Las palabras y la política

Las palabras y la política

Lo que hoy vemos no son candidatos ni de centro ni de izquierda ni de derecha, sino personalismos.

01 de diciembre 2020 , 09:25 p. m.

A propósito del prematuro comienzo del proceso de sucesión presidencial, vuelven a oírse expresiones como ‘polarización’, centro, izquierda, centroizquierda, derecha o centroderecha, como si en realidad el país estuviera dividido por concepciones atadas a esas definiciones, a menudo citadas de manera general solo para eludir la discusión política y filosófica.

Es muy fácil repetir como loros que a Colombia le hace daño la ‘polarización’, entendida como algo dañino. Pero en las controversias políticas no tiene por qué asustarnos ese término, esencial en la actividad partidista, al paso que el unanimismo no es propiamente algo que pueda facilitar la vida democrática. Precisamente, los partidos políticos son la vía para canalizar los inevitables conflictos en el manejo de la sociedad y el Estado. Así funcionan, donde hay partidos, las democracias maduras. Lo que ocurre es que, sobre todo a partir del 91 y con el auge del incesante voltearepismo, prácticamente terminamos con los partidos y hoy lo que tenemos son fábricas de avales, huecas de contenido ideológico, o personalismos alrededor de los cuales surgen las divisiones.

Y es ahí –no sobre las ideas– donde se da la tal ‘polarización’ por insultos, irrespetos, descalificaciones y aun denuncias penales, llevando las peleas personales a los estrados judiciales. Y lo peor es que el pueblo ya no les cree, pues, tras insultarse hasta rabiar, días o meses después están de nuevo abrazándose como si nada hubiera ocurrido. Esa es la ‘polarización’ que debe evitarse, y sobre todo la que se canaliza a través de la lucha armada. Mucho avanzaríamos si volviéramos a un sistema democrático de partidos.

Los conceptos de centro, izquierda o derecha deberían girar en torno a los grandes temas del Estado. Habría que preguntar a sus promotores si conocen plenamente la Constitución Política (CP) y en qué difieren: ¿Acaso sobre el Estado social de derecho? ¿O sobre la democracia directa y participativa? ¿O sobre la supremacía de la CP? ¿O sobre la preeminencia de los derechos inalienables? ¿O sobre la diversidad étnica y cultural de la nación? ¿O sobre la soberanía popular? ¿O sobre el respeto a la soberanía nacional como base de las relaciones exteriores? ¿O sobre la protección de las libertades públicas? ¿Acaso los partidarios de una u otra tendencia difieren sobre el manejo de la seguridad social o del régimen pensional? ¿O sobre lo esencial o fundamental de acuerdo con el concepto del inglés Harold Laski acerca de la propiedad privada?

Desde 1936, la CP contempla la protección de la iniciativa privada compatible con el concepto de que la dirección general de la economía está a cargo del Estado y que este puede intervenir en la producción, distribución y consumo de la riqueza. ¿Acaso quién está hablando de acabar con la propiedad privada? ¿O de acudir a los hoy desgastados instrumentos de expropiación o nacionalización? Si se lee bien la CP vigente, se observa que en materia económica se sustenta en los postulados de la socialdemocracia, del respeto a la propiedad privada, a la economía social de mercado, al combate de la pobreza y a la equitativa distribución de la riqueza.

¿Quién ha planteado desde el centro, la izquierda o la derecha alejarse de esos principios constitucionales? ¿Quién se opone a la protección del medio ambiente o de los recursos naturales?

Por fortuna, entonces, ¿ser de centro significa no tomar partido frente a estos temas cruciales ya definidos en una CP que quienquiera sea el elegido debe jurar que respetará? Un gran daño que hizo a esta nación la lucha armada fue haber identificado toda reivindicación popular con la lucha subversiva. Por una mala asociación se dijo que la guerrilla era la extrema izquierda y el paramilitarismo, la extrema derecha.

En realidad eran solo organizaciones armadas al margen de la ley. Tal vez por eso, Colombia fue el único país de la región donde no prosperaron partidos de izquierda democrática, pues los satanizaban asociándolos con una guerrilla con razón odiada por el pueblo.

En síntesis, lo que hoy vemos no son candidatos ni de centro ni de izquierda ni de derecha, sino personalismos casi siempre adornados con lugares comunes del argot político.

Alfonso Gómez Méndez

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