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Impactos sociolingüísticos de la pandemia

Impactos sociolingüísticos de la pandemia

La sociedad asiste a una fuerte presión discursiva, cuyo curso ha derivado en un confinamiento.

29 de diciembre 2020 , 09:25 p. m.

La sociedad global asiste a una fuerte presión discursiva, cuyo curso ha derivado en un confinamiento lastimoso, originada en los sectores dominantes asociados a las economías especializadas del proceso productivo de la vacuna, con la que se intenta frenar la dinámica expansiva de la pandemia de covid-19.

Frente a esta situación, los actores más representativos de este lado no han reflexionado conscientemente, con criterio analítico, acerca del desarrollo de la patología, o sobre la calidad, eficacia y seguridad del hipotético medicamento y ajustarse a una eventual desescalada en el mediano plazo (‘El cambio de tendencia en los contagios es preocupante y precisa reconsiderar las medidas’, El País, Madrid, 19/12/20).

Sin duda, ello les permitiría expresar conceptos críticos que harían brillar la verdad de lo que en realidad nos está sucediendo y tendríamos algo de claridad acerca de las expectativas sobre el futuro de la humanidad que, por ahora, luce bastante sombrío.

La construcción progresiva de la estructura de control social en marcha, con heterogénea formulación de ‘soluciones’ parciales, intenta ‘paliar’ psicológicamente el impacto de la peste, al estimular la configuración de contextos sociales determinados que, en esencia (antes que fomentar la cultura ciudadana), limitan las libertades públicas e impiden el desarrollo de proyectos colectivos democráticos, al tiempo que terminan convirtiéndose en una de las muchas formas (legitimadoras) del poder neofascista. Hoy observamos cómo tapabocas, mascarillas, barbijos son antiguallas de la cultura oriental revividas para silenciar las voces discrepantes.

Sumados a otros factores, ya sean inducidos, ignorados o admitidos por los grupos poblacionales concernidos, manipulan discursivamente a capas cada vez más amplias. Muchas veces influyen en las mentes de las personas y posiblemente en sus acciones, mientras se dilata la producción ‘definitiva’ del invento que las transnacionales farmacéuticas construyen al ritmo lento de su tiempo (https://www.eltiempo.com/salud/cuantas-personas-en-el-mundo-podran-recibir-la-vacuna-de-covid-19-555062), sobre su cálculo utilitario, al amparo del modelo neoliberal.

Además de la rígida disciplina conductual y los estrictos protocolos sanitarios, un modelo mental como el que se propone capturarnos, tiene una profunda incidencia en el sistema educativo y en el comportamiento doméstico en las unidades familiares, al introducir cambios en las costumbres y hábitos, además de la finalidad de inducir consumos masivos de productos, muchas veces inocuos, con los cuales se pretende crear falsas ilusiones de protección, que en ocasiones son tomadas sin previsión y, luego, asumidas como verdades por las mayorías fácilmente influenciables:

En términos del erudito investigador hebreo Yuval Noah Harari, por cuenta del berenjenal que padece el planeta, “hacia el 2050 podría surgir una clase ‘inútil’, debido no solo a una falta de trabajo o de educación pertinente, sino también a una resistencia mental insuficiente”.

Entre tanto, las plataformas digitales, redes sociales –y, en general, los productos de la tecnología disruptiva–, con sus multitudinarias caudas de autómatas difunden a los cuatro vientos diagnósticos sin apoyo científico actualizado o informes que mezclan estadísticas diversas con noticias falsas (fake news) o posverdades sobre avances tecnológicos en las corporaciones de la química o de concluyentes e inminentes procedimientos salvadores en los campos de la biología, sin citar fuentes reconocidas o atribuyéndolos a autoridades especializadas que, al ser contrastadas desde la investigación científica o la academia universitaria, resultan mentirosas o, cuando menos, inexactas e inapropiadas.

Sin embargo, debemos entender que esos ‘textos’ (los mensajes) son moldeados por sus contextos, es decir, por las propiedades relevantes de la situación social. Estos contextos no son un tipo de realidad social ‘objetiva’ o una situación social ‘real’, sino ‘constructos subjetivos de lo que ahora es relevante en dichas situaciones sociales’. En psicología cognitiva, estas construcciones subjetivas de situaciones o eventos se denominan modelos mentales.

Así, los sectores poblacionales más pobres geográficamente localizados –que suelen ser los más afectados por la patología– ven cómo día tras día se desvaloriza su propiedad, al tiempo que los grupos más solventes se felicitan por el creciente ascenso valorativo de sus propiedades en el mercado inmobiliario, precios que se deterioran o incrementan al socaire de la localización de grupos afectados o espacios libres de contagio.

Ahora bien, por doquier han surgido sistemas y programas dotados de algoritmos ‘censitarios’ que toman los datos individuales de las personas, con lo cual estaríamos siendo registrados en un sistema informático que ausculta todos nuestros movimientos hasta ‘leer la mente’ (ver: https://www.eltiempo.com/tecnosfera/novedades-tecnologia/facebook-desarrolla-dispositivo-para-leer-las-mentes-555536), en determinados casos con destino (inadvertido) a los organismos de seguridad y defensa del Estado, o a las maquinarias electorales del país, que así se apoderarían de toda nuestra información reservada, con lo cual nos harían vulnerables; todo, supuestamente, con el propósito de controlar la pandemia.

Alpher Rojas Carvajal

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