Profesores, técnicos y políticos

Profesores, técnicos y políticos

Este año puede ser el de la dignificación de la política, sin subterfugios, esguinces o disfraces.

15 de enero 2019 , 08:10 p.m.

Despega este 2019 como año electoral, dentro de diez meses se renovará toda la dirigencia política a nivel regional: gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y miembros de las juntas administradoras locales. Como diría el recordado Pepe Fernández Gómez, “se mueve la cosa política”. Por eso, ya se habla otra vez de consultas internas, coaliciones, topes electorales, movimientos políticos, movilización de masas, además de la reforma política, que cubre temas tan importantes como lista cerrada, Senado regional, participación de las mujeres, financiación de campañas, entre tantos otros tópicos.

Este año puede ser el del rescate y la dignificación de la política, sin subterfugios, esguinces o disfraces. A partir de 1991 y probablemente por la corrupción asociada al mal ejercicio de la política, quienes aspiraban a gobernar al país, los departamentos o los municipios o llegar a las corporaciones públicas creyeron que para hacer política tenían que parapetarse en la antipolítica. Es decir, hacer política, pero disfrazados de religiosos, actores, periodistas, ‘técnicos’ y hasta de profesores. En estos años hemos visto a reconocidos profesionales de la política amparándose en siglas como las de la Alianza Social Indígena o de los afrodescendientes. Todo aquel que busca el poder a cualquier nivel hace política. ¿Cuántos alcaldes, gobernadores o parlamentarios no fueron elegidos mostrándose como educadores, sacerdotes indígenas o afrodescendientes habiendo resultado un fracaso absoluto? Obviamente, quien hace política lo que busca es gobernar con sus ideas, su gente y sus aliados.

Ser técnico y no político aparece como garantía de buena gestión y de manejo honrado y eficiente de la cosa pública. No siempre ha sido así. Hemos tenido políticos que son no solamente honestos, sino muy buenos administradores, y técnicos que han sido un fiasco y han terminado hasta cometiendo graves delitos contra el erario. Ahora se habla de un gabinete de técnicos por oposición a lo político. Los ministros, por definición, son órganos de comunicación política entre el Presidente y el Congreso. Muchos de nuestros mejores ministros de Hacienda –Carlos Lleras, Abdón Espinosa o Alfonso Palacio Rudas– no eran economistas; así mismo, hemos tenido muy buenos ministros de Salud que no han sido médicos, siendo el más reciente caso el de Alejandro Gaviria. Así como ha habido buenos ministros de Salud médicos, otros han sido muy malos. Los técnicos deben ser expertos en áreas específicas, no en la fijación de políticas y de grandes derroteros.

Otro ejemplo claro de querer mostrarse como alejado de la política, pero buscando el poder, es el de quienes se presentan como profesores para que no los asocien con la política. Es el caso de dos meritorios políticos que han pasado por muchos cargos de elección, pero que se siguen haciendo llamar ‘profesores’ a pesar de haber abandonado la cátedra hace varios años: Antanas Mockus y Sergio Fajardo.

Revisando nuestra historia política encontré que en el siglo XX hubo muchos profesores que se presentaron como políticos sin remordimiento alguno y no se parapetaron en su condición de docentes para hacerse perdonar. José Vicente Concha fue presidente de 1914 a 1918, siendo como era un reconocido profesor de derecho penal y de derecho constitucional, pero la gente no se refería a él como el ‘profesor’ sino como el Ministro, Embajador o Presidente. Miguel Abadía Méndez –1926-1930–, siendo jefe del Estado mantuvo su clase de derecho constitucional en el Rosario y la Nacional, pero como político, y no se presentó como profesor. Igual hicieron Carlos Lleras Restrepo –profesor de hacienda pública y rector del Gimnasio Moderno– y Alfonso López Michelsen, reconocido maestro de derecho constitucional en la Universidad Nacional. El último caso fue el del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado, asesinado cuando salía de dictar clase en la U. Sergio Arboleda, pero quien siempre se presentó como lo que fue: un gran político de ideas.

Ese puede ser un propósito nacional: rescatar la política para que nadie necesite disfrazarse.

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