La sed del ojo

La sed del ojo

Lo trascendente del relato es la reflexión sobre el erotismo, la pornografía y el arte.

01 de marzo 2019 , 07:00 p.m.

La ópera prima de Pablo Montoya, La sed del ojo, que reeditó Penguin Random House, se puede denominar un thriller sofisticado; su virtud va más allá de la pesquisa policial, cuando el investigador Pierre Madeleine está tras la pista de Auguste Belloc, autor de unas fotografías de origen ‘pecaminoso’. La anécdota sirve para contar una historia, pero lo trascendente es la reflexión sobre el erotismo, la pornografía y el arte. Este relato nos recuerda la prohibición de algunos poemas de Las flores del mal, de Baudelaire, que fue perseguido judicialmente por atentar contra la moral pública.

A través de las voces de Madeleine, Belloc y del médico Chaussende, un buscador infatigable de la belleza, un exquisito glotón del arte musical y pictórico, el autor arma el rompecabezas, enriquecido por el juego polifónico, y da al lector el placer de que participe activamente, pues en asuntos de la sexualidad todos hemos bebido de su fuente.

Madeleine, ambiguo entre la moral y la ley, se introduce, gracias a su relación con la señorita Juliette Pirraux, en laberintos de “pezones fructuosos” y pubis fantasmales, que recrean esta naciente industria en los crepúsculos del siglo XIX. En un fragmento prodigioso asistimos a la afeitada de la vagina de Juliette, donde puede más la sed del ojo que una acción física. Belloc diserta sobre las mujeres de los pintores, más irreales, más cerca del mito, y trae a colación la Venus de Velázquez, o alguna odalisca de Ingres; en cambio, la fotografía hace a la mujer más real, y tiene un nombre: Elodie, Julie, Christine, y una sensualidad corporal que “hace parte de la historia de nuestros días”. En un daguerrotipo de Goin, una mujer desnuda exhibe un collar con un crucifijo, creando “una piedad impúdica”, y Belloc advierte que las modelos son rameras: “Estas putas solo confirman el erotismo presente en la historia del Nazareno con María Magdalena”. Chaussende, que cree como Ovidio que el amor se debe regir por el arte, piensa que esas fotografías edifican una nueva sensibilidad, efímera como toda expresión que intente plasmar la belleza. Con el relato de Montoya, que incorpora 43 láminas eróticas, algunas de Belloc, la historia pareciera repetirse, ya que una tienda virtual censuró el libro. El cuerpo y el deseo siguen en la mira de una mentalidad pacata, porque considera que tales desnudeces “propagan el extravío”.

Sal de la rutina

Más de Alfonso Carvajal

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.