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‘Temporada de huracanes’

‘Temporada de huracanes’

Son doscientos veinte páginas, que no paran de correr por una nube de personajes marginales.

17 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Fernanda Melchor corrió riesgos y labró una novela sostenida en el ritmo y un lenguaje exacerbado; no es fácil entremezclar los personajes y los hechos con acierto y la medida del vértigo, pues se requiere de una estructura basada en el oficio y una gran sensibilidad; lo poético está en la misma dimensión de lo coloquial: “Órale, pinche mayate, o te caes con los cacles o te lleva la verga”, o “reconocieron al fin lo que asomaba sobre la espuma amarilla del agua: el rostro podrido de un muerto entre los juncos y las bolsas plásticas que el viento empujaba desde la carretera, la máscara prieta que bullía en una miríada de culebras, y sonreía”. La trama se mueve en un mundo elemental, en el cual la supervivencia es el pan amargo y azaroso de cada jornada. Todo comienza con el asesinato de una bruja, hija de otra bruja, que al parecer fue engendrada por el diablo, en la ranchería La Matosa.

Existe de fondo un imaginario popular, con sus mitos y supercherías. Son doscientos veinte páginas, que no paran de correr, de sorprendernos por una nube de personajes marginales: Yesenia, fea y enjuta, “la única que tenía un cabello primoroso que le caía sobre los hombros como una cortina de seda”; Luismi, una sombra vagabunda, un candelabro apagado en sí mismo, que se enamora de Nora, sin saber que está embarazada de su padrastro, y Chavela, la madre de este hijo de la chingada, una ramera fría y calculadora, le ayuda a abortar con un horrible menjurje surtido por la bruja. O el sarnoso de Brando, extraviado en su identidad sexual. Aunque la mayor parte del relato está contado por un narrador omnisciente, a veces la autora mexicana con una sutileza hiriente pasa a primera persona, que permite otros matices, como oír sus voces profundas y alocadas.

Esta novela desvirtúa la premisa de ciertos editores ibéricos, que consideran local una historia ocurrida en un pueblo feroz del estado de Guerrero, pero no la acaecida en Málaga. Temporada de huracanes, ha sido traducida a más de quince idiomas, por su atrevimiento y una terminología nativa que narra las pasiones más recónditas de los seres humanos. La parte final es frenética. Se avecina la temporada de huracanes, y ya, los huracanes interiores han arrasado vidas, como dice el gran sepulturero: “Para allá tienen que irse, para allá está la salida de este agujero”.

ALFONSO CARVAJAL

(Lea todas las columnas de Alfonso Carvajal en EL TIEMPO, aquí)

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