La nana de Cuarón

La nana de Cuarón

Roma es un vibrante homenaje a su nana Liboria Rodríguez, de origen mixteca.

11 de enero 2019 , 08:46 p.m.

Yo también tuve nana, la negra Rosa, oriunda del barrio Olaya Herrera, en la periferia lastimada de Cartagena. Le decía a mi mamá la niña Rosi, y recuerdo su cariño infinito, sus brazos robustos y cálidos protegiéndome del áspero mundo; sus cuidados, como enterrarme en la playa hasta la cintura para fortalecer la motricidad inferior o darme bollo de yuca con suero y hacerme feliz. Una química del amor, ni más ni menos. Volví a encontrar a Rosa Palacios de adulto en la Heroica, una mañana soleada, y no olvido su abrazo de constrictora amorosa, su sabiduría de segunda madre.

También rememoro a Mam-my, la nana de Scarlett O’Hara, la protagonista de Lo que el viento se llevó, quien conocía sus caprichos y secretos y la acompañó en la fatalidad de la guerra civil estadounidense, interpretada por Hattie McDaniel: la primera actriz afroamericana en recibir un Óscar. La nana significa ‘nodriza que se encarga de los niños de una familia’. En su forma más romántica y entrañable, es otra madre.

Más allá de si es en blanco y negro, de su estreno promocional en Netflix, o si a veces es muy lenta, Roma, de Alfonso Cuarón, es un vibrante homenaje a su nana Liboria Rodríguez, de origen mixteca, papel interpretado por la increíble Yalitza Aparicio. La lucidez de Cuarón en esta película es, por un lado, sentimental y, por el otro, artística. Al ser una mirada autobiográfica de una porción de su infancia, Cuarón cedió el protagonismo a la nana, un ser rupestre e inocente, en el sentido más voluminoso del término, decisión que le permitió crear un fresco cinematográfico que en su conjunto deja un hondo fragor en el espectador. Si algo deslumbra en esta experiencia visual, además de una fotografía bella y milimétrica, es la sutileza, el silencio de la nana, su vida anónima pero vital en el engranaje familiar.

Hay dos momentos de un calado trágico magistral: uno, cuando la nana salva a la niña de la familia de las olas furiosas del mar, pues el blanco y negro intensifica la angustia; y el otro, la muerte de la criatura que lleva en sus entrañas en un fallido parto, que expresan la dimensión humana y la sensibilidad del director mexicano. No es una película cualquiera; allí, Cuarón expuso la fibra de su talento, arriesgó por una cinta más cerca del cine arte que del comercial, visibilizó una época alrededor de un ser sencillo en todo su esplendor.

Empodera tu conocimiento

Más de Alfonso Carvajal

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.