Secciones
Síguenos en:
Inanición

Inanición

Me enteré de que millones de personas mueren en el mundo por esta anomalía de salud pública.

19 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

Los veía arrumados en el piso, junto a sus mejores amigos, dos gozques fortachos y perezosos, sobre una pared o un banco de madera en una calle empedrada y peatonal de La Candelaria, muy cerca de la casa esquinera donde pasó algunas jornadas Policarpa Salavarrieta, ahí en la calle décima con carrera segunda.

(También le puede interesar: 'Voces en primera línea')

Un par de ancianos canosos, casi gemelos, embutidos en ruanas, brillaba la humildad en sus rostros acres y raídos atuendos, con unas tacitas de plástico aguardaban la conmiseración del prójimo, que recuerdan al cuadro Viejo mendigo, del pintor peruano Manuel Adrianzen; seguramente venían de arriba, de El Guavio, Las Lomas o El Rocío Alto, donde las casas se tragan la montaña; estacionados bajo la lluvia o un sol canicular, levantando con dificultad el alimento terrestre. Se ignora el peregrinaje que cada uno lleva por dentro. Hacían parte de un paisaje impenetrable; eran pinceladas como todos en cualquier Babel contemporánea.

Uno tenía el rostro más animoso, el otro era su sombra. Los dejé de ver un tiempo. Alguna mañana me encontré al más taciturno, no pude evitar preguntarle por el compañero de aventuras, lloró como un anticipado sentido pésame: "Pedro Antonio era mi hermano mayor –clamó–, se fue de inanición"; el dolor de uno es el dolor de todos, pensé. Arribaron a Bogotá en 1968 de Guateque, un pueblo de origen chibcha, en el suroccidente de Boyacá, donde la tierra da maíz, lentejas y cubios. En sus últimos tiempos, me contó Pedro Alfonso, alternaban el reciclaje con la limosna, pues ya estaban muy cansados para cargar las sobras de la sociedad, entonces lo más cómodo era pedir y recibir. Un oficio de resignación, incierto y muchas veces inútil.

Pedro Alfonso sobrevivió y lo acompañan Lucas y Negrito, pero el vacío de Pedro Antonio es inconmensurable. Nunca había oído tan rotunda la palabra inanición, que en buen castellano significa: "Extrema debilidad física provocada por la falta de alimento, ausencia de energía para hacer las acciones diarias". Me enteré de que millones de personas mueren en el mundo por esta anomalía de salud pública. De un día para otro, Pedro Antonio perdió el apetito de vivir. Duró así dos meses, lo último que recibió fue un trozo de queso con bocadillo; Pedro Alfonso aguarda algún azar, en medio de la crueldad intrínseca de las calles, y recuerda que antes de partir le dijo "tengo sueño" y no despertó.

ALFONSO CARVAJAL

(Lea todas las columnas de Alfonso Carvajal en EL TIEMPO, aquí)

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.