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El liberalismo y Virgilio Barco Vargas

El liberalismo y Virgilio Barco Vargas

Ser presidente de este país no es fácil y a Barco le correspondió, además, una época muy compleja.

02 de febrero 2021 , 09:25 p. m.

Si faltaran pruebas sobre la honda crisis ética y la deficitaria credibilidad democrática, y de liderazgo moral que afecta al Partido Liberal colombiano, su sospechoso silencio frente al ímprobo señalamiento del periodista Alberto Donadío (https://losdanieles.com/columnista-invitado/virgilio-barco-y-el-exterminio-de-la-up/), en relación con la supuesta participación del presidente Virgilio Barco Vargas como ‘determinador’ en el exterminio de la Unión Patriótica (UP), las pondría en evidencia.

De hecho, y aun cuando ya se ha escrito con claridad meridiana por analistas políticos y académicos como Malcolm Deas, Carlos Caballero Argáez y Rafael Pardo Rueda o constitucionalistas de la talla de Óscar Alarcón Núñez, que la gestión del presidente Barco (1986-1990), dadas las calidades democráticas y morales que inspiraron sus ejecutorias como ministro de varias carteras o alcalde mayor de Bogotá no necesita defensa, es preciso entrar al debate con argumentación basada en la historia y en la verificación científica, recurriendo a la contrastación factual de los hechos y a las “líneas de tiempo” graficadas por las publicaciones especializadas.

Virgilio Barco Vargas, ingeniero de la Universidad Nacional de Colombia y máster en Ingeniería del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), fue presidente de Colombia tras batir el 25 de mayo con el 58 % de los votos –el mayor porcentaje obtenido nunca por un candidato a la suprema magistratura del poder ejecutivo– al aspirante presidencial Álvaro Gómez Hurtado.

No obstante las credenciales impecables que parte de la opinión reconoce en el trabajo periodístico de Donadío, una columna –como la referida– construida sobre bases probabilísticas y condicionales, deja a la suerte hermenéutica del lector la comprobación memorística de algunos hechos no completamente demostrados.

Al respecto, el historiador Medófilo Medina, en reciente columna (http://lalineadelmedio.com/barco-determinadordelexterminiodelaup/), advierte un grave error en el escrito de Donadío en ‘Los Danieles’: “No reveló la identidad de su informante clave en la construcción de su narrativa”. Y agregó: “El exterminio de la Unión Patriótica fue el producto de la alianza de militares, terratenientes, ganaderos, caballistas, narcotraficantes, gamonales de partidos políticos, que se empezó a articular en algunas regiones y avanzó a otras para terminar configurando un modelo nacional (...) Desde el principio, la participación del Estado y de varias de sus instituciones se hizo evidente, al final del decenio de 1970, cuando la izquierda alcanzó una figuración notable en debates electorales”.

En apoyo de sus reflexiones críticas, el reconocido investigador de la Universidad Nacional registra en la misma columna el comentario atroz del general Rafael Samudio Molina en sus tiempos de ministro, cuando el Consejero de Paz Carlos Ossa Escobar, una fuente indudable, le expresó su honda preocupación, pues todos los días estaban matando a un integrante de la UP! La respuesta del general fue: “A ese ritmo, no van a acabar nunca”.

Ser presidente de este país no es tarea fácil y a Virgilio Barco le correspondió, además, una época muy compleja desde la perspectiva del orden público. Sin embargo, fue un liberal de convicción y de partido y estableció, por primera vez, el esquema gobierno-oposición propio de las democracias occidentales: por tal razón, el Partido Conservador, liderado por Misael Pastrana, quedó al margen de su participación gubernamental.

Durante su presidencia hubo una fuerte confrontación entre el Gobierno y los principales carteles de las drogas. Sin embargo, Barco allanó el camino para la reforma constitucional de 1991, llevó a cabo una exitosa política de paz que culminó con la reintegración del grupo guerrillero M-19 a la vida civil del país, enfocó la inversión estatal en reducir la pobreza, implantó una ambiciosa política de protección de la diversidad cultural y biológica de la Amazonía y proyectó el diseño de varios parque naturales.

Con el fin del M-19 como guerrilla, Colombia entró en una nueva etapa, al estimular el plebiscito propuesto por el estudiantado universitario, denominado la ‘Séptima Papeleta’ en las elecciones de marzo de 1989, que convocó la Asamblea Nacional Constituyente para reformar la reaccionaria Constitución nuñista de 1886.

La complejidad de la situación enfrentada por el presidente Barco y la importancia de su período presidencial, visto desde una perspectiva de largo plazo, fue un ejercicio al cual la Escuela de Gobierno de la Universidad de Los Andes confirió central prioridad dada la falta de investigación académica sobre los presidentes.

Treinta años después de iniciado su mandato, esta institución de educación superior produjo una extraordinaria retrospectiva de ese período y analizó con rigor los alcances de su obra de gobierno. Certeramente, los autores de este importante producto académico reseñaron la época en términos indiscutibles: Virgilio Barco enfrentó con carácter esas dificultades de seguridad pública y sentó las bases para los procesos de reforma institucional y económica que tendrían lugar en la Constitución Política de 1991.

Alpher Rojas Carvajal

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