¿Democracia participativa?

¿Democracia participativa?

Casi 30 años después, varios instrumentos de participación siguen siendo letra muerta en la CP.

20 de octubre 2020 , 09:25 p. m.

Uno de los objetivos del proceso constituyente de 1991 fue profundizar la democracia para pasar de la representativa a la participativa. En efecto, en la anterior Constitución (CP) casi la única oportunidad que tenían los ciudadanos para participar en la integración de los órganos del poder y en la orientación política del país eran las elecciones, cada cuatro años, de presidente, congresistas, diputados y, desde 1988, alcaldes municipales.

Se trataba, claro, de una concepción restringida de la democracia. Por eso, a nivel nacional y local, se abrieron caminos como la constituyente, el plebiscito, el referendo, las consultas populares y la revocatoria del mandato de algunos funcionarios de elección popular.

Casi 30 años después, y no obstante la sana intención de los constituyentes, buena parte de esos instrumentos de participación se ha quedado en el papel. Una de las razones puede ser que la ley estatutaria que desarrolló la CP en esta materia estableció una serie de requisitos que dificultan su ejercicio.

Las revocatorias han fracasado casi siempre que se ha tratado de ponerlas en práctica.

Ante unos casos de corrupción en la Cámara de Representantes, Andrés Pastrana quiso embarcarse en la revocatoria del Congreso. Horacio Serpa le salió al paso y desde Bucaramanga propuso la revocatoria del mandato presidencial, con lo que alejó el fantasma de ambas revocatorias, y el asunto acabó ahí.

El plebiscito –consulta al pueblo sobre una gestión o una política– solo lo utilizó el presidente Santos –con malos resultados para él– en octubre de 2016, para validar popularmente los acuerdos de paz de La Habana y poner fin al conflicto armado con la guerrilla de las Farc. No obstante su denodado empeño en realizarlo, el propio Santos reconoce hoy que pudo haber incurrido en un error de cálculo político, y no faltan quienes por el resultado cuestionan la legitimidad del proceso de paz.

El único ‘plebiscito’ exitoso –en realidad un referendo, pues se trató de la aprobación de un texto jurídico– fue el de 1957, que con las instituciones del Frente Nacional –con todo y sus trabas democráticas, como la paridad– puso fin a la violencia liberal-conservadora en un gran pacto de impunidad política y penal.

Las consultas –sin ser masivas– han funcionado de alguna manera, sobre todo a nivel local, en temas como la defensa del medio ambiente y del agua frente a proyectos de explotación de recursos petroleros y mineros.

La llamada ‘consulta anticorrupción’, que a un altísimo costo solo sirvió como una plataforma política en más del 90 %, se limitó a repetir normas constitucionales y legales que ya regían para combatir la corrupción administrativa, pese a que una habilísima campaña mediática hiciera creer lo contrario. Y ni siquiera así se aprobó.

Algo parecido ha ocurrido con el referendo, que consiste en someter un texto jurídico a la aprobación del pueblo. Solo fue exitoso el de 1957, que se vendió como plebiscito.

Cuando, en plena luna de miel con la opinión y el Parlamento, Álvaro Uribe quiso sacar adelante un referendo sobre temas como el tamaño del Congreso, las contralorías regionales y el Consejo de la Judicatura, solo una de las 20 preguntas planteadas superó el umbral. Ahora el propio Uribe vuelve a proponerlo con la misma temática, además de aspectos judiciales y temas sociales. Roy Barreras lo sugiere para incluir la revocatoria del mandato del Presidente, situación no prevista en la CP.

Sin duda, ellos saben que ahora no hay tiempo para hacerlo, pero que les puede ser útil para conseguir apoyo a sus causas políticas.

¿No será este el momento de flexibilizar esos mecanismos de participación para que no sigan siendo letra muerta en la CP?

Germán Bula Hoyos

Muy sensible el fallecimiento de Germán Bula Hoyos, gran jefe liberal de reconocido prestigio personal y político cuando teníamos partidos y estos, ideario propio. Ministro, curtido parlamentario y presidente del Congreso, tuvo decidida participación en los procesos de paz. Con Edmundo López, Miguel Escobar y otros, formó parte de una clase política notable en Córdoba, su tierra. Con trayectorias como la suya, las nuevas generaciones deben saber que la política no siempre fue como la ven hoy.

Alfonso Gómez Méndez

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