¿2020, año y década de la política?

¿2020, año y década de la política?

El país no puede seguir en continuada campaña política, perniciosa práctica hoy en pleno furor.

14 de enero 2020 , 07:43 p.m.

Hace un siglo, a comienzos de 1920, el presidente Marco Fidel Suárez, filólogo y filósofo antioqueño de origen humilde y probada honestidad, fue obligado a renunciar por haber vendido anticipadamente la nómina de su sueldo ante la carencia de recursos económicos. Un joven de hoy no entendería que eso haya ocurrido, cuando en el pasado reciente se ha visto que otros mandatarios de igual rango han sido además ¡exitosos hombres de negocios!

Terminada la guerra de los Mil Días, con el nombre de republicanismo, como un Frente Nacional, se instauró una hegemonía conservadora cuyo orden sucesoral lo disponía el arzobispo primado. Desde 1885, el liberalismo había sido perseguido y desterrado de la administración pública. Sin embargo, en esa misma década y tras la Convención de Ibagué de 1922, al año siguiente se creó la Universidad Libre. Gaitán hizo el debate sobre la masacre de las bananeras en 1928, bajo el gobierno conservador de Abadía Méndez, quien, además, era profesor –título que no usaba para ocultar su militancia política, como ocurre hoy–, y se acabó la hegemonía, entre otras razones por la gran depresión económica, la citada masacre, la represión contra los estudiantes y la indecisión del arzobispo frente a los dos candidatos conservadores.

Un siglo después, este 2020 puede ser el año de la política, y la década podría tener mejores noticias para el país que la correspondiente de la centuria pasada. Y lograrse, por fin, la verdadera reforma política y electoral.

Urge diseñar instrumentos idóneos para evitar las campañas disimuladas con mucha antelación, que burlan topes establecidos en esa materia

Si de veras se quiere cambiar la política, serían varias las cosas por hacer. Para fortalecer los partidos políticos hay que perderle el miedo a la lista cerrada, complementándola con mecanismos democráticos en las colectividades para evitar el ‘bolígrafo’; de lo contrario seguiremos con las costosas microempresas electorales, que tanto han encarecido las campañas políticas, reconocida fuente de corrupción administrativa.

En igual dirección, debe enmendarse el error de la circunscripción nacional para Senado, que, fuera de contribuir –y de qué manera– al florecimiento del ‘partido de los contratistas’, ha dejado sin representación en esa Cámara a la ‘otra media Colombia’. Podría pensarse en ella solo para representación de las minorías políticas.

Se precisa encontrar la forma de que el país no viva en ¡permanente campaña política! Estas no deberían pasar de 3 meses. También urge diseñar instrumentos idóneos para evitar las campañas disimuladas con mucha antelación, que burlan topes establecidos en esa materia.

El país no puede seguir en continuada campaña política, perniciosa práctica hoy en pleno furor. Sin cumplir año y medio en su cargo, ya han surgido, con participación de los medios, toda clase de candidatos y ‘autocandidatos’ a suceder al presidente Duque.

Así como en la Costa se dice que ‘el mango está bajito’ cuando alguien cree que algo parece fácil de alcanzar, prácticamente de todos los recién retirados –muchos con éxitos administrativos– de gobernaciones y alcaldías comienza a decirse que serán candidatos presidenciales. Así, habría que pensar en la presidencia plural para que en el 2022 pudieran ser elegidos ¡por lo menos 10 presidentes! ¿No es mejor dejar gobernar a Duque sin someterlo a un prematuro proceso de sucesión, dado que, a diferencia de lo ocurrido en los años 20 de la pasada centuria, ya no hay fila india hacia la presidencia, aun cuando uno que otro ‘indio’ quiera estar ahí?

Aparte, hay que hacer la reforma electoral limitada a los aspectos técnicos y de pureza del sufragio, para que no se hunda, como ha ocurrido cuando se la asocia con temas netamente políticos. La tarea, entonces, radica en expedir el nuevo código electoral en reemplazo de la legislación vigente desde mucho antes de promulgada la nueva constitución.

Yesid Castaño González

A finales del pasado año falleció Yesid Castaño González, economista, hacendista, hombre público y servidor estatal sin tacha en entidades como la Gobernación del Tolima y la Aeronáutica Civil. Muchos tolimenses despedimos en la ceremonia fúnebre a ese gran liberal, aventajado discípulo del cofrade Palacio Rudas.

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.