Los ‘juicios’ políticos

Los ‘juicios’ políticos

Si lo de Trump ocurriera aquí, les hubiera sido fácil a los demócratas comprar votos republicanos.

11 de febrero 2020 , 08:34 p.m.

En el sonado 'impeachment' al presidente Trump no hubo, porque no cabían, sorpresas. Aun cuando se habla de “juicios”, en realidad solo son confrontaciones puramente políticas entre quienes apoyan y quienes critican al que en Colombia suele llamarse “aforado”.

Allá y aquí, hablar de funciones ‘judiciales’ del Congreso implica una contradicción en los términos. Los parlamentarios no tienen la formación ni la mentalidad de jueces. En este caso, el remedo de juicio fue tanto que se sometió a votación el hecho de llamar, o no, a los testigos.

El resultado fue milimétricamente exacto. Los 4 votos de mayoría republicana en el Senado se reflejaron al concluir el ‘juicio’. Algunos comentaristas llegaron a decir que bastaba con que 4 republicanos se ‘voltearan’ para que Trump saliera condenado, despedido del cargo y arruinado en su carrera política. Parecería que pensaban no en la política norteamericana –donde sí hay partidos que actúan monolíticamente–, sino en la colombiana, donde es usual ‘torcer’ mayorías con puestos, canonjías o contratos.

Dos ejemplos de nuestra picaresca política. El primero, reiterado por el profesor y pensador Benjamín Ardila Duarte, cuenta que en 1930 el liberalismo gana la presidencia con Olaya, poniendo fin a 45 años de hegemonía conservadora, pero no consigue las mayorías en el Congreso. El mandatario busca voltear a unos conservadores y lo logra con el llamado ‘romanismo’. Y cuando le dan el positivo resultado, solo dice: “Qué traidores tan leales...”.

En 1998 pasó lo mismo, pero al revés. Horacio Serpa pierde la presidencia con Andrés Pastrana –con la ayuda de los liberales agrupados bajo el nombre de Cambio Radical, paradójicamente reunidos en el Teatro La Comedia–, pero el liberalismo conserva amplia mayoría en el Congreso y por ello el derecho a presidirlo.

Con los mismos ‘volteados’, Pastrana invierte la mayoría sonsacando a varios senadores, y el 20 de julio se posesiona el conservador Fabio Valencia.

Si lo de Trump ocurriera en Colombia, les hubiera sido fácil a los demócratas –con cupos indicativos o manejo de regalías– comprarse algunos votos republicanos... pero hoy estaría defenestrado.

Lo que muestra este sistema es que los ‘juicios políticos’ en los congresos y en régimen presidencial son todo menos procesos de verdad, donde se analicen desapasionadamente las pruebas de cargo y de descargo.

En el siglo, XX por ejemplo, no se juzgó a Ospina Pérez por cerrar el Congreso en 1949 con falsos pretextos. Al comienzo, el juicio contra Rojas Pinilla prosperó porque lo adelantaron sus enemigos políticos del Frente Nacional. Otra cosa hubiere pasado si el Congreso hubiese sido anapista. Años después lo absolvió la Corte Suprema –por el delito menor de contrabando de reses, no por abusos de poder–, y en 1967 el Tribunal Superior de Bogotá lo rehabilitó en sus derechos políticos.

Si nos atenemos al irrecusable testimonio del ‘Tigrillo’ Noriega, ministro de Gobierno, por fraude en las elecciones de 1970 se le arrebató el triunfo, hecho del cual surgió el M-19 bajo el lema ‘Con el pueblo, con las armas, con María Eugenia al poder...’.

En 1996, cuando Samper fue acusado –por supuesta pasividad ante el probado ingreso de dineros del cartel de Cali a su campaña–, la preclusión la votaron sus amigos políticos. Y el pedido de seguir el juicio ante el Senado, por sus enemigos. En las dos posiciones no contaban las pruebas ni la justicia, sino la política.

Hasta la Corte terció: su Sala Penal abrió investigación a quienes habían votado a favor de Samper y se abstuvo de hacerlo contra quienes habían votado en contra. La Corte Constitucional, por tutela de Viviane Morales, investigada, con ponencia de Carlos Gaviria acabó con la investigación argumentando, válidamente, la inviolabilidad del voto parlamentario.

Si en Colombia se quiere acabar con esa impunidad política –fuente de muchas otras–, habría que terminar con la farsa de juicios políticos ante el Senado. Y si el tema es político, lo indicado sería primero reconstruir partidos, abriéndole así paso a un régimen parlamentario.

Alfonso Gómez Méndez

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