El presidente Duque frente a la minga

El presidente Duque frente a la minga

No se le puede pedir al jefe del Estado que acuda a dialogar en medio de los bloqueos.

02 de abril 2019 , 07:00 p.m.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, entre nosotros no se ha aclimatado mucho la protesta social pacífica de los ciudadanos para defender intereses legítimos o simplemente para expresar la oposición a un gobierno o a una política de Estado.

Probablemente, dos factores influyeron para que eso no fuera posible: de un lado, el Frente Nacional, que, si bien permitió acabar la sangrienta y absurda violencia liberal-conservadora, limitó la vida democrática a la militancia entre los partidos tradicionales, excluyendo otras formas de participación; y del otro, la existencia de la guerrilla que llevó a hacer creer, torpemente, que toda manifestación de oposición al régimen era un respaldo a la subversión armada.

El Presidente podría reforzar el equipo de gobierno con unos validadores expertos en el manejo de temas sociales.

Hubo, sí, durante esa segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, ‘paros nacionales’ relativamente de larga duración –en especial de los maestros–, siendo el más sonado el de la marcha de 1965 encabezada por Adalberto Carvajal, hoy respetado abogado laboralista, contra el gobierno de Valencia, y el de organizaciones campesinas y obreras.

Un sector del sindicalismo afecto a una rama del conservatismo estimuló el paro del 14 de septiembre de 1977, con saldo de muertos y desórdenes, durante la administración López Michelsen. Varios gobiernos recientes han manejado imprudentemente las ‘marchas cocaleras’ y las protestas de los indígenas. Las luchas de estos, particularmente en el Cauca y el Tolima, han sido relativamente frecuentes, desde las movilizaciones de Quintín Lame hasta su muerte solitaria y triste en el municipio de Ortega.

Las actuales protestas de la minga, que comienzan a tener consecuencias desastrosas –ya van varios miembros de la Fuerza Pública muertos o heridos–, y las millonarias pérdidas económicas e incomodidad para los ciudadanos por la parálisis en la vital vía Panamericana, en cierta forma son el resultado de incumplimiento de promesas anteriores.

Son legítimos los reclamos por la tierra y por el abandono estatal. Tiene sentido que la población indígena –muchas veces explotada políticamente por avivatos, entre otras razones para conseguir avales– exprese su desconfianza frente a un establecimiento que poco se ha ocupado de sus necesidades. Parecería que de nada ha servido la norma constitucional que define a Colombia como una nación multiétnica y multicultural.

Lo que no es legítimo es recurrir a las vías de hecho, llevándose de calle los derechos de otros a la libre circulación, a la salud, a la alimentación y a la vida. Hay quienes quieren sacarles provecho político a las protestas.

La única salida tiene que ser el diálogo sensato, pues nadie puede estar pensando en la locura de una solución de fuerza. Es preciso encontrar salidas. El gobernador del Tolima, Óscar Barreto, sus funcionarios y las autoridades departamentales de policía acaban de dar el ejemplo: conversando con los indígenas en Natagaima, impidieron manifestaciones y cierres de vías. Y, en todo caso, no se le puede pedir, ni mucho menos exigir, al jefe del Estado que acuda a dialogar en medio de los bloqueos.

El Presidente podría reforzar el equipo de gobierno con unos validadores expertos en el manejo de temas sociales, como líderes sindicales, o, incluso, acudir a la propia Iglesia católica o a la Comisión de Paz del Congreso. No estaría mal pedir ayuda a políticos que en el pasado reciente se valieron del aval de los indígenas para aspirar o hacerse elegir a la presidencia, vicepresidencia, gobernaciones o alcaldías, tales como Sergio Fajardo, Clara López y Antanas Mockus. Se pondría así a prueba su real conexión con esas causas sociales.

Es una muestra de oportunismo que integrantes de anteriores gobiernos a quienes les quedó grande la solución del problema indígena ahora pretendan achacarle toda la culpa de tan delicada situación al actual.

El presidente Duque les podría responder con una conocida canción interpretada por el popular cantante tolimense Óscar Agudelo: “A mí me estás cobrando tu pasado, a mí que solo fui tu redentor...”.

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