Proteger la vida del fiscal ‘anticorrupción’

Proteger la vida del fiscal ‘anticorrupción’

El Gobierno no puede permitir que quienes temen que Moreno ‘abra la boca’ terminen matándolo.

05 de enero 2021 , 09:25 p. m.

“Muchos pasaron de agache en el ‘cartel de la toga’ ”. Con esa frase de Gustavo Moreno, exfiscal anticorrupción, se titulaba el angustioso y revelador reportaje que la Unidad Investigativa de este diario le hizo a final del año a quien fue en su momento uno de los hombres más poderosos del ente acusador. No puede echarse en saco roto, en vísperas de su traslado a una cárcel común, lo dicho por el antiguo funcionario hoy caído en desgracia por su confesa participación en actos de corrupción judicial al más alto nivel.

Gustavo Moreno pasó de ser elogiado por magistrados, académicos, periodistas y, sobre todo, políticos de amplia figuración a ser extraditado, condenado por la justicia americana y, posteriormente, deportado a Colombia para cumplir la pena que le fue impuesta por la Corte Suprema. Ese mismo hombre que pasó del cielo al infierno sostiene ahora, con mucha razón, que su vida corre peligro al ser trasladado del búnker de la Fiscalía a la cárcel La Modelo. Moreno, en anunciado acuerdo con la justicia, ha dicho que contará toda la verdad del llamado ‘cartel de la toga’. El Gobierno no puede permitir que quienes temen que Gustavo Moreno ‘abra la boca’ terminen matándolo en un centro de reclusión común y corriente.

Según él, todavía no están todos los que son. Su denuncia está llena de amenazas veladas y contundentes frases como “hay manos oscuras cercanas a ellos (a los exmagistrados ya procesados) que hoy están en el poder, incluso en el mismo Ministerio de Justicia y en el Congreso”. Continúa Moreno: “El proceso de extradición frenó las declaraciones, pero yo no estoy en el tapen tapen. Muchos han pasado de agache y saben que si la Fiscalía, la Comisión de Acusación o cualquier ente como la Procuraduría están interesados en indagar los actos de corrupción de las cabezas de los órganos de administración de justicia (léase la magnitud de la acusación), no pueden quedar impunes ni pueden asesinar a alguien que está colaborando”.

Y termina con un acto de contrición: “Las amistades corrompen, las personas que fueron mis profesores, que yo admiraba, que deseaba imitarlos. Creé ese círculo y me corrompí, lo hice y me arrepiento...”.

Hasta hace unos años, Gustavo Moreno Rivera, según algunos relatos de medios, era un abogado joven, estudioso, acucioso, inquieto y ambicioso, que quiso escalar al lado de algunos de sus profesores de la Universidad Libre, entre ellos Leonidas Bustos.

Saltó al ‘estrellato’ cuando escribió un libro contra la práctica de los ‘falsos testigos’ que pronto se convirtió en la biblia para muchos encopetados acusados por corrupción o paramilitarismo. El libro fue ‘presentado en sociedad’ en Bogotá y Cartagena, en actos a los que concurrieron encumbrados políticos, magistrados, congresistas y periodistas.

Aparejadas a la fama, le sonrieron la fortuna y altísimas conexiones sociales y políticas. Entre otras entidades, fue simultáneamente contratista de la Fiscalía y de la Comisión de Acusación y, como él dice, contertulio de las “cabezas” del Poder Judicial de entonces. Eso sí, ahora que está detenido, nadie lo conoce. Aun cuando muchos están temblando por sus anuncios de delatarlos.

Es claro que Moreno no fue el artífice, sino una pieza –y no la más importante– de ese llamado ‘cartel de la toga’ que tanto daño le ha hecho a la credibilidad del sistema de justicia. No fue él quien corrompió a las altas cortes. Todo parecería indicar que, si bien terminó convertido en un corrupto, también fue utilizado.

Si, como lo promete, él está dispuesto a contar “la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad” sobre tan oscuros episodios que vinculan a los protagonistas del Poder Judicial y de la política, el Estado no podría hacerse el de la vista gorda. La vida de Moreno está en peligro. Eso es una realidad. Si en verdad se tiene la voluntad de luchar contra la corrupción, proteger al exfuncionario y facilitar su testimonio debe ser la prioridad. El Gobierno, la Fiscalía y la Procuraduría –que ya tomó cartas en el asunto– deben garantizarle al país que nada va a pasarle al condenado exfiscal anticorrupción para que, como lo anuncia, le cumpla al país contando todo lo que sabe.

Alfonso Gómez Méndez

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