Sociedad anónima

Sociedad anónima

Con López Lamadrid se cierra un ciclo que encarna el mundo secreto de los editores.

08 de febrero 2019 , 07:24 p.m.

Los editores manejan un escaso perfil, y sus determinaciones son casi secretos de Estado. Es el caso de Gordon Lish, el primer editor de Raymond Carver, más conocido como el ‘capitán ficción’ en el mundo secreto de las letras. Lish, al talento de Carver, le dio ese aire de austeridad, de economía del lenguaje que lo llevó a crear un estilo minimalista. Fue el editor de De qué hablamos cuando hablamos de amor, y se considera coautor del género ‘realismo sucio’, adjudicado a Carver. Lish no les agregó nada a los textos, literalmente los limpió.

Hay una película sobre Thomas Wolfe, Pasión por las letras, cuyo protagonista es el editor Max Perkins, interpretado por el actor Colin Firth. Fue también editor de Hemingway y Scott Fitzgerald. Wolfe era frenético y su creatividad, desbordante. Escribía miles de páginas, y Perkins captó su talento, lo entendió como ser humano y escritor; le ayudó a redondear con cincel El ángel que nos mira y Del tiempo y el río, entre otras novelas.

En Colombia ha sido significativo José Vicente Katarain, que con la Oveja Negra publicó casi todos los autores importantes del siglo XX en nuestro país, y su colección de literatura latinoamericana nutrió el gusto de miles de lectores. Fue el primer editor colombiano de Gabriel García Márquez y realizó tirajes de cien mil ejemplares, algo inusual en nuestro medio. Quiero destacar también a Ricardo Alonso, recientemente fallecido, y su editorial Diente de León, que ideó y publicó la Biblioteca del Río, en la cual se dio luz a relatos acaecidos en las riberas del río de La Magdalena. Con la novela digital Mandala, de la escritora Alejandra Jaramillo Morales, obtuvo el segundo lugar en el Congreso del Libro Electrónico de Barbastro (España).

Ante la reciente muerte de Claudio López Lamadrid, director editorial de Penguin Random House, en España, se fue uno de los editores más integrales de las últimas décadas. Visionario, con una aguda interpretación entre lo artístico y lo comercial; gracias a él, autores como Roth, Coetzee, Cormac McCarthy, Denis Johnson fueron visibilizados en el mundo de habla hispana. Editor de García Márquez en su último periplo, del prolífico César Aira, le apostó a António Lobo Antunes, un escritor alejado de los cantos de sirena de nuestra época. Con López Lamadrid se cierra un ciclo que encarna la sociedad anónima de los editores.

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