El irrespeto a la institucionalidad

El irrespeto a la institucionalidad

Haber generalizado el tema de la corrupción sirvió de catalizador para el surgimiento del chavismo.

29 de enero 2019 , 07:00 p.m.

Sobre la dramática situación política y social de Venezuela se ha dicho y escrito prácticamente todo lo vivido y padecido en una larga estela de abusos, arbitrariedades, dictadura desenmascarada, persecución a opositores políticos, crueles payasadas de sus “gobernantes”, opresión, violación descarada de derechos humanos, caudillismo mesiánico de un ignorante, hambre, muerte y desolación, desintegración familiar, éxodo poblacional nunca antes conocido, despilfarro de sus enormes riquezas en las manos corruptas de criminales asentados cínicamente en los altos niveles del poder, entre otras tantas... pero, casi nada se ha dicho sobre las causas de ese proceso que llevó a nuestra hermana república a tal degradación.

Es verdad que en el curso de su historia Venezuela ha padecido muchos años –quizás con apego a la famosa reflexión surgida en la Colonia de que Quito era un convento; Bogotá, una universidad; y Caracas, un cuartel– bajo el yugo de dictaduras militares. Por cierto, el domingo pasado El Espectador publicó una crónica sobre la caída del penúltimo dictador, Marcos Pérez Jiménez, en 1958. Curiosamente, durante los 60 y 70 –sombrío periodo para América Latina, cuando proliferaron los regímenes de facto– solo Venezuela y Colombia fueron ajenas al poder de los cuarteles y mantuvieron un sistema de elecciones democráticas.

Al igual que en Colombia, tras la caída de Pérez Jiménez allá y de Rojas Pinilla aquí, el bipartidismo –Acción Democrática y Democracia Cristiana– dominó la vida política, no siempre con los mejores resultados en términos de resolución de los conflictos derivados de la desigualdad y en transparencia política. Si bien hubo algunos avances, además aprovechando la bonanza petrolera, los venezolanos concebían su régimen como absolutamente corrupto, en buena parte gracias a la partidocracia.

Haber generalizado el tema de la corrupción, sin precisiones, sin funcionamiento pleno del Estado de derecho y sus instituciones, sirvió de catalizador para el surgimiento del chavismo. Se estigmatizó el ejercicio mismo de la política por causa de acciones corruptas individuales, y los partidos no tuvieron los correctivos adecuados. Se abrió paso entonces la tesis de que como todos eran malos, como todos los políticos eran corruptos, lo mejor era pensar en ‘antipolíticos’ no contaminados y acabar con el régimen de los partidos en general.

Por eso tuvo cierta aceptación la tentativa de golpe del coronel Chávez contra Carlos Andrés Pérez, luego de los ‘cacerolazos’ de 1989, cuando en determinado momento en las encuestas sobre favoritismos presidenciales aparecía en primer lugar la bella ex miss universo Irene Sáenz. También por eso, y con apoyo casi generalizado, el antiguo coronel golpista fue elegido y reelegido democráticamente con las consecuencias que ahora todos, incluidos algunos de sus antiguos militantes, lamentan. Acabar con los partidos políticos –antes que intentar reformarlos y rejuvenecerlos– por cuenta de la corrupción es el mejor camino para el aventurismo político.

Aquí, con la mejor intención, la Constitución del 91 sentó las bases para que se acabaran los partidos y florecieran los ‘antipolíticos’ que se disfrazan para hacerse elegir. Y el generalizado discurso anticorrupción, que lleva a los ciudadanos a la creencia de que todo político es ‘corrupto’ –sin siquiera precisar qué se entiende por corrupción– y al facilísimo de buscar aplausos limitándose al socorrido “combatiré la corrupción”, sin probar conocimiento del Estado y de la historia, es otra vía, a menudo inadvertida, para caer en los populismos de izquierda o de derecha.
Mucho deberíamos aprender de la dolorosa experiencia de Venezuela, por el desprecio a lo institucional.

Libro de Álvaro Tirado Mejía

Excelente aporte para entender el valor de la Historia y cómo los partidos pueden enderezar el rumbo de una nación es el estupendo libro de Álvaro Tirado Mejía Aspectos políticos del primer gobierno de Alfonso López Pumarejo 1934-1938, pulcramente editado por la UN. Debería ser obligada lectura para los neoantipolíticos.

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