todas las personas requieren en este momento de sistemas de prevención y previsión, alimento, abrigo, asistencia terapéutica, compañía y en tal sentido habrían adecuado la legislación haciendo compatibles las necesidades individuales (una renta básica individual), el fácil acceso a bienes y servicios, la modernización y la localización geográfica y de recursos del sistema sanitario, etc.

A estas alturas, ya nadie ignora que la pandemia no es solo una crisis sanitaria. Es lo que en las ciencias sociales calificamos de “hecho social total”, en el sentido de que convulsiona el conjunto de las relaciones sociales y conmociona a la totalidad de los actores, de las instituciones y de los valores.

Según Foreing Affaires nadie está en condiciones de interpretar y clarificar con conocimiento este extraño momento de tanta opacidad, cuando nuestras sociedades siguen temblando sobre sus bases. Y no existen señales que nos ayuden a orientarnos…” Un mundo se derrumba. Cuando todo termine, la vida ya no será igual.

Alpher Rojas Carvajal
Investigador en Ciencias Sociales,
Magister en Estudios políticos y Culturales.

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