Galán en Bogotá

Galán en Bogotá

No abandonará la nave de la alcaldía por los cantos de sirena de una candidatura presidencial.

15 de octubre 2019 , 07:08 p.m.

Como la más reciente historia política del país ha estado determinada en gran parte por cuanto ocurre en Bogotá, muchas cosas pueden recordarse y proyectarse a propósito de la próxima elección de su alcalde.

Bajo el centralismo político de la Carta de 1886, el gobernador de Cundinamarca nombraba al alcalde capitalino. El gran líder popular Jorge Eliécer Gaitán –cuyo asesinato partió en dos la historia del país en el siglo XX y agudizó la violencia partidista– irónicamente debió renunciar a la alcaldía por una huelga de taxistas a quienes quería uniformar.

Algunos alcaldes, nombrados luego por el presidente, dejaron huella, y otros pasaron sin pena ni gloria. Entre los primeros estuvieron Fernando Mazuera –construyó los puentes de la 26– y Virgilio Barco –alcalde en el mandato Lleras Restrepo–, quien sentó las bases para modernizar la ciudad con gran visión de futuro.

A diferencia de lo ocurrido después, él no buscó la alcaldía como trampolín ni como premio de consolación por las derrotas en otras aspiraciones, y tal vez por eso, 18 años después de salir del Palacio Liévano fue elegido presidente.

Es seguro que no se atravesará a continuar muchas de las obras que deja Peñalosa

Desde 1988, ya en vigencia la elección popular de alcaldes, en Bogotá los ha habido buenos, regulares y malos: Juan Martín Caicedo, gran alcalde, por una injusticia luego enmendada por la Corte Suprema, no pudo terminar su período. Jaime Castro, elegido por el liberalismo, organizó la administración y acabó con la vagabundería de los concejales sentados en las juntas directivas. Antanas Mockus –elegido tras salir de la Nacional por el episodio de la bajada de pantalones– hizo buena gestión, pero se fue antes de tiempo en busca de la presidencia, usando diversas camisetas, como la de los indígenas.

Aún falta saber si las tres alcaldías llamadas de ‘izquierda’ sí lo fueron ideológica y políticamente: Lucho Garzón –carismático líder sindical, sin tacha moral– cogobernó con las fuerzas políticas y tuvo a un descendiente de Ospina Pérez como segundo de a bordo. Samuel Moreno compartió las múltiples fallas de su gestión con concejales de todos los partidos.

Cuando existía liberalismo de verdad, su principal bastión era la capital de la república. Con el paréntesis de la Anapo, Carlos Lleras primero y Luis Carlos Galán después tuvieron las mayorías en el Concejo cuando sus integrantes no recibían sueldo ni prebendas ni se disputaban contratos a dentelladas.

Prominentes liberales prestaron un servicio a su partido desde allí, como Abdón Espinosa, Fernando Hinestrosa y el propio Luis Carlos Galán, y también respetables voceros de la izquierda democrática como Carlos Bula.

Será bien difícil que con el sistema actual se pueda pensar en un concejo admirable, como antes, dado que por la dispersión partidista en una urbe de más de 10 millones de habitantes, cualquiera llega a ser concejal con menos de 20.000 votos.

Para la alcaldía puede ser distinto, dada la respetabilidad de los cuatro candidatos en contienda.

Sin embargo, creo que Carlos Fernando Galán es quien más le conviene a la ciudad, dadas su sólida formación política, su experiencia administrativa, su compromiso con la ciudad y porque no lanzó su candidatura por ‘carambola’ ni como premio de consolación frente al fracaso en aspiraciones de otro orden. Conoce la política. Conoce la ciudad. Conoce la gente. Llegó al Concejo con la mayor votación y fue elegido como mejor concejal. No tiene compromisos partidistas, si bien debiera moderar su discurso ‘antipolítico’.

Con él tenemos la certeza de que no abandonará antes de tiempo la nave de la alcaldía por los cantos de sirena de una candidatura presidencial. Es seguro que no se atravesará a continuar muchas de las obras que deja Peñalosa. Su estatura moral está fuera de toda duda, y ni siquiera alcanzan a rozarlo los ataques personales de baja catadura que comenzaron a lanzarle en esta última etapa del proceso electoral.

No nací en Bogotá, pero mucho le debo a esta ciudad que me acogió y donde nacieron mis hijos y mis nietos. Como tolimense, bogotano por adopción, pido a la colonia residente en la capital que apoyemos a Galán, quien será, sin duda, un gran burgomaestre para la capital.

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