Un debate conveniente

Un debate conveniente

Resulta más democrática y transparente la participación abierta que la encubierta en el gabinete.

04 de diciembre 2018 , 06:57 p.m.

Al parecer, en esta legislatura –marcada por un cambio en la relación Ejecutivo-Legislativo–, aparte de la prórroga con modificaciones de la Ley 418 de 1997, sobre instrumentos conferidos al Presidente para llegar a acuerdos de paz con grupos armados, y probablemente con sustanciales cambios la reforma tributaria, solo la llamada ‘reforma política’ será aprobada en primera vuelta para continuar el trámite reglamentario a partir de marzo próximo.

Este proyecto de acto legislativo (AL) contiene algunas de las propuestas que desde años atrás se han planteado para ‘mejorar la política’. Destacaría, como ya lo he dicho, la eliminación del voto preferente vía lista cerrada –con instrumentos de democracia interna–, abaratando las campañas y ayudando al surgimiento de verdaderos políticos para la oposición o el Gobierno.

También se justifica –aun cuando puede tener problemas en la implementación– incluir un 50 por ciento de mujeres en todas las listas a corporaciones públicas de elección popular.

Si bien no vuelve al Senado regional, sí dispone que todos los departamentos deban tener por lo menos un senador, pues hoy en día, con la circunscripción nacional, los de la media Colombia y otros como Chocó, Quindío y San Andrés no lo tienen. Deseable en este punto es llegar a lo que sostuvo López Michelsen al criticar la Carta del 91: Senado regional y circunscripción nacional para las minorías que solo pueden alcanzar el umbral sumando votos en distintas regiones del país.

Discutible eficacia reviste limitar a tres periodos la permanencia en corporaciones públicas: si se lo ubica en la lucha contra la corrupción, no se es más o menos corrupto por estar mucho o poco tiempo en Senado y Cámara, por ejemplo.
Aun cuando no tiene el pleno apoyo del Gobierno, es válido discutir a fondo la propuesta de volver al sistema en que los congresistas, previa renuncia a la curul, podían entrar al gabinete ministerial.

En todas las prohibiciones que hemos tenido, la idea subyacente es preservar la independencia del congresista: si existe la posibilidad de ‘entrar al Gobierno’, tendría menos motivos y ánimos para criticar u oponerse a la Administración, lo que afectaría la ‘separación de poderes’.

En el siglo XIX comenzó esa restricción, pues al presidente solo se le permitía designar a los parlamentarios en cargos de cierto nivel como ministros o jefes de misión diplomática. Así se mantuvo durante toda la vigencia de la Constitución de 1886.

Dos fenómenos dieron lugar a que se criticara esta figura: de un lado, que existían ‘suplentes personales’, lo que permitía que el titular fuera al Congreso y el ‘suplente’, al Gobierno o viceversa. Y que el parlamentario ministro, terminado su desempeño gubernamental, pudiera volver al Congreso.

En el 91 se eliminó la figura del suplente y se determinó que el congresista solo puede entrar al Gobierno un año después de aceptada su renuncia a la curul.

En el pasado hubo muchos y muy buenos ministros que salieron del Congreso. Es más: la Constitución establece que los ministros son órganos de comunicación entre el Congreso y el presidente, y para ello ¿qué mejor fórmula que puedan salir del propio parlamento para facilitar la labor legislativa?

A simple vista, es más dañino el sistema actual, en el que el Presidente no puede nombrar como ministros a los congresistas, pero sí a los amigos, parientes, cónyuges o compañeras permanentes de estos, con lo cual se afecta la autonomía del parlamentario, aparte de que si es ministro, asume el éxito o fracaso de su gestión, lo cual no ocurre cuando lo hace por interpuesta persona.

Prueba reina de la perversidad de la prohibición es que cuando se discutió el AL que permitió la reelección inmediata de Álvaro Uribe, más de 70 congresistas se declararon impedidos para votarla –así se hubieran negado recíprocamente los impedimentos–, con el argumento de que tenían parientes en el Gobierno.

Resulta más democrática y transparente la participación abierta que la encubierta en el gabinete.

Columnistas

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.