Duque o la carencia de voluntad propia

Duque o la carencia de voluntad propia

Su talante involucionó hasta adaptarse a ese ‘statu quo’ político y a la economía de libre mercado.

27 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

La opinión de quienes una década atrás tuvieron trato amplio con el joven Iván Duque Márquez acerca de sus calidades intelectuales y destrezas administrativas no es distinta de la de quienes hoy lo observamos desde el pensamiento crítico-reflexivo en su ejercicio presidencial.

Salvo su benefactor —y a un tiempo feliz beneficiario—, el mesiánico caudillo Álvaro Uribe Vélez, ni siquiera las encuestas lo favorecen. “Todo se torna más oscuro si la sombra de la ignorancia la proyecta quien lleva la antorcha”, escribió el notable intelectual y teórico político Norberto Bobbio, un autor —ya clásico— que es imposible no citar a la hora de referirse a asuntos éticos y humanistas en la responsabilidad política.

Egresado de la Universidad Sergio Arboleda (nombre del hacendado payanés, esclavista, militar y, simultáneamente, ideólogo del conservatismo más recalcitrante), en la biblioteca de Duque el mundo histórico comienza no en las páginas fundacionales de Herodoto ni en ‘El origen de las especies’, la obra maestra de Charles Darwin, sino en la biografía ¡ay! de Julio César Turbay, el gobierno del estatuto de seguridad (1978-1982), prefacio de la política pública guerrerista de Uribe Vélez: la seguridad democrática (2002-2010).

Los especialistas en el análisis del discurso advierten en las elucubraciones del hoy mandatario la simplicidad del audaz posadolescente, un ‘enfant terrible’ que no ha escrito nada —nada bueno, se entiende— que valga la pena estudiar con atención en el amplio arco del saber desde los principios democráticos, la filosofía política o la teoría crítica de la historia.

Desperdició su privilegiada mocedad (sin adscripción partidista alguna) en inocentes bagatelas antes que campear, como el resto de su generación, por las alamedas del intelectual progresista que aspiraba a cambiar la sociedad con principios éticos y reglas democráticas, mientras en Francia —nuestra matria de los derechos humanos—, la juventud en marcha desplegaba su potencial emancipatorio.

Entonces llegó al BID como telonero de eventos promovidos por Luis Alberto Moreno, quien, si la suerte le da de nuevo la espalda a nuestro sufrido país, podría ser el próximo candidato presidencial (en realidad una franquicia) continuista del régimen de hegemonía neoliberal impuesto y sostenido ‘a troche y moche’ por la triada Gaviria-Pastrana-Uribe, hoy de nuevo aliada en torno a la candidatura del delfín Miguel Uribe Turbay a la alcaldía de Bogotá.

El talante de Duque involucionó hasta adaptarse a ese ‘statu quo’ político y a la economía de libre mercado, premoderno embalaje con el cual desplazó a sus contendores menos presentables del arcaizante Centro Democrático.

Duque llegó a la presidencia de la república —ya sabemos cómo y a qué costos— sin un ‘background’ para altas dignidades estatales (Vea: Iván Duque no se especializó en Harvard, como dice su hoja de vida - Pulzo). Sin embargo, pronto se convertiría en el celoso guardián de la dominación autoritaria constituida por su presidente eterno.

A un año de ejercicio ‘presidencial’, Duque no ha desarrollado la institucionalidad para la paz ni modernizado las reglas del entendimiento político para bajarles el nivel a las agudas tensiones que agobian a Colombia. Al hacerle el juego a la política antiambientalista de Bolsonaro, empieza a ser cercado por la comunidad internacional, que, además, tiene su mirada puesta en la preservación de los derechos humanos y en la ola de violencia que extermina a los líderes sociales y defensores de derechos humanos de Colombia, ante la decidía gubernamental —227 asesinados bajo su ‘gobierno’, según Indepaz

Las estadísticas del desempleo son negativas: el 10,1 por ciento de la fuerza de trabajo total (de 22,2 millones en capacidad de ocuparse, más de dos millones continúan buscando algo qué hacer en la economía formal sin conseguirlo), pese a que la tasa de participación se contrajo en más de medio millón.

En 13 ciudades del país es especialmente dramática la destrucción de casi un millón de empleos: 968.400. Sin contabilizar la pesadilla del crecimiento económico, que en el primer semestre fue mediocre, las cuentas externas reflejan déficits crecientes y proyectan una devaluación considerable de la tasa de cambio para este año: Economía colombiana crecería por debajo del 3% en el 2019. Es decir, escasas oportunidades de movilidad vertical (de ocupación e ingresos).

En general, la agenda gubernamental: legalidad, emprendimiento y equidad es la de quien no ha entendido aún las dimensiones de sus responsabilidades como guía del Estado. La imagen que transmite es la de un ser que bascula entre los abucheos de la opinión y el descontento de quienes lo impusieron y continúan ordenándole pautas de comportamiento.

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